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Porquería

un blog de Guillermo Fadanelli

Flores negras

Mi dilema es un viejo dilema y no me pertenece del todo: me siento a escribir esta nota con la conciencia de que pierdo mi tiempo de un modo descarado. No le encuentro sentido a escribir en un diario acerca de literatura o arte cuando en el ambiente común se respira un aire de odio y desesperanza. Las miserias comunes, esas que según Rousseau unen a las personas y permiten estrechar los lazos humanos, aumentan en el presente hasta un punto en el que casi anulan las posibilidades de la creación. No recuerdo haber vivido antes una sensación tan intensa de inutilidad. Se me dirá que el mejor momento para que un escritor saque partido de la realidad es justo cuando las desgracias suceden, pero eso no me convence. En todo caso quiero que las desgracias me sucedan a mí, no a los demás.
Qué cómodo sería sentarse, como pintor de alameda, a esperar que el mundo desfile ante mis ojos, pero no es este mi caso. Los otros no nos dejarán en paz mientras sean desgraciados, de ninguna manera tendremos tanta suerte.

Desde hace cuatro décadas escucho decir a los presidentes que debemos apretarnos el cinturón para soportar una nueva crisis (la metáfora del cinturón es esclarecedora y sugerente pues el cinturón podría apretarse en la cintura o en el cuello, según las circunstancias). A estas declaraciones siguen reacciones de protesta, nace un oso panda y se publican libros donde se exponen las causas de la miseria. Varios años más tarde vuelve a representarse la misma comedia, escena por escena y es entonces cuando nos damos cuenta de que el tiempo no transcurre en lo concerniente a la evolución de las cosas comunes. Es curioso que uno se quede calvo, se consuma por una enfermedad o pierda a sus amigos mientras que la corrupción política siempre se mantiene joven.

Un escritor es en la actualidad un ser bastante extraño: escribe, al menos eso está claro, pero no tiene compromisos que le sean impuestos por una sociedad o una época. Él mismo se impone sus tareas y consume su vida intentando cumplirlas. Esto parece ser un asunto rebasado en las sociedades modernas y liberales: el asunto del escritor o el artista comprometido. Estamos hartos de esa querella un tanto ridícula. Y, sin embargo, el desasosiego regresa no en forma de la pregunta “¿Tiene el escritor o el artista un compromiso con su comunidad?”, sino en la forma de un predicamento íntimo que pone en entredicho el valor común de sus obras. En otras palabras: ¿para qué escribir novelas si cada palabra que aparece viene muerta? Y es así porque las obras “nacen” precisamente en un espacio común que está tan muerto que no es capaz de imaginar soluciones a sus problemas de justicia más agobiantes.

Si las décadas se suceden y las crisis económicas y de justicia continúan, es que los fundamentos o cimientos no funcionan. Hasta un niño podría señalar en qué consisten los abusos y las causas de un estado de cosas semejante. La confianza en el otro está destruida de pies a cabeza y mientras ese lazo no sea restablecido, la tribu o la comunidad estará continuamente derrumbándose. Es una tarea utópica: en el caso de México son muchos países dentro de uno que no existe. Los políticos o empresarios voraces no renunciarán a sus prebendas y por lo tanto nunca comenzarán a trabajar realmente. Es también desalentador presenciar tantas muertes inútiles que se producen con el supuesto fin de hacer respetar las leyes cuando es notorio que las normas a respetar son idiotas o ideales en el peor sentido del término. Los vicios cruzan las paredes a su antojo: ¿que nadie ha enseñado a los gobernantes esta sencilla regla de vida?

El desánimo crece en ambas direcciones: hacia lo exterior en forma de fracaso social y hacia lo interior en conciencia de arte muerto. Justo así nació la tradición romántica en las artes: la decepción que provocó en tantas personas el presenciar que tras las revoluciones o el anuncio de una nueva época la miseria política continuaba. ¿pero a quién puede importarle una definición en este momento? A nadie. Si tantas obras dedicadas a la realización de la buena convivencia humana han servido para tan poco (desde Séneca hasta Habermas, desde Rousseau hasta Rawls, desde Iván Illich hasta Octavio Paz), ¿qué pueden hacer unas pataletas escritas en un diario de un país que no es país?
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11:57 a. m.

De repente me da la sensación de que escribiste el post bajo el supuesto de que toda la gente es igual de indignada que tú (o que yo), es desilusionante ver gente que vive "feliz" con un sistema como el nuestro, y hablo de gente de todos los estratos, de todos los estados, de todos lados...    



4:45 p. m.

Hay muchas cosas que aún valen la pena como para disfrutarlas un par de segundos...pero siempre desaparecerán después de todo.    



4:48 p. m.

Sino tuviéramos la más mínima esperanza de un mundo mejor, no estaríamos escribiendo, ni hablando.. no estaríamos vivos siquiera. O no deberíamos.    



12:50 a. m.

querida nesa tone quien esta hablando de un mundo? Mexico se esta pudriendo cada dia mas su putrido olor ya alcanza a todos y esto es gracias a esta clase tan ignorante y vulgar que se dicen llamar nuestros"representantes", y si queda algo de optimismo se va en un kilo de carne o en un litro de leche.    



5:51 a. m.

¿y para qué escribir después de tanto escribir? para el acervo, ¿escribir para los demás? será mejor escribir para uno.    



1:31 p. m.

Esta entrada de tu blog tuvo un efecto haikú para mí. Vislumbré una cima nueva. Acabó por un segundo el agobio de la rutina mental. Su general, su mandamás: la conciencia, huyó. Nuestra existencia, nuestros temores, nuestra felicidad, toda esa perorata mental que resumimos en algun pronombre personal es resultado de las circunstancias. Mi sufrimiento, aunque sea una disciplina individual,necesariamente tiene un consuelo para los demás. Una pregunta por mí, no es más, que una pregunta por el mundo. No es una bagatela, ni divigación, ni diletantismo.    



9:48 a. m.

¿qué pueden hacer unas pataletas escritas en un diario de un país que no es país?
Es el segundo post que leo de usted,
y me han parecido bastante interesantes,
este en especial creo entenderlo porque me he sentido en esa misma encrucijada,
como artista plástico, varios de mis trabajos poesías e imágenes están orientados a señalar mi descontento con los acontecimientos no gratos de estos tiempos, no me conformo con el "así nos toco vivir", creo en el cambio,
a veces me atrapa la engañosa idea de que ser cronista de mi tiempo,
es una ficticia ilusión y no servirá en nada mi señalamiento ,
que en la realidad como usted dice, es que las situaciones siguen igual o peor.
Pero es que uno crea a partir de sus propias experiencias
no puedo solamente crear disfrutando la belleza de las flores, sin tomar en cuenta que se están regando con sangre, porque seria un arte muerto, pero si dedico solo a ver el origen de esa sangre, siento ahogar mi impulso creativo en un mar de frustración, intento un equilibrio, pienso que el crear esas pataletas y exponerlas en su tiempo es un acto de honestidad consigo mismo , porque habrá alguna tal-vez no la mía, pero alguna que cause algún efecto y sirva para desencadenar un cambio positivo , creo que lo importante es que todos estemos presentes en nuestro ahora, con la mejor intención y con plena conciencia,
no con mirada de indiferencia.    



1:36 a. m.

Lo único que México me ha enseñado es que las cosas siempre pueden ir peor, me siento orgulloso de mi país en este bicentenario.    



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