<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948</id><updated>2011-09-28T14:42:14.962-05:00</updated><title type='text'>Porquería</title><subtitle type='html'>un blog de Guillermo Fadanelli</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>65</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-4306005367326188657</id><published>2009-08-31T05:55:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:56:46.837-05:00</updated><title type='text'>Entrevista</title><content type='html'>&lt;object width="445" height="364"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/BZRpmwDwlFM&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;border=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/BZRpmwDwlFM&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;border=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="445" height="364"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-4306005367326188657?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/4306005367326188657/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=4306005367326188657' title='24 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/4306005367326188657'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/4306005367326188657'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/08/entrevista.html' title='Entrevista'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-8650011612405888857</id><published>2009-08-31T04:59:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:00:16.858-05:00</updated><title type='text'>Tacaños</title><content type='html'>Si el dinero marcha hacia el norte yo camino hacia el sur y si va hacia oriente me toma caminando en sentido contrario. Nada más no coincidimos. La cuestión es que mi sentido económico es tan torpe como el avestruz que quiere levantar el vuelo. La verdad es que no le encuentro gracia a acumular bienes y siempre que puedo reparto todo lo que me cae en las manos. Es un defecto personal y espero que mis amigos se enemisten conmigo antes de morirme porque en caso contrario les tocará pagar mi ataúd. En fin, quienes no poseen nada se pueden dar el lujo de ser generosos.&lt;br /&gt;Esto de vivir con lo más mínimo es una obsesión que me acosa desde siempre. Como no tengo talento para ganar más de la cuenta entonces me invento una filosofía de acuerdo con mi condición. La tacañería es uno de los defectos más odiosos de las personas porque tarde o temprano termina contaminando todos sus actos. Los gestos de estreñimiento que los tacaños hacen a la hora de pagar la cuenta muestran que se les ha podrido el alma. Todo el placer que provoca una buena conversación se va a la coladera justo en ese momento. La simpatía se corrompe cuando el que tiene dinero se muestra reacio a ser generoso. Y, sin embargo, qué ingenuidad pensar que puede ser de otra manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los argumentos que usan los tacaños para escatimar su dinero suelen ser patéticos y desmesurados. No me imagino a qué clase de felicidad se hallan condenados si su roñería les impide caminar en el mundo con ligereza. El malestar que me provoca su presencia crece con los días y en mi personal bitácora de valores la tacañería se halla en el mismo nivel que la deslealtad. Aún así me gustaría hacer una excepción con la gente pobre. No sé si existan tacaños pobres, pero en caso de que así sea están perdonados de antemano. Tienen derecho a defender con los dientes lo poco que tienen y cicatear para ellos es más bien un acto de desesperación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los codos son tan viles que pueden compartir una mesa con personas pobres y comer y beber opíparamente sin ningún remordimiento, cada moneda invertida en su satisfacción les provoca un dolor placentero, una felicidad incompleta y áspera. El tacaño visita poco el excusado e incluso esos momentos de liberación le causan un inmenso desasosiego. Su estómago es una caja fuerte y sus intestinos son estrechos y congestionados. Es un sistema cerrado perfecto: todo va hacia sí mismo. El tacaño del alma transmite un sentimiento de miseria que incluso poco tiene que ver con lo económico, es más una sensación de desaliento y asco al mismo tiempo. La vida para estos seres no es derrochar, sino acumular: pelea más que perdida cuando llega la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que una persona pueda meter en su cuenta de banco miles de millones de pesos de manera legal no es digno de admiración, sino sólo una muestra de que las leyes están mal hechas. Lo que sería motivo de admiración es que devolvieran ese dinero, pero el millonario es tacaño por constitución y sus acciones filantrópicas no son más que cortinas de humo para disimular su inmenso botín. En su particular sistema decimal la generosidad, la mesura y el saber vivir en común están desterrados. Es éste un caso especial de tacañería por omisión. Que admiremos a una persona porque aparece en una lista de millonarios importantes es un símbolo de primitivismo y en lo personal me causa desconsuelo y un enorme desaliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso ridículo está representado por el tacaño que se convence a sí mismo de que no lo es. Se ha acostumbrado a su parquedad y posee extrañas concepciones de justicia. Está en guerra contra los otros porque ve en ellos enemigos potenciales, ladrones, vividores, ratas que roerán su estómago (su bóveda bancaria) y lo dejarán desnudo. Es curioso que se use el término disparar como sinónimo de invitar. Cuando el tacaño dispara, en realidad quiere asesinar a su invitado. Uno de los escritores más derrochadores y generosos que han existido nunca, Joseph Roth, bromeaba cuando la gente le preguntaba por qué razón se había convertido al catolicismo siendo un viejo. Decía que su decisión era parte de una estrategia: prefería que con su muerte fueran los católicos y no los judíos quienes perdieran a un adepto. Y así fue.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-8650011612405888857?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/45449.html' title='Tacaños'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/8650011612405888857/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=8650011612405888857' title='32 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/8650011612405888857'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/8650011612405888857'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/08/tacanos.html' title='Tacaños'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>32</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-5443691091635692914</id><published>2009-08-24T05:07:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:08:08.057-05:00</updated><title type='text'>Flores negras</title><content type='html'>Mi dilema es un viejo dilema y no me pertenece del todo: me siento a escribir esta nota con la conciencia de que pierdo mi tiempo de un modo descarado. No le encuentro sentido a escribir en un diario acerca de literatura o arte cuando en el ambiente común se respira un aire de odio y desesperanza. Las miserias comunes, esas que según Rousseau unen a las personas y permiten estrechar los lazos humanos, aumentan en el presente hasta un punto en el que casi anulan las posibilidades de la creación. No recuerdo haber vivido antes una sensación tan intensa de inutilidad. Se me dirá que el mejor momento para que un escritor saque partido de la realidad es justo cuando las desgracias suceden, pero eso no me convence. En todo caso quiero que las desgracias me sucedan a mí, no a los demás.&lt;br /&gt;Qué cómodo sería sentarse, como pintor de alameda, a esperar que el mundo desfile ante mis ojos, pero no es este mi caso. Los otros no nos dejarán en paz mientras sean desgraciados, de ninguna manera tendremos tanta suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde hace cuatro décadas escucho decir a los presidentes que debemos apretarnos el cinturón para soportar una nueva crisis (la metáfora del cinturón es esclarecedora y sugerente pues el cinturón podría apretarse en la cintura o en el cuello, según las circunstancias). A estas declaraciones siguen reacciones de protesta, nace un oso panda y se publican libros donde se exponen las causas de la miseria. Varios años más tarde vuelve a representarse la misma comedia, escena por escena y es entonces cuando nos damos cuenta de que el tiempo no transcurre en lo concerniente a la evolución de las cosas comunes. Es curioso que uno se quede calvo, se consuma por una enfermedad o pierda a sus amigos mientras que la corrupción política siempre se mantiene joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un escritor es en la actualidad un ser bastante extraño: escribe, al menos eso está claro, pero no tiene compromisos que le sean impuestos por una sociedad o una época. Él mismo se impone sus tareas y consume su vida intentando cumplirlas. Esto parece ser un asunto rebasado en las sociedades modernas y liberales: el asunto del escritor o el artista comprometido. Estamos hartos de esa querella un tanto ridícula. Y, sin embargo, el desasosiego regresa no en forma de la pregunta “¿Tiene el escritor o el artista un compromiso con su comunidad?”, sino en la forma de un predicamento íntimo que pone en entredicho el valor común de sus obras. En otras palabras: ¿para qué escribir novelas si cada palabra que aparece viene muerta? Y es así porque las obras “nacen” precisamente en un espacio común que está tan muerto que no es capaz de imaginar soluciones a sus problemas de justicia más agobiantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si las décadas se suceden y las crisis económicas y de justicia continúan, es que los fundamentos o cimientos no funcionan. Hasta un niño podría señalar en qué consisten los abusos y las causas de un estado de cosas semejante. La confianza en el otro está destruida de pies a cabeza y mientras ese lazo no sea restablecido, la tribu o la comunidad estará continuamente derrumbándose. Es una tarea utópica: en el caso de México son muchos países dentro de uno que no existe. Los políticos o empresarios voraces no renunciarán a sus prebendas y por lo tanto nunca comenzarán a trabajar realmente. Es también desalentador presenciar tantas muertes inútiles que se producen con el supuesto fin de hacer respetar las leyes cuando es notorio que las normas a respetar son idiotas o ideales en el peor sentido del término. Los vicios cruzan las paredes a su antojo: ¿que nadie ha enseñado a los gobernantes esta sencilla regla de vida?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El desánimo crece en ambas direcciones: hacia lo exterior en forma de fracaso social y hacia lo interior en conciencia de arte muerto. Justo así nació la tradición romántica en las artes: la decepción que provocó en tantas personas el presenciar que tras las revoluciones o el anuncio de una nueva época la miseria política continuaba. ¿pero a quién puede importarle una definición en este momento? A nadie. Si tantas obras dedicadas a la realización de la buena convivencia humana han servido para tan poco (desde Séneca hasta Habermas, desde Rousseau hasta Rawls, desde Iván Illich hasta Octavio Paz), ¿qué pueden hacer unas pataletas escritas en un diario de un país que no es país?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-5443691091635692914?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/45364.html' title='Flores negras'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/5443691091635692914/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=5443691091635692914' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/5443691091635692914'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/5443691091635692914'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/08/flores-negras.html' title='Flores negras'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-6010195538746654255</id><published>2009-08-17T05:07:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:07:35.474-05:00</updated><title type='text'>¿Sentido común?</title><content type='html'>Hace décadas, cuando estudiaba ingeniería, me dio clases un profesor mal encarado y de aspecto temible. Tenía tan mala fama que la única persona que decidió inscribirse a su curso de diseño estructural fui yo, nada menos. Lo hice porque la escuela me aburría hasta el tuétano y de ningún modo me perdería la oportunidad de conocer a un ser interesante (sucede tan pocas veces en la vida). No transcurrieron demasiadas clases antes de que me percatara por qué los alumnos huían de este profesor como si transmitiera la peste: era un hombre a quien le interesaba pensar. Para él no pasaba inadvertido su descrédito entre los alumnos, aunque parecía no prestarles demasiada importancia. Se mofaba de ellos a la menor oportunidad y afirmaba que en el transcurso de la carrera estos alumnos perderían el sentido común. Es probable que, como Schopenhauer, mi profesor considerara simios a los alumnos que se resistían a sus clases, pero no creo que su opinión haya sido exagerada pues la experiencia nos dice que un buen número de personas involucionan entre más estudios o dinero acumulan. &lt;br /&gt;   Renuncio a señalar en qué consiste tener sentido común o si es posible siquiera hablar de su existencia (quien esté interesado puede volver a Castiglione o a Juan Bautista Vico). El sentido común languidece cuando conocemos a seres humanos tan distintos entre sí que incluso las marcadas diferencias entre un rinoceronte y una oruga se antojan salvables. No sé cómo definir un concepto tan importante, pero sí diré que en la medida de lo posible hago todo lo que está en mis manos para vivir tranquilo. Cuando observo en las avenidas de la ciudad rodar a esas imponentes camionetas blindadas no puedo dejar de pensar que dentro viaja un insecto que ha picado a más de uno. Espero no ofender a nadie, más de lo que ofenden a simple vista estos vehículos atroces que se ostentan como emblema de poder y debilidad a un mismo tiempo. ¿Lo hacen para defenderse de los criminales? Esta es una de las respuestas más tontas e inconsistentes que he escuchado en mi vida. No sólo porque agazapados dentro de sus tanquetas (rodeados de escoltas que en potencia son secuestradores) los hombres acaudalados despiertan una atención desmesurada, sino porque si en realidad desearan vivir tranquilos renunciarían a sumar una densa hilera de ceros a sus cuentas bancarias. Del mismo modo que los alumnos de ingeniería a quienes fustigaba mi profesor, los “seres pudientes” arrojan el sentido común a la letrina apenas comienzan a ganar más dinero del que se necesita para dormir en paz. La sabiduría práctica o la prudencia no acompañan a estas ridículas manifestaciones de poder. Y un día, cuando menos se lo esperen.&lt;br /&gt;     No quisiera meterme en terrenos de economía o comentar las parábolas que los hombres de negocios usan para justificarse (la somnolencia acabaría conmigo), ni comentar sobre los límites que debería imponerse el individuo que se considere a sí mismo libre. Aún así no puedo dejar de señalar la presencia, en la comunidad mexicana, de un sentido común cada vez más atrofiado. Es una paradoja que sean los grandes empresarios quienes encabecen movimientos sociales para reclamar protección a sus fortunas. Me imagino a una comadreja exhortando a las gallinas en una asamblea para oponerse a la depredación. ¿En qué momento la prudencia se esfumó de la vida en común? ¿Se fue una madrugada cuando todos dormíamos? Sé que mis vecinos me detestan a causa de mi antipatía, mi mal humor, mi arrogancia y mis pocos deseos de convivir con ellos, pero no van a intentar envenenarme y se han resignado a verme transitar por los pasillos. Si además de todos mis visibles defectos me convirtiera en millonario de la noche a la mañana lo mejor sería tapiar la puerta de mi casa y armarme en espera de una agresión, pues dudo mucho que los vecinos soportaran semejante afrenta. Si al menos fuera guapo. &lt;br /&gt;    Concluyo: el problema de ser el único alumno en mi antiguo curso de diseño estructural es que cuando me ausentaba de clases, mi profesor se quedaba sin hablar con nadie. Se paseaba por el pasillo del edificio principal en la Facultad de Ingeniería mirando de reojo las aulas repletas donde otros profesores impartían cátedra. Se le notaba un hombre liberado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-6010195538746654255?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/45269.html' title='¿Sentido común?'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/6010195538746654255/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=6010195538746654255' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/6010195538746654255'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/6010195538746654255'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/08/sentido-comun.html' title='¿Sentido común?'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-2945107029535091997</id><published>2009-08-10T05:06:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:07:04.361-05:00</updated><title type='text'>¿Polémicas?</title><content type='html'>¿Qué caso tiene vencer en una discusión? Ninguno, acaso aumentarle un poco de peso a la vanidad. Porque si la única meta de la discusión es poner de rodillas a nuestro oponente entonces la conducta más sabia es retirarse de la mesa.&lt;br /&gt;Sobra decir que después de una buena conversación uno se fortalece pues ha tenido oportunidad de asomarse a la vida moral de otra persona. Esto casi nunca sucede porque los oídos sordos son moneda común en estos días en que la "polémica" suele ser tan bien considerada. Una de las causas de esta sordera epidémica es el idealismo: un hombre quiere defender a toda costa sus principios aunque para eso tenga que valerse de crímenes o mentiras (cada vez que un hombre defiende sus ideales hasta las últimas consecuencias alguien sale lastimado). No me opongo a que para vivir con cierto orden o realizar sus proyectos las personas acumulen principios, pero de eso a poner cemento en sus oídos existe todo un abismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quiero hacerme el importante, pero creo poder reconocer a quienes en una discusión lo único que persiguen es recolectar adeptos o imponer sus opiniones. Y no les importa lo sutil o ingenioso de tus argumentos, a sus ojos sólo eres un aspirante a ser convertido, a formar parte de su ejército. Incluso creo ser capaz de reconocerlos cuando se disfrazan de seres tolerantes y comprensivos (son los peores). En opinión de algunos filósofos nuestros juicios éticos se reducen a lo siguiente: primero tenemos intuiciones y después intentamos imponerlas a quienes no poseen esas mismas intuiciones. Estoy seguro de que al leer este artículo más de uno ha pensado en esos religiosos que, libro divino en mano, van los domingos por la mañana tocando puertas para sepultar bajo el peso de sus teorías a los inocentes. Es verdad, aunque no se debe perder el sentido del humor en este caso. Recuerdo a una tía mía que se hallaba tan sola como un ornitorrinco y solía prepararse a conciencia cada domingo para recibir la visita de los evangelistas. Apenas abría la puerta los invitaba a pasar a su sala, les ofrecía limonada o galletas y en seguida comenzaba a discutir con ellos y a contradecirlos. Como después de varias horas ninguna de las posiciones cedía, los predicadores se marchaban exhaustos, pero orgullosos de haber intentado conducir a esa pobre vieja por el camino del bien. ¡Qué manera de prodigarse compañía! Fue una tragedia que después de un año los predicadores perdieran la paciencia y corrieran el rumor entre sus camaradas de que en esa casa no se hacía otra cosa que perder el tiempo. La tía volvió a quedarse sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gracia que me causan los predicadores no es de ninguna manera una falta de respeto hacia ellos. En cambio, los políticos y servidores públicos que fingen escuchar a las personas únicamente con el propósito de ganarse su confianza y esquilmarlos me parecen repugnantes. ¿Alguien conoce a uno? En tierra de sordos es comprensible que pasen montones de años y las polémicas que deberían propiciar bienestar y acuerdos causen justamente lo contrario. En fin, no añadiré más palabras a la desgracia y me concentraré por ahora en los celos. Los celos son cruciales para entender estos asuntos de la sordera. La conciencia de ser engañado no acepta lógica ni argumentos. El celoso escucha sólo lo que quiere escuchar y el desasosiego que le causa la traición imaginaria no le permite actuar con propiedad. Las palabras del traidor suenan siempre sospechosas. Yo he tenido miles de discusiones acerca de estas cuestiones (imaginen lo que deseen) y sé que los oídos del celoso están hechos de piedra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si en una discusión se concibe al otro como un contrincante al que debe vencerse, ¿a qué horas van a resolverse los problemas comunes? Un polemista que sabe escuchar, dice Richard Rorty, espera que el otro posea mejores ideas que las suyas. No es sencillo: ¿cómo voy a reconocer que una opinión es más acertada que la mía? (en mi caso no hay problema porque cuando me pongo pesimista creo que el otro siempre tiene razón, y me olvido). No existen verdades absolutas, sino acuerdos que se vuelven verdades. Carajo, ahora el que predica soy yo y eso que apenas es lunes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-2945107029535091997?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/45182.html' title='¿Polémicas?'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/2945107029535091997/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=2945107029535091997' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/2945107029535091997'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/2945107029535091997'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/08/polemicas.html' title='¿Polémicas?'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-4050748487869949077</id><published>2009-08-03T05:06:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:06:36.646-05:00</updated><title type='text'>La mala educación</title><content type='html'>Cuando las ideas que deseo expresar me parecen sencillas, más trabajo me cuesta ponerlas en palabras. Un lingüista me dirá: “lo que sucede es que no tienes ideas”. Un escritor me acusará: “lo que pasa es que no tienes palabras”. Ambos tendrán razón a su modo, pero yo permaneceré en la frontera de ambas opiniones y continuaré insistiendo. Se pelea duro en estas cuestiones de hacerse comprender, sobre todo cuando se ha tenido tan mala educación como la mía (no asistí a escuelas importantes y mis grados académicos brillan por su ausencia). Me consuelo pensando que si el hombre común necesitara un doctorado para reconocer una injusticia, entonces la sociedad se haría imposible: no podríamos distinguir entre una tragedia y una comedia.&lt;br /&gt;Mis hermanos tienen ahora el mismo problema que acosó a mis padres cuando éramos niños: sus bolsillos no dan lo suficiente para que sus hijos puedan asistir a una escuela de renombre. Sin embargo, su preocupación es hasta cierto punto secundaria porque la educación no pasa necesariamente por la escuela y en la vida cotidiana uno prefiere a un vecino honrado que a un ladrón con estudios. En ausencia de dinero no tengo más remedio que dar consejos (una pésima costumbre) y persuadir a mis hermanos de que para educar bien a un niño es suficiente con prepararlo para que, desde ahora, no aumente más daños a su comunidad. Y si se desea llevar a cabo una tarea tan extenuante (mucha más compleja que obtener 20 licenciaturas) no está de más seguir unos modestos principios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca olvidaré que antes de entrar a la escuela primaria (en ese tiempo el kínder era una frivolidad y desde mi opinión lo continúa siendo) yo sabía leer y escribir porque mi madre se tomaba un par de horas diarias para ponerme a picar piedra frente un cuaderno. Quien me dio la vida me puso también en el camino de la escritura, es decir me dio armas para intentar comprender el mundo que me rodeaba. Es probable que esa primera enseñanza me llevara en el futuro a convertirme en un autodidacta y a descubrir el hilo negro cientos de veces. No importa, al menos construí sentido desde mi experiencia y me goberné por mis propias reglas. El recuerdo de esa mujer, mi madre, (quien apenas si cursó unos años de escuela) tratando de iniciarme en los misterios del abecedario continúa siendo el fundamento de mis opiniones acerca de la educación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Richard Rorty, un filósofo de quien desconfía tanto la derecha como la izquierda (síntoma de salud), dice que la capacidad que tenemos de sentir compasión por el sufrimiento de los demás se encuentra por encima de la razón o el sentimiento religioso. Si uno le enseña a sus hijos (sigo con el relamido y empalagoso consejo a mis hermanos) a tener obligaciones frente a otras personas, a respetarlas, a no hacerlas sufrir y a respaldarlas cuando busquen deshacerse de los tiranos, entonces se puede estar seguro de que se ha caminado mucho más lejos que cuando se gastan fortunas para procurarles una educación “privilegiada”. Leer libros de buenos escritores, usar racionalmente la tecnología, hacerse de una conciencia ecológica, alejarse de la televisión abierta cuya programación es un insulto a la buena convivencia, intentar pensar por uno mismo, comprender que no existen verdades definitivas e intentar ser generoso con los más débiles, son los cimientos de una educación real para la que no se requiere más inversión que sensibilidad e intuición civil. Y para ayudarme un poco en esta perorata (el autodidacta nunca está seguro de lo que dice) citaré las palabras de un santo políglota que tiene muchos adeptos, George Steiner: “Ser culto requiere mucho más que erudición y elocuencia. Más que ninguna otra cosa significa cortesía y respeto. La cultura, como el amor, no posee la capacidad de exigir”. He aquí unos sencillos preceptos que podrían servir de guía para quienes no pueden pagar a sus hijos una “buena” educación y que tienen la desgracia de vivir en un país donde la enseñanza escolar pública de nivel básico se halla tan deteriorada. ¿Qué otro camino?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-4050748487869949077?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/45105.html' title='La mala educación'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/4050748487869949077/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=4050748487869949077' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/4050748487869949077'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/4050748487869949077'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/08/la-mala-educacion.html' title='La mala educación'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-577498746730763926</id><published>2009-07-27T05:05:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:06:02.532-05:00</updated><title type='text'>El hombre humilde</title><content type='html'>El hombre humilde que se ve a sí mismo como un cero a la izquierda es el ser que más posibilidades tiene de conocer la bondad y convertirse en un hombre bueno. Esta es la conclusión de una filósofa que ha especulado profundamente acerca de la idea del bien, Iris Murdoch. Me parece una noción sensata, pero me pregunto cuántos hombres humildes he conocido en mi vida y me respondo: “son menos que los ornitorrincos.” En cambio, levantas una piedra y encuentras a un vanidoso que cree que el mundo sería distinto y estaría incompleto sin su presencia. Y estos no son los peores ya que existe una clase de personas aún más detestable: esos que pregonan su humildad cuando en realidad son fantoches envanecidos que intentan darnos lecciones de moral. Mi conclusión es por lo tanto algo diferente a la de Murdoch: si esperamos a que los humildes nos muestren el camino a la bondad estamos fritos.&lt;br /&gt;Cada vez que veo a una mujer hermosa me dan ganas de llorar. Estas no son palabras de un filósofo, sino de un buen amigo expresadas en un momento de sinceridad e iluminación. Es una sensación tan real: la profunda melancolía que despierta una belleza que jamás será poseída. Sentado a la mesa de una terraza veo pasar a mi lado a una joven de piernas tensas y lisas, descubro su sonrisa en apariencia indefensa, su cintura derretida en sus caderas ondulantes y de súbito desvío la mirada e intento desterrar su imagen de mi mente. El sufrimiento es tanto que si tuviera suficiente valor me pondría a llorar como un niño que ha perdido a su madre en la multitud. Sin embargo, me decido por la hipocresía y aguardo a que la sensación de vacuidad se marche y enseguida me dirijo a mí mismo unas palabras de consuelo: la belleza no puede ser poseída, sino sólo contemplada desde el sufrimiento del ser finito. Por supuesto no digo estas tonterías, pero muevo la cabeza en señal de desesperanza y digo: ya viviste lo tuyo (que por cierto es el título de la autobiografía de Anthony Burgess: You´ve Had Your Time).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quisiera hacer una aclaración que viene a cuento: no soy de esa clase de hombres que mira descaradamente a las mujeres o las insulta con piropos obscenos. En una ciudad plagada de criminales urbanos como la nuestra en donde la cobardía es un deporte ampliamente practicado, las mujeres sufren de un acoso constante e incluso han tenido que disimular su belleza para no ser denostadas en la vía pública. Por el contrario, yo intento imaginarme que ellas son fantasmas que mis ojos no pueden reconocer y sólo en contadas ocasiones, cuando es imposible escapar, intercambio con las desconocidas una mirada que de inmediato me hace sentir arrepentido. ¿Me las estoy dando de santo? ¿Les parezco un párroco de pueblo? Es posible, pero como repito a menudo: una buena teoría hace que nuestros actos sean menos idiotas de lo que regularmente son. Y en el caso de las mujeres que mis amigos aman suelo comportarme de una manera mucho más radical. Me convierto en un ser cortés que se suicidaría antes de cometer una fechoría que pusiera en peligro la calma momentánea que permite a los amigos reunirnos en una mesa a charlar y a esperar la muerte con la conciencia de ser queridos. Nada como eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se preguntarán qué tienen que ver los hombres humildes con mis obsesiones personales. Yo también me lo pregunto e intentaré aclarar esta relación: el hombre bueno es el que nos brinda su ausencia, el que desaparece y nos permite caminar libremente. Contra el vanidoso que nos abruma con sus éxitos o el cobarde que persigue y acosa mujeres prefiero al hombre mediocre que no hace daño a nadie y que considera que su presencia casi siempre es innecesaria. Dice Murdoch de los seres humanos que somos animales movidos por la ansiedad de un ego que nos oculta parcialmente el mundo. Y sólo el hombre humilde y sensato podrá a través del amor encontrar una idea del bien que le sea propicia para vivir. No sé si estas palabras me convencen del todo pues a mí no me importa que las personas sean buenas o malas mientras respeten a los demás y hagan lo posible por comportarse como ceros a la izquierda. El hombre cortés, desde mi punto de vista, está por encima del animal bondadoso. La cortesía y la mesura hacen que los hombres sean buenos aunque en el fondo sean bestias. Y eso ya es mucho.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-577498746730763926?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/45028.html' title='El hombre humilde'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/577498746730763926/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=577498746730763926' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/577498746730763926'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/577498746730763926'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/07/el-hombre-humilde.html' title='El hombre humilde'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-6299666617418939176</id><published>2009-07-20T05:10:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:11:33.064-05:00</updated><title type='text'>Persona non grata</title><content type='html'>Las mujeres de mis amigos son un misterio para mí: un enigma que no es sencillo desentrañar. Cierto día de junio espero a un amigo en la cantina para tomarnos un trago y aparece acompañado de una mujer que, según me dice, es su nuevo amor. La cortesía me impide hacer comentarios al respecto e intento comportarme lo más distante posible debido a que descubro en las pupilas de mi amigo una amenaza que en palabras puede traducirse del modo siguiente: “si haces uno de tus estúpidos comentarios acerca de las mujeres, nuestra amistad se acaba”. En ocasiones, las pupilas no amenazan sino que me suplican: “no se te ocurra decir nada comprometedor porque no sabes de lo que esta mujer es capaz”. Mis amigos no tienen razones para preocuparse, ya que trato por todos los medios de ser tan mustio como ellos.&lt;br /&gt;Entre mis tribulaciones más graves se encuentra el hecho de considerar la amistad como la única relación afectiva en verdad humana. Cuando los amores se suicidan o encuentran sus límites muy temprano, me alegra el haber conservado mis amistades a salvo: de lo contrario me marcharía a la tumba con las manos vacías. Ningún sacrificio es suficiente si de conservar a nuestros amigos se trata. Lo primero que un hombre alerta hace a este respecto es desterrar el ánimo competitivo. La rivalidad entre amigos puede ser estimulante o tener sentido humano mientras sea sólo un pasatiempo que no ofenda a quienes queremos. De lo contrario es una patanería más que oscurece el horizonte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresando: cada vez que un amigo me presenta a su nueva amante me pongo a temblar. Sobre todo cuando ella me observa o sopesa mis comentarios con el fin de desaprobarme. En verdad se sufre. No obstante su desprecio, las mujeres no escucharán de mi boca jamás un juicio malvado. Lo que me intimida, en realidad, es ese delicado poder que ellas poseen para reducir a varios de mis amigos a migajas que hasta las palomas hambrientas despreciarían. No aceptaré que mis palabras se malentiendan: conozco la gravedad de una seducción femenina y es cierto que en una situación extrema desollaría a todos mis amigos a cambio de las caricias o la atención de una mujer. Sin embargo, uno debe estar preparado para no llevar a cabo acciones tan injustas: el único atenuante para cometer tamaño disparate (pasar sobre una amistad para ir en pos de la conquista femenina) es que uno se vea envuelto de repente en el laberinto de un amor trágico. Entonces no sólo se merece el perdón, sino la admiración y el pésame. “Todas las grandes pasiones son desesperadas: no tienen ninguna esperanza porque en ese caso no serían pasiones, sino acuerdos, negocios razonables, comercio de insignificancias”, palabras que Sándor Márai ha puesto en boca de uno de sus personajes. Y no las olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son tan pocos los amigos que se comportan de la misma manera estando o no en compañía de una mujer, que suelo considerarlos seres excepcionales. Los respeto porque no sólo creen en el individuo, sino que se esfuerzan en llevar a cabo su propia vida sin necesidad de rendir cuentas a sus grandes amores. En la amistad el individuo hace de la conciencia de la soledad un refugio y un arma pasajera para combatir el tiempo. En cambio, las parejas de amantes o esposos pierden la batalla desde el principio: la suma de ambos es menos que uno. Es indigesto el tono moralista que poseen mis palabras, pero conforme pasan los años creo que es mejor escribir como un viejo irresponsable que como un doctor especialista. Por cierto, a ninguno de los amigos que he perdido le guardo rencor alguno (el tiempo ha jugado contra nosotros).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No he comentado la amistad femenina ni la que se produce entre seres de sexos divergentes porque este es un breve artículo perdido en medio de un millar de hojas, no un tratado acerca de la amistad. Lo que estas notas quieren decir es que son tantos los casos en que tu pareja te vuelve tan vulnerable e insípido, que para conservar un poco de gracia lo mejor sería largarte a vivir a una ermita. Quizás debido a estas opiniones las mujeres de varios amigos me miran con extrema suspicacia y desean cuanto antes verme en el exilio. Yo evito defenderme: cada quien elegirá qué clase de cuerda va a enredarse en el cuello.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-6299666617418939176?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/44944.html' title='Persona non grata'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/6299666617418939176/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=6299666617418939176' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/6299666617418939176'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/6299666617418939176'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/07/persona-non-grata.html' title='Persona non grata'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-4649436598502923216</id><published>2009-07-13T05:11:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:12:07.485-05:00</updated><title type='text'>Arrogante</title><content type='html'>Sesenta años han pasado desde que Robert Walser se quejara de los aburridos ladrillos con que los escritores aterrorizaban a los lectores. Odiaba los ademanes imperiales de la literatura.&lt;br /&gt;No negaré que estas tímidas objeciones me han despertado nostalgia y ternura al mismo tiempo. Al menos en ese entonces la literatura podía hacerse la importante; en cambio hoy los aburridos ladrillos continúan, pero las letras representan sólo uno más entre tantos oficios que se disipan en la confusión de una época marcada por la tecnología y las comunicaciones (es decir, una época de nueva barbarie). Me ha causado curiosidad que en varios círculos la palabra "intelectual" se considere casi un insulto e incluso se use para descalificar la opinión o la calidad moral de una persona. Me parece que esta aversión posee dos aristas evidentes: la primera es que se considera al intelectual un ser que se ubica fuera de la realidad (Y aquel que de leer tiene más uso / De ver letreros sólo esta confuso): es decir, su saber pertenece a un mundo utópico. La segunda causa del encono producido por lo "intelectual" es que en estos tiempos se valora más el actuar que el pensar. Sin duda la aceleración del tiempo histórico nos ha llevado a ser puro movimiento (acción ensimismada e idiota).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hace más de una semana escuché a un renombrado artista visual ufanarse de no leer novelas ni ensayos y decir que sólo prestaba atención a textos relacionados exclusivamente con su oficio. Acto seguido, pasó a disertar acerca de la importancia de las artes usando conceptos (en realidad palabras) que ni él mismo comprendía y opiniones que habrían hecho sonrojar a Kant cuando tenía tres años. No muchos días antes, mientras comía en una cantina, escuché a una persona de la mesa vecina afirmar que los intelectuales eran arrogantes y, por lo tanto, lo más conveniente era hacerles el vacío: desterrarlos. Una vez que sus compañeros asintieron el juicio lapidario continuaron hablando sobre política hasta que horas después estuvieron a punto de llegar a las manos. Sobra decir que su discusión no era más que un conjunto de opiniones sin ningún sustento y expresadas con tanta arrogancia que harían parecer al intelectual más pedante un manso cordero en medio de una manada de lobos. Y me pregunto si no es más arrogante aquel que cree inventar de nuevo el mundo y desprecia a quienes antes que él han pensado y especulado sobre los mismos asuntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Restando unas cuantas penosas excepciones de las que nunca me arrepentiré lo suficiente, hace tiempo que he renunciado a aceptar invitaciones para acudir a la televisión. Me niego a participar en esa caravana de la ignominia porque el individuo se disuelve en aras de la exhibición y porque las personas comienzan a respetarte sólo porque tu espantoso rostro se multiplica en la pantalla como un virus. La televisión cultural —como suele llamársele para acentuar su diferencia—, además de debilitar la imagen del intelectual, es en buena parte provinciana e ingenua ya que se inclina por el saber enciclopédico y desprecia el estímulo reflexivo y la promoción del desorden intelectual. Y cuando hablo de desorden aludo a la capacidad que tienen los seres humanos de quebrantar sus propias convicciones y fundamentos en pos de crear maneras alternativas para imaginar y poblar el mundo en el que vivimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Heidegger, en su Carta al humanismo, señaló que la preocupación de los intelectuales por la cultura les impide pensar y darse a la tarea de profundizar en el conocimiento estaba siendo demasiado idealista, sin embargo abordó un problema todavía vigente. En una época de crisis permanente, la televisión ofrece una imagen de "cultura" bastante timorata (entrevistas tediosas, horas y horas consumidas para diferenciar la palabra jamón de la palabra mamón, jóvenes pedantes que apenas han leído dos libros y ya nos dan lecciones de historia de la literatura, programas banales que intentan demostrarnos que la cultura puede ser divertida): se privilegia la decoración y la gramática sobre la reflexión y el desorden que produce el conocimiento. Las excepciones son numerosas, pero son sepultadas por la miseria intelectual que, en televisión, es una constante. En fin, termino aquí y me marcho a cultivar mi arrogancia en otra parte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-4649436598502923216?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/44860.html' title='Arrogante'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/4649436598502923216/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=4649436598502923216' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/4649436598502923216'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/4649436598502923216'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/07/arrogante.html' title='Arrogante'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-8584586513479197384</id><published>2009-07-06T05:12:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:12:40.592-05:00</updated><title type='text'>La autoridad de los muertos</title><content type='html'>Si una obsesión ha marcado mi vida desde el día de mi nacimiento (que en mi caso fue a los veinticuatro años) ha sido la de no imponer mi palabra a los demás. No sólo porque considero que mis opiniones respecto a todos los temas son débiles e insuficientes, sino porque creo que las personas son en verdad otras personas. Por lo tanto, además de respetar mis diferencias con ellas trato de mantenerme a una buena distancia de quienes intentan pensar por mí o tomar decisiones en mi nombre (no tienen ningún derecho a hacer esto aun cuando puedan tener razón). Una buena manera de salvar el honor es carecer de poder y dedicarse a actividades que no dañen al resto de las personas (asunto complicado dada la promiscuidad en que vivimos). Volverme poderoso sería un insulto que no creo merecer y dedicar la vida a acumular dinero me pondría más cerca de los animales que de los seres pensantes (escribir una columna pasajera o publicar novelas son actividades que en realidad no hacen daño a nadie, excepto a quien las realiza). En fin, lo que quiero decir es que la autoridad no se impone, sino se reconoce y que es más sano reconocer la autoridad en los muertos que en los vivos.&lt;br /&gt;Cuando era joven pensaba exactamente lo contrario: dado que procuraba hacerme de un lugar en el mundo hasta los muertos me estorbaban. Me preguntaba por qué razón debía leer libros de personas muertas si había tantos escritores vivos deseosos de ser conocidos: “es una injusticia”, concluía arrogante. Esta aversión hacia los difuntos aumentó cuando comencé a colaborar en el suplemento Sábado, de Huberto Batis: cada vez que una celebridad literaria moría, el suplemento dedicaba varias páginas a su reconocimiento y los primeros artículos que posponían para su publicación eran los míos. El tiempo, como había de esperarse, me puso en mi sitio y comprendí que los muertos son más simpáticos que los vivos, y que los contemporáneos no necesariamente son quienes coinciden en una misma época. Como se lee en el Fedro, de Platón, las palabras en sí mismas no contienen sabiduría, sino que producen saber cuando son expresadas a las personas adecuadas en un momento preciso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por razones oscuras, entre mis amistades se encuentra un buen número de personas jóvenes. Lo mismo sucede cuando cometo el error de aceptar una invitación para hablar en público: me percato que me es bastante sencillo entenderme con personas que acaban de salir del cascarón. Yo creo que esto es posible porque no les tengo ningún respeto a priori: quiero decir que para mí los jóvenes no son empalagosas metáforas del futuro, ni mucho menos representan la esperanza de nada. Lo que nos une es que tenemos la desgracia de navegar en el mismo barco y de soportar las mismas calamidades (estructuras políticas y autoritarias que nos hacen civilmente incompletos). Y no obstante estas palabras —un tanto desdeñosas—, mi experiencia me ha dado una buena noticia: advierto en bastantes jóvenes un aburrimiento absoluto y una desconfianza intuitiva hacia los ardides políticos con los que se han querido ocultar los principios de libertad y equidad necesarios en cualquier democracia de raíces liberales. No añadiré más pues los lectores a estas alturas deben vomitar el tema, pero no quería dejar de decir que encuentro más saludable para la sociedad a un joven que duda, cuestiona y reflexiona que a uno que vota (votar tal como están las cosas es un acto nulo en sí mismo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Termino citando una idea de Paul Feyerabend quien, efectivamente, es un escritor antipático: dice que a los jóvenes no habría que protegerlos de la falsedad, sino también de la verdad (dogmas, ideologías, etc...), pues en caso contrario nunca estarán en condiciones de tomar una decisión libremente, ni de poder superar los errores de su tiempo. Suena bien, ¿pero es posible poner esta sentencia en práctica? No tengo dudas de que es posible, incluso con las personas que la televisión echa a perder diariamente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-8584586513479197384?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/44774.html' title='La autoridad de los muertos'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/8584586513479197384/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=8584586513479197384' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/8584586513479197384'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/8584586513479197384'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/07/la-autoridad-de-los-muertos.html' title='La autoridad de los muertos'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-9080128558610316319</id><published>2009-06-29T05:12:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:13:09.337-05:00</updated><title type='text'>Y entonces será lo mismo</title><content type='html'>De pronto he tenido un presentimiento, una premonición que es al mismo tiempo conciencia del pasado y aceptación de un destino inevitable. Dentro de 20 años (entonces estaré más muerto que una medusa) abriré el periódico y me encontraré exactamente con las mismas noticias de esta mañana: los mismos criminales, la misma basura mediática, el presidente comprometido, la pobreza de siempre. Y entonces habrá un ingenuo que se rebelará y concebirá la idea de un futuro menos desastroso. Veinte años después este hombre ingenuo leerá el periódico y un presentimiento lo dejará perplejo. Tendrá la sensación de ser un barco encallado que jamás volverá a navegar y se preguntará si en verdad es posible no ser lo que se es. La respuesta que se dará a si mismo lo dejará insatisfecho porque ningún buen argumento es capaz de paliar la angustia que provoca ser una víctima más de la estupidez y el tiempo: acaso el matrimonio —tiempo y estupidez— más cruel de todos los que se han formado sobre la tierra.&lt;br /&gt;La conciencia de haber sido engañado comienza a incubarse demasiado pronto, basta leer un periódico, mirarse al espejo u observar las primeras arrugas de una mujer hermosa: es ésta una comparación demasiado osada e incluso timorata porque la belleza es la debilidad del tiempo, su equivocación y su huella más honrada. Por el contrario, los periódicos o noticieros parecen ser una prueba de la inmovilidad a la que nos condena el estar vivos. Exagero, como es mi costumbre, pero me consuela pensar que la escritura es justo la exageración de los simios, su afán de ser distintos al resto de los seres. La escritura es condena y privilegio de los que dudan (extraña manera de dudar la de imprimir símbolos en los papeles).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me es bastante complicado, se los confieso, separar mis habilidades personales del mundo en el que éstas se expresan (mi deber y mi ser se confunden entre sí como abominables siameses) y mi sentido de la justicia (equivocado, por supuesto) no me deja dormir en paz. Sin embargo, las noticias cotidianas son un antídoto incomparable contra la rebelión y una muestra de que el pasado no se ha marchará nunca. Y la frase de Voltaire vuelve a resonar en mi cabeza: “Nadie ha encontrado ni encontrará jamás”. ¿Es conveniente pensar de este modo cuando todavía me quedan varios años de vida? Claro que no, concebir las cosas así es entregarse a una tortura constante y renunciar a ese mínimo entusiasmo que, para estar sanas, requieren hasta las plantas más feas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No te preocupes, todo va a salir mal”, estas palabras son tan consoladoras como una mujer dormida y las he puesto en práctica cada vez que me embarco en un proyecto idiota (dos palabras que a oídos de un hombre sabio significan exactamente lo mismo). Lo que menos deseo con estas declaraciones es procurarme un confort retórico o usar la literatura para hacerme el interesante. Lo que quiero es construir un principio que a lo largo de los años se imponga por su propio peso: uno se muere a ciegas. El pesimismo no es mi fuerte y en todo caso la literatura es un pretexto para hacer un poco de ruido y poner a parir a las gallinas, pero si mis palabras son capaces de decir lo que intentan decir, entonces me doy yo mismo un consejo: los idiotas ganarán la partida y lo más apropiado es buscar una butaca para celebrar su victoria. Quizás, como sospechaba Camus, el conformista es el único que ha comprendido la realidad. Y me aterra estar tan de acuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y las noticias seguirán abriéndose paso ante nosotros: el atentado ecológico, la adolescente en calzones que hace su presentación frente a las cámaras, el líder sindical comiendo en un restaurante exclusivo, el debate entre los políticos, la desgracia en una colonia pobre, el juez que absuelve a los criminales, el secuestro de un empresario, el salvador de la patria, ¿no nos cansamos de tanta miseria? Es evidente que no: nada cambiará en los años que vienen y en la vejez, cuando abramos de nuevo el periódico, nos encontraremos que el mundo no se ha movido siquiera un par de centímetros.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-9080128558610316319?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/44700.html' title='Y entonces será lo mismo'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/9080128558610316319/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=9080128558610316319' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/9080128558610316319'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/9080128558610316319'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/06/y-entonces-sera-lo-mismo.html' title='Y entonces será lo mismo'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-379577685737163541</id><published>2009-06-22T05:13:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:13:56.290-05:00</updated><title type='text'>Vida de perros</title><content type='html'>Para un escritor que ha vivido toda su vida entre palabras, los actos se vuelven cada vez más importantes a la hora de valorar las promesas o los argumentos de las personas (obras son amores). Después de haber leído tantas tramas y de ser testigo de infinidad de confabulaciones literarias, la experiencia me indica que en la vida diaria una buena retórica debe ser acompañada todas las veces por actos humanos que den sentido a las palabras. Entre desconocidos no son las bellas oraciones las que dan constancia de la amistad o el respeto, sino más bien los actos. Y cuando la desconfianza se vuelve endémica y los otros se convierten en el enemigo, sólo los actos son capaces de provocar un respiro o una cierta calma entre los extraños que deben verse la cara aun cuando no lo deseen.&lt;br /&gt;A diferencia de lo que se cree comúnmente, las palabras sólo tienen peso en la literatura. En lo cotidiano se vuelven endebles, se traicionan, tropiezan entre ellas, se acobardan y nos hacen llevar una vida de perros (de perros, no de mascotas). Para evitar tan oscuro horizonte lo que más conviene es sumar peso a tanta palabrería sin cuerpo e intentar que la ética sea también una suma de actos que convivan al lado de algunos sencillos principios de comportamiento. Y estoy en mi derecho de afirmar que me importa poco lo que otros opinen o argumenten porque a estas alturas del partido es posible escuchar cualquier tontería expresada con estudiada solemnidad o con estadísticas que de tan serias se vuelven cómicas. Lo que me importa de los otros es lo que hacen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En La soberanía del bien, Iris Murdoch se ocupa un rato de este asunto (el de contemplar los actos como valores) y propone un problema que bien mirado está entre nosotros desde el principio de los tiempos. ¿Existe relación entre lo que sucede en el interior de nuestra mente y lo que decimos o hacemos en el mundo externo? ¿En realidad sabemos algo de lo que decimos? Imaginen un enorme número de respuestas posibles y por más profundo que sea el diagnóstico siempre quedaremos un poco a oscuras. Así las cosas, lo que a mí como ciudadano o habitante de una aldea me importa no es lo que los otros piensen o digan, sino lo que hacen: si desean prenderse fuego o si piensan que la mitad de la humanidad es innecesaria no me concierne. Mientras sus actos me indiquen que puedo tenerles confianza y que no me harán daño estaré hasta cierto punto tranquilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivir unos años más de lo correcto me ha llevado a comprobar una obviedad: que la erosión de los amores y de las amistades es acaso la prueba más dolorosa de que el tiempo existe. Y es entonces cuando no quiero recordar ni visitar el cementerio en que se ha convertido mi memoria: a cado paso un muerto o una decepción. Cuando las amistades terminan tomo de inmediato la responsabilidad de la desgracia, aunque no se me olvida que el tiempo es cómplice en todas estas vicisitudes. Y cuando la caída comienza a ser evidente es que los actos han tomado un camino y otro las palabras. Por eso no conservo casi nada de mi pasado, unas cuantas cartas de mujeres que decían amarme más allá de la miseria a la que nos condenan los años y que ahora ni siquiera me recuerdan. Ni decir que el momento más honrado de nuestra relación fue cuando todo en estas personas —acto y pensamiento vuelto palabras— caminó en una sola dirección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si esto sucede en las pasiones amorosas, ¿qué puede esperarse entonces de los extraños? En caso de optimismo uno espera de ellos actos honrados capaces de convencernos de que no estamos en compañía de depredadores. A un político de esos que ensucian el ambiente con su presencia no se le pregunta qué piensa o qué promete sino cómo vive y cuál es la calidad civil de sus actos. Se le pregunta si vive de manera tan modesta como la gente a la que exige su voto (el ascetismo en tiempos de glotonería es un camino que nadie desea tomar). Me detengo, en realidad la única aportación que pueden hacer los políticos mexicanos a la causa de la moralidad pública —ahora que además se han agrupado en un despotismo de partidos— es su desaparición: marcharse y dedicarse a la horticultura o a quitar escamas a los pescados. Tengo la impresión de que vamos dentro de un tren sin ventanas. Y es hora de bajarse.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-379577685737163541?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/44600.html' title='Vida de perros'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/379577685737163541/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=379577685737163541' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/379577685737163541'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/379577685737163541'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/06/vida-de-perros.html' title='Vida de perros'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-1418835550618842861</id><published>2009-06-15T05:14:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:14:28.724-05:00</updated><title type='text'>Una pausa</title><content type='html'>“Somos un bípedo capaz de un sadismo indescriptible, de ferocidad territorial, de todo género de codicia, vulgaridad y abyección”, así describió al ser humano George Steiner. Y me imagino que cuando escribió estas palabras se hallaba de mal humor o al menos desesperado. Lo comprendo porque es mi estado de ánimo cotidiano. Desde joven quise ser un cascarrabias y creo que lo he logrado ampliamente (debe tenerse cuidado con lo que se desea en la juventud porque puede cumplirse). Y cuando mi mal humor se desvanece e intento ser más benigno en mis juicios me percato de que el dinosaurio todavía sigue en el mismo sitio. Los seres humanos siguen siendo como los describe Steiner, aun cuando uno vea las cosas desde una buena butaca.&lt;br /&gt;Después de los 40 años somos duros, brutos y holgazanes, me comentó un amigo que no pierde tiempo en sutilezas. No es una sentencia demasiado elaborada, pero estuve de acuerdo unos segundos con ella. Las palabras que usamos para describir el mundo en que vivimos han sido siempre parciales y misteriosas. A veces conviene más un buen insulto que una mala descripción, así por lo menos damos cierta tranquilidad a nuestro espíritu. Y nadie va a negarme que las malas descripciones abundan y que tanta comunicación ha vuelto menos sensibles a las personas. Los políticos no sólo han acabado con cualquier posibilidad de convivencia, también han hecho inútiles las palabras: no se puede construir sobre el vacío o la mentira. Los comunicadores trabajan también arduamente para transmitir el vacío, están en los medios a todas horas y uno se pregunta si tienen tiempo para leer o meditar sus palabras. El propósito de tanta opinión es colmar el espacio y no permitir la pausa, mantenernos dentro del escenario sin descansar un solo minuto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongamos que renuncio a que otros piensen en mi nombre y decido hacerme cargo yo mismo del asunto. Por lo menos necesito una pausa, y no me refiero a una pausa modesta sino a una inmensa que me salve de las tonterías con que se bombardea a la gente todos los días. Sé que la tumba es un buen sitio para resguardarse del ruido, pero como están las cosas dudo que nos dejen en paz incluso en la fosa. Comprendo ahora la sorpresa de Robert Walser cuando en 1944 se sorprendía por el deseo nómada de las personas: “Hoy se viaja demasiado. La gente parte en bandadas hacia tierras extrañas, sin temor, como si fueran legítimos propietarios”. De la misma manera me sorprende que, en estos días, bandadas de personas opinen sin ningún temor, nos muestren su rostro en carteles que ensombrecen hasta los barrios más feos y nos hablen como si fuéramos seres cuyos sentimientos son del dominio público. Para hacer frente a estos embates, lo más apropiado sería hacer una pausa que, en su acepción más extrema, podría convertirse también en una franca renuncia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lectura de buenos libros o el cultivo de la amistad son tareas personales más importantes que poner atención a las campañas políticas de hombres sin escrúpulos y sin conocimiento real de los seres humanos. Ya es suficiente con no hacer mal a los demás como para verse empujado a participar en tan malos espectáculos civiles: la pausa o el destierro voluntario son hoy más bienvenidos que nunca. No se trata de unas simples vacaciones para volver de nuevo al camino, sino de la construcción de remansos o caminos alternativos a los comunes. ¿Cuáles son estos caminos? No lo sé. La importancia que se otorga a las cosas es decisión de cada persona. Y creo que es en esa necesaria pausa donde uno puede inventar salidas a las crisis civiles. Las palabras de Steiner que cité al comienzo de estas notas son comprensibles porque muestran la desesperación del humanista ante la barbarie comunicativa y supuestamente democrática en la que vivimos. Es impotencia y desconsuelo. Y también un magnífico motivo para seguir cultivando el mal humor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-1418835550618842861?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/44525.html' title='Una pausa'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/1418835550618842861/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=1418835550618842861' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/1418835550618842861'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/1418835550618842861'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/06/una-pausa.html' title='Una pausa'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-7791628443970877582</id><published>2009-06-08T05:14:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:15:08.870-05:00</updated><title type='text'>Viene Berlusconi</title><content type='html'>La risa y el olvido serían formas bastante elegantes para enfrentar el mundo que habitamos. Sin embargo, se insiste en la argumentación razonada, el estudio minucioso y el análisis de los hechos. Un desperdicio, sin duda, este de los hombres pensantes que son mal vistos y despreciados por la sociedad en la que viven. Fracaso semejante se parece mucho a un destino, es cierto, pero no deja de ser desolador. Me encamino de nuevo a otro suicidio, pero además de ser mi costumbre, creo que es una manera honrada de vivir, así que entremos de lleno en este penoso asunto. Hace varios días uno de los dos monopolios de la televisión mexicana puso en marcha una campaña para limpiar las calles de basura. El propietario del consorcio encabezó las brigadas levanta papeles y aprovechó para dar un mensaje a los televidentes sobre la conveniencia de no ensuciar el espacio público. Qué acción loable la de estas personas, usar un medio reservado al lucro y al entretenimiento para hacer un poco de bien a su sociedad. ¿Y la otra basura?, nos preguntamos los ingenuos, la que sepulta el entendimiento de las personas y que merma su capacidad de comprender, ¿cuándo comenzaremos a barrerla?&lt;br /&gt;Silvio Berlusconi, el impúdico, nos ha demostrado que todo se puede, que cuando una programación está en el aire, como un virus no hay vacuna que pueda remediar los males. La manipulación de los enfermos es el negocio del primer ministro italiano y de sus empresas de comunicación. Enamorar adolescentes o proponer a sus amantes para puestos de elección popular es el pasatiempo de un monarca que no encuentra oposición a sus actos. ¿Por qué Italia ha permitido esta puesta en escena? Es probable que Berlusconi represente el verdadero sentir de la sociedad italiana y en ausencia de una oposición política ha dado por un hecho que el país es su casa. ¿Pero tiene sentido hacer una crítica del espectáculo? Sea una crítica formada en el cinismo posmoderno (Baudrillard) o una que conserve la visión humanista de cultura y comunicación (Sartori), carece de importancia si ésta no encuentra receptores en las personas comunes y en los políticos que dicen representarlas (que los intelectuales ladren, nosotros sí sabemos lo que quiere la gente).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los funerales de Fellini se llevan a cabo todos los días en la vida política italiana. La comedia sorprende a Europa porque en casi todos los países de su comunidad Berlusconi habría tenido ya que renunciar. Una sociedad no puede sobrevivir si no respeta la capacidad de razón de sus miembros. Y la razón quiere decir diversidad, diferencia y capacidad para saber lo que le conviene a cada quien. ¿Y en México? Sin caer en abismos dramáticos a la italiana diré que estamos peor que los romanos actuales. El virus que ataca a los televidentes carece de control, se mueve en completa libertad y sus efectos crean, como lo ha sostenido Sartori, una regresión fundamental: han empobrecido la capacidad de entender de las personas. Frente a esto las campañas para levantar papeles en las calles son una burla a la Berlusconi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este es un breve artículo que no tendrá ninguna repercusión (a eso me refería cuando hablaba del fracaso como destino), pero es justo expresar el sentimiento de desasosiego e impotencia que me causan las historias que acabo de narrar, aún siendo un pesimista sin remedio. Si la televisión es la que educa, entonces tiene grandes responsabilidades, y estas no son levantar basura, sino evitar su difusión. Las televisoras no han inventado el país como sí lo hicieron su cultura y sus revoluciones, pero lo transforman a su conveniencia. En vista de que el congreso carece de poder para evitar que el síndrome Berlusconi y su virus mutante nos azoten y de que la señal en el aire será vehículo para la difusión de la enfermedad, volveré a practicar esas formas tan elegantes y prácticas de supervivencia: la risa y el olvido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-7791628443970877582?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/44437.html' title='Viene Berlusconi'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/7791628443970877582/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=7791628443970877582' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/7791628443970877582'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/7791628443970877582'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/06/viene-berlusconi.html' title='Viene Berlusconi'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-1378821809928998094</id><published>2009-06-01T05:15:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:15:38.733-05:00</updated><title type='text'>Un premio muy merecido</title><content type='html'>Olvidemos por esta vez los rodeos y ensayemos un juicio sumario: en realidad los premios son bastante humillantes, una ruidosa manera de patear el alma de las personas sensibles y una forma de transgredir su intimidad. No encuentro una relación amable entre escribir un libro y ser exhibido por esta causa. Una noche de enero las miradas curiosas se posan en el escritor recién premiado, lo arrancan de su silla y lo convencen de que su labor debe ser reconocida más allá de la lectura: su rostro se vuelve moneda de cambio y el mundo está en paz por un momento. Después de crear estas profundas grietas en el ser íntimo del autor viene otra calamidad: los falsos lectores (esos que leen un par de páginas para estar al tanto) comienzan a hacer su trabajo, loan lo desconocido y aumentan la confusión. Entonces, como si fuera un Cristo, el premiado camina seguido de una estela de nuevos lectores, lisiados, miopes, iluminados, que lo han bajado de la cruz y lo arrastran hacia el templo. Si cada vez hay más premios literarios es porque los buenos lectores escasean.&lt;br /&gt;El que obtiene un premio se lo merece: o porque lo desea o por no tener el talento suficiente para mantenerse apartado. Quien ponga a discusión lo que un jurado decide es que no ha comprendido el juego y se muestra tan inocente como un cordero. En enero de 1943, Robert Walser le confesaba a su amigo Carl Seelig: “¿Sabe por qué nunca llegué a la cumbre como escritor? Se lo diré: porque tenía muy poco instinto social”. Ya en ese entonces elevarse a las “cumbres” de la literatura suponía poseer habilidades sociales, ser cortesano e impúdico, sí, pero en este breve juicio sumario esas cuestiones no nos interesan. La mecánica por medio de la que los hombres hacen alianzas para obtener más poder mueven al bostezo, son fastidiosas, bestiales y carecen de misterio. En política, escribió en un ensayo Norberto Bobbio, la templanza se encuentra ausente y aún más la sencillez que es condición del ser virtuoso y moderado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gustaría saber por qué un escritor propone su obra para una competición olímpica, como si se tratara de conducir un caballo en un hipódromo. Lo hace por dinero, se me dirá, pero aunque esto es cierto, es en realidad secundario (habrá unas pocas y geniales excepciones), el dinero es sólo una motivación más. Lo que se busca con el reconocimiento es poner unos cuantos obstáculos a la muerte para llamar su atención: provocarla y enviarle arrogantes señales de eternidad. Casi todos los escritores desean los premios porque su escritura no es suficiente para dotarlos de fortaleza. Y para quien desprecia con tanto ardor la literatura recibir un premio es un alivio y una oportunidad de olvidarse del asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es verdad que existan premios más prestigiosos que otros, la diferencia la hacen las equivocaciones. Los jueces casi nunca se equivocan, lo hacen sólo cuando eligen a un autor que no desea ser reconocido. Han excedido sus atribuciones y han vuelto su juego un pasatiempo un tanto macabro: terminar con la escasa vida que aún sobrevive en los medios literarios actuales. No lo he olvidado, también tenemos la cuestión del ritual, la ceremonia, la necesidad de inventar un aura sagrada para nuestro oficio y mostrarle a otros obreros (zapateros, cineastas, analistas y contadores) que lo que hacemos es importante y bien vale una fiesta, una celebración ruidosa que acapare la atención de los vecinos y justifique nuestra presencia en el mundo. De nuevo Bobbio. “El moderado no tiene una gran opinión de sí mismo, no porque se menosprecie, sino porque es propenso a creer más en la miseria que en la grandeza humana, y él es sólo un hombre como los demás.” La moderación y la templanza no son practicadas en nuestros tiempos, y si los artistas o escritores no lo hacen, mucho menos los políticos que suelen sumar con pericia la vanidad y la estupidez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así las cosas, quien sea que obtenga un reconocimiento se lo merece, si se trata de un funcionario que ha probado suerte en las letras será aún más conveniente la condecoración porque el susodicho cumplirá estrictamente con las estrategias rituales y diplomáticas. Se encuentra bien entrenado para explorar las cumbres de la literatura, esas a las que ni siquiera mi admirado Robert Walser pudo acceder.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-1378821809928998094?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/44337.html' title='Un premio muy merecido'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/1378821809928998094/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=1378821809928998094' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/1378821809928998094'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/1378821809928998094'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/06/un-premio-muy-merecido.html' title='Un premio muy merecido'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-155309296821122336</id><published>2009-05-25T05:15:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:16:10.858-05:00</updated><title type='text'>Cero a la izquierda</title><content type='html'>En un libro que jamás debió ser publicado, La educación del estoico, Fernando Pessoa describe someramente los límites de un mundo ético: el placer es para los perros, las quejas para las mujeres y los hombres nos quedamos con el honor y el silencio. No es honrado tomar una cita ajena para después inventar teorías que poco o nada tienen que ver con el pensamiento del autor, pero si una editorial prestigiosa lo publica después de muerto, lo mío es en realidad un pecado de adolescentes. Mal paradas han quedado en esta cita las mujeres a quienes se les trata de quejumbrosas, mientras que a los perros se les condena a envenenarse con los placeres. Los hombres sólo debemos callar pues así lo ordenan los cánones del honor. No es una broma añadir que en esta división me habría gustado ser un perro (por supuesto), aunque mesurado en sus placeres, ¿pero quién ha conocido a un perro mesurado a la hora de roer los huesos?&lt;br /&gt;Si los hombres se quejan pierden su honor, muestran sus sentimientos y sus debilidades: se hacen vulnerables. Y me pregunto ¿cómo es que pueden vivir los hombres silenciosos en una comunidad donde la justicia está ausente? Me imagino que matándose entre sí (en silencio, por supuesto) o soportando humillaciones, denuestos y patadas en el trasero. Una sociedad estoica o masoquista como la nuestra no va por buen camino. Los hombres deberían de aprender de las mujeres y no cuidar un honor que en realidad es miedo, escepticismo, desesperanza y sobre todo resignación. En general las mujeres educadas poseen mucho más sentido de la justicia porque a su ser creador añaden el conocimiento de su circunstancia cultural y civil. Si no se aprende de ellas entonces los libros se vuelven un tanto superficiales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El silencio es buen camino para el individuo que ha tomado la decisión de apartarse, construir en la periferia y esperar una vida menos funesta después de la muerte. Un individuo puede practicar el estoicismo, pero una comunidad estoica es ridícula, al menos en nuestros tiempos. En mi condición de cero a la izquierda me he enterado de varios desastres que no hacen más que hundirme en el desasosiego, uno de ellos es la expulsión del escritor Leonardo da Jandra y su mujer de la casa en la que vivió durante décadas en Cacaluta, Oaxaca y la decisión de destruir la mitad de una reserva ecológica para hacer un campo de golf, además de hoteles donde se solazarán los ceros a la derecha. No entraré en detalles acerca de este deporte practicado ampliamente en el país. Lo que despierta mi curiosidad es que se siga poniendo atención y dinero a los partidos políticos. Después de la tortura proselitista a la que se ha sometido a las personas durante meses, no me cabe duda de que las han puesto aún más en contra de la política. Una pregunta por demás sencilla para hacerse a estas organizaciones en decadencia es la siguiente: si las cosas van tan mal ¿por qué no se unen en torno a soluciones comunes y proponen candidatos únicos que reciban la aprobación de una sociedad en emergencia social y económica? Si responden que no lo hacen porque poseen ideologías distintas estarán diciendo lo correcto: cada quien cuida sus propios intereses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En nuestra sociedad estoica (impasible ante las desgracias) hay quien sostiene que los ceros a la izquierda no podemos entendernos sin la mediación de partidos aun cuando estos mismos han sido incapaces de responder la siguiente pregunta: ¿si la democracia consiste en que los más pobres gobiernen —por ser más en número— por qué estos nunca progresan? Esperamos ya una cascada de razonamientos que formarán una densa capa de humo para esconder los hechos. En lo que concierne a mí y a varios ceros más (quiero decir menos) creemos que las instituciones se sostienen en principios de convivencia no en los intereses de unos cuantos. ¿Acaso no se percatan del odio y malestar que despiertan? Sí, pero no les importa, con unos pocos votos se mantendrán en su sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el libro de Pessoa que me he propuesto saquear para escribir este artículo, leo las siguientes líneas: “No hay acción por pequeña que sea que no hiera a otra alma o que no ofenda a nadie.” Es esta la razón por la que ciertos ceros a la izquierda se mantienen en silencio, aunque eso siempre se podrá remediar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-155309296821122336?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/44240.html' title='Cero a la izquierda'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/155309296821122336/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=155309296821122336' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/155309296821122336'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/155309296821122336'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/05/cero-la-izquierda.html' title='Cero a la izquierda'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-431454790747552904</id><published>2009-05-18T05:16:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:16:46.878-05:00</updated><title type='text'>La Filosofía, mendicante</title><content type='html'>Cuando más se necesita, la Filosofía parece no importarle a nadie. Cuando más evidente es el estado de pesadumbre moral de la sociedad, se pide a los filósofos que se marchen. Ingrata paradoja: se quiere reflexionar y pensar profundamente acerca de los problemas civiles que afectan a los hombres contemporáneos, y lo que hacemos es desterrar a los pensadores. A menudo me encuentro casos en los que se desprecia a la Filosofía con argumentos que los filósofos mismos usaron hace cientos de años. Hoy mismo en México se titubea para incluirla como fundamento de la educación en los bachilleratos. Hojeando un libro me he encontrado de pronto con una afirmación que comparto: “La Filosofía se asemeja al espacio y al tiempo: es difícil imaginarle un fin”. Los ataques contra esta disciplina suelen venir de dos frentes: el primero lo abren los mismos filósofos cuando reflexionan o dudan acerca de la función de su propia actividad; el segundo proviene de quienes creen que no sirve para nada o que no necesita enseñarse en las escuelas. La diferencia entre ambas desconfianzas es enorme: los filósofos dudan como un método para ampliar el conocimiento, en cambio los que desean enviarla al exilio la ven como un obstáculo a sus intereses.&lt;br /&gt;Si un gobierno concibe la educación sólo como un medio para alentar la producción de bienes materiales y preparar a las personas para adaptarse a un mercado global, encontrará resistencia en los ámbitos en donde la filosofía se respeta. Y esa resistencia no es nada más un ponerse en contra del progreso material, sino concebir el progreso de una manera distinta. El examen de uno mismo, el cultivo de las diferencias, la capacidad de dudar, la reflexión acerca de los principios que fundan la convivencia, son más necesarios en estos días que nunca. La dispersión ha oscurecido la presencia de guías en el conocimiento. Estos guías no lo son en el sentido religioso, sino en uno bastante práctico: nos enseñan a caminar pero no nos imponen una dirección precisa. Abrir horizontes como hacen los filósofos no es lo mismo que empujar a una persona a seguir un camino sin su consentimiento. Nuevamente: no hay nada más práctico que una buena teoría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la ciencia progresa es porque se comporta como filosofía y lo mismo sucede en todos los aspectos de la vida humana. En un mundo donde se valora tanto el saber de los expertos, se extraña en verdad a quienes pueden mirar más allá de su propia celda: ¿quiénes van a unir todos estos conocimientos dispersos para devolvernos la estatura humana si no son los filósofos? Si hacemos a un lado a quienes están más preparados para darle un sentido humanista al conocimiento, ¿qué clase de sociedad esperamos que sea la nuestra? Siento pena que en México no se les defienda como merecen. Han tenido que ser ellos mismo, a través de asociaciones como el Observatorio Filosófico, quienes se han enfrentado a la SEP para que en el bachillerato no se disuelva a la Filosofía en el campo de las Ciencias Sociales o se le arrincone como una actividad en desuso. El razonamiento, por supuesto no explícito, para imponer estas reformas en las escuelas de Enseñanza Media Superior, es que como la Filosofía sirve para todo entonces no sirve para nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En consecuencia no tiene caso refrendarla como una ciencia básica del conocimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejemos que sean los mismos filósofos quienes pongan en duda los fundamentos de su actividad, así lo han hecho Wittgenstein, Quine, Derrida, Carnap y Davidson y han enriquecido con sus reflexiones el conocimiento humano. En cambio, las dudas que provienen desde el interés empresarial o de mercado son parciales y cultivan una sola idea del bien. A contracorriente de la pobreza, la mala educación, la confusión respecto a los valores humanos, las dudas sobre la vocación y otras plagas, ciertos jóvenes no esperan que se les resuelvan las dudas o se les indique un camino; al contrario, intentan construirse una vida en sociedad. Y la Filosofía al estimular la reflexión y mostrar lo que hombres de otras épocas han pensado, posee una función mucho más práctica de lo que un mercader puede imaginarse.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-431454790747552904?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/44144.html' title='La Filosofía, mendicante'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/431454790747552904/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=431454790747552904' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/431454790747552904'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/431454790747552904'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/05/la-filosofia-mendicante.html' title='La Filosofía, mendicante'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-2662664266543308937</id><published>2009-05-11T05:16:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:17:17.242-05:00</updated><title type='text'>Desaparecer</title><content type='html'>Escribió Cioran que no debemos molestar nunca a los amigos ni siquiera a la hora de nuestro entierro. Según yo no se trata sólo de una frase vacía, sino de un principio de vida hoy en día que la mesura y la discreción no son consideradas virtudes.&lt;br /&gt;Ninguna época contó con tantos sobrenombres como la nuestra (nos sabemos modernos y nuestra vanidad histórica estimula las más copiosas verborreas).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aun así me gustaría agregar una sentencia más a la confusión: se viven tiempos de absoluta impudicia. La ausencia de pudor es el rasgo común por antonomasia, nadie se limita en sus opiniones, somos blanco de los mensajes más aberrantes y de la publicidad más nociva, morimos de nuestros remedios y no de nuestras enfermedades (Cioran de nuevo), incumplimos el deber moral más importante, desaparecer, hacernos invisibles, no molestar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el ánimo de no ahogarme en abstracciones, les relato que a fines de los años ochenta tuve una novia hermosa y simpática (acepto que no la merecía) con quien estuve a punto de casarme. Lo sé, casarse es una de las peores tonterías que un ser razonable puede hacer, pero en ese entonces hasta los gatos se acostaban con los ratones. A esta novia le hice el piropo más elegante y propio que se me ha ocurrido en la vida. Le dije: “me gustaría que desaparecieras, antes de que comience la caída”. Fue un momento sumamente romántico, estaba enamorado, la deseaba sin poner límites a mi deseo y no me imaginaba una vida sin la presencia de sus bellos ojos azules. Sin embargo, ratifiqué mi demanda: “si me quieres, desaparece”. Es probable que mi actitud se debiera a la precaución y al decoro, además de que me estaba cuidando de una futura decepción y de vivir por siempre en una posición vulnerable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acaso mi analogía resulte exagerada, pero quisiera creer que la experiencia que acabo de relatar tiene que ver con la amarga búsqueda de la buena convivencia. El exceso de presencia acaba con las mejores relaciones amorosas y estas contemplan también las relaciones que hacemos con la ciudad y los ciudadanos. En vista de que nadie es poseedor de la verdad lo consecuente es hacerse a un lado, cumplir con las normas, no molestar a nuestros vecinos, ser corteses y en suma: desaparecer (esto dicho del modo más romántico posible). ¿En qué terminó la historia con mi antigua novia? Tomó mis palabras como la propuesta más idiota que hubiera escuchado en su vida y contra lo esperado se mudó a vivir a mi casa, estableció una conveniente relación con mi madre, sedujo a mi padre con sus encantos y puso a toda mi familia de su parte. En solo unos meses el amor se fue por una sentina y con el tiempo ella se convirtió en una de mis pesadillas más incómodas. Incluso pasó por mi cabeza la idea de hacerla desaparecer: solución ridícula puesto que no la amaba tanto como para culminar nuestra pasión de una manera tan literaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Joseph de Maistre, quien sigue siendo un autor incorrecto, es decir interesante (sus palabras se niegan a desaparecer) escribió lo siguiente: “No hay un instante en que una criatura no esté siendo devorada por otra. Y sobre todas las especies animales está colocado el hombre y su mano destructora no perdona que nada viva”. Es una visión pesimista e intimida a quienes creen que los seres humanos construirán en el futuro una sociedad inteligente en vez de este pastiche de barbarie y computadoras. No obstante su descrédito, la estudiada decepción del pesimista es una especie de método de supervivencia y un estímulo para comportarse en sociedad. En vista de que nadie quiere desaparecer comportándose como un buen ciudadano, hay que mantenerse a la espera de los peores escenarios posibles. Yo, como uno de los personajes de El desencantado, la novela de Budd Schulberg, “ahora mismo me siento tan joven y lleno de vida como un pez muerto”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-2662664266543308937?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/44039.html' title='Desaparecer'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/2662664266543308937/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=2662664266543308937' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/2662664266543308937'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/2662664266543308937'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/05/desaparecer.html' title='Desaparecer'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-840493263952624026</id><published>2009-05-04T05:17:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:17:44.800-05:00</updated><title type='text'>El miedo</title><content type='html'>¿Cómo se prepara uno para afrontar el miedo? No tengo una sola respuesta, pero creo que el conocimiento, la conciencia de la muerte y una buena dosis de humildad son un buen principio para no perecer de temor. Tener conciencia de la muerte es en pocas palabras aceptar que somos finitos y que apenas si poseemos un modesto poder sobre nuestras vidas. Yo siempre he tenido miedo y acaso sea este el primer sentimiento que me abordó al nacer, miedo a un mundo misterioso y hostil en muchos sentidos. Desde niño tuve miedo de la oscuridad hasta que fui consciente de que la oscuridad es precisamente la constante en la vida de los seres humanos. Si vivir no fuera un andar entre sombras no habría ciencias o filosofías iluminando el camino. En mi juventud creí que el conocimiento podría remediar casi todos los males e incluso atenuar el desasosiego causado por la muerte de las personas amadas. Fui demasiado ingenuo y no tomé en cuenta que buena parte de nuestras creencias más profundas son relativas y que la muerte se ahorra todas las palabras. Tampoco quiero exceder mi pesimismo, pues si bien el conocimiento no resuelve el misterio de vivir, es necesario para que el miedo no aumente a un grado que nos vuelva indefensos frente a quienes buscan hacernos daño. La soledad ha sido también uno de mis temores más recurrentes, pero me conforma saber que la compañía será siempre pasajera y que la soledad no es un accidente, sino la constitución misma de la experiencia humana. Quiero pensar que los miedos que me acosaron de niño me han acompañado desde entonces y no se marcharán hasta que me encuentre bien acomodado en mi tumba. Y no importa cuánto avance la ciencia porque los siglos se acumulan y las personas apenas si transforman sus manías más arraigadas (la guerra, la acumulación de bienes materiales o la esperanza de vivir aventuras). De todos mis temores, sin embargo, el más constante es el que me despiertan los extraños, las personas que no conozco o que desean entrometerse en mis asuntos sin conocerme: para mí son más nocivas que la peste. Quizás se tiene conciencia de la maldad humana desde que uno pone los pies en la tierra o acaso sea una certeza que se aprende con la experiencia, pero mientras lo sabemos es más sensato hacerse a la idea de que no conocemos casi nada respecto a los demás y que nuestros vecinos son en principio unos perfectos extraños. Lo contrario no es bueno para vivir en comunidad puesto que si alguien cree conocerme por completo me tratará como a una piedra, como a una cosa carente de toda humanidad. Justo esta sensación debieron tener los judíos durante el régimen nacional socialista o los disidentes de los países comunistas que fueron eliminados o enviados a campos de concentración. Es sencillo concluir que para conservar sus poderes ciertos gobiernos inventan a un enemigo invencible contra el que la población entera debe ponerse en alerta, el caso más reciente o notorio se dio en Estados Unidos cuando se propagó el rumor de que un país terrorista se dedicaba a la creación de armas de destrucción masiva. Fue una maniobra precisa porque esos ciudadanos norteamericanos incapaces siquiera de señalar Iraq en un mapa se llenaron de miedo y, sin razonar, aprobaron su invasión. Los miedos profundos e íntimos no se marcharán, pero en lo concerniente a las cuestiones civiles mi mayor temor es que los ciudadanos se conviertan en rehenes de su ignorancia. El hombre desplazado, impedido de tomar decisiones basadas en su derecho a la libertad es como una piedra sin raíces, una cosa de la que se puede disponer a placer. La sociedad olvida este principio y se torna histérica e impotente, presa sencilla de los poderes mediáticos y víctima del miedo común. Cuántas veces durante el siglo pasado no hemos sido testigos de que se limitan las libertades individuales de las personas a causa de su propio bien, cuando lo que se practica en verdad es su amansamiento. Yo espero cuidar de mis enfermedades y no molestar a los vecinos sin que nadie me lo ordene, es lo menos que se puede esperar de una persona que tiene miedo. Lo demás es un cuento de terror.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-840493263952624026?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/43952.html' title='El miedo'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/840493263952624026/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=840493263952624026' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/840493263952624026'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/840493263952624026'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/05/el-miedo.html' title='El miedo'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-1694729823259225939</id><published>2009-04-27T05:17:00.000-05:00</published><updated>2009-08-31T05:18:13.613-05:00</updated><title type='text'>El miedo al vacío</title><content type='html'>Uno de los bienes que trae consigo escribir en un periódico, es justamente la experiencia del comienzo: volver a empezar todas las mañanas, envejecer durante las noches, dejar paso a las noticias actuales, a las nuevas opiniones. ¿Pero es esto verdad? Nada parece tan viejo como el culto a la novedad. Tenemos necesidad de creer que el cambio es bueno por sí mismo y depositamos en todas esas letras y noticias una particular esperanza: la de estar informados y creer que sabemos hacia donde camina la humanidad, el mundo. Hace un siglo, el poeta francés Charles Baudelaire se confesaba incapaz de comprender como un hombre honorable podía tomar un periódico sin estremecerse de disgusto. Un sentimiento semejante nos aborda en la actualidad, nadie que se considere un ser sensible puede quedar impávido después de repasar las atrocidades de las que dan cuenta los diarios mexicanos: el cinismo político, la corrupción moral, el asesinato impune, la ausencia de solidaridad civil y el absurdo desequilibrio económico entre personas que, supuestamente, tienen los mismos derechos sociales. Cómo no volverse un pesimista cuando todas estas calamidades continúan siendo la primera noticia en los medios de comunicación. La experiencia del comienzo, la necesidad de lo nuevo se trastorna de pronto en el peso de lo mismo, en la agobiante conciencia de que nada cambiará y de que la sociedad no avanza en ninguna dirección. Ante una situación tan drástica el paso de los días parece un espejismo. Y, sin embargo, la lectura de periódicos se antoja necesaria en una comunidad donde escasean los lectores de filosofía y de buena literatura. Si se tiene suerte podremos encontrar en ese mar de hojas de papel y tinta oscura una o dos colaboraciones que no sean efímeras y meramente superficiales. Rellenar páginas de tonterías es un ejercicio que la premura de la publicación cotidiana parece exigir, se corre de manera desbocada y ansiosa hacia la nada, la glotonería se impone, la obesidad crítica cierra caminos y los maleantes sacan el provecho más amplio de toda esta confusión.&lt;br /&gt;Uno de los más sabios y visionarios fundadores del liberalismo, John Stuart Mill, escribía que entre las metas fundamentales de un gobierno sensato se encontraba la de promover la virtud y la inteligencia de las personas. Esta consigna encierra una verdad evidente: sin personas capaces de comprender en qué consiste el pacto social es imposible habitar la democracia. Y en esta tarea los periódicos llevan también responsabilidad: promover la inteligencia como una de las formas más eficaces de oponerse al cinismo político y a la opinión analfabeta. La oposición entre el hombre informado y el hombre reflexivo es que el primero sabe cosas sin saberlas: incapaz de asimilar la cantidad colosal de noticias que lo acosan termina agobiado y confuso: el miedo al vacío no se remedia sólo informándose sino aprendiendo a elegir entre la basura. Es por esto que en la actualidad, dos senderos se hacen más visibles que nunca: o se lee periódicos para ratificar la inmovilidad de la moral y el nada cambia o se hace para dar la pelea en el campo de la pasión pública; en otras palabras: se alimenta el humor pesimista o se intenta practicar el humanismo en un escenario incómodo, tecnológico y mediático. Muchos escritores y críticos de la cultura, desde Kierkeegaard y Camus hasta Baudrillard y Guy Debord, han tomado la primera opción: han concluido que la sociedad se contempla a sí misma en los periódicos y eso la conduce a la parálisis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y un último comentario, la crisis económica que se vive actualmente y a la que tantas hojas se le dedican tiene un fundamento moral y es precisamente esto la esencia de su poder devastador. La especulación financiera, la obscena acumulación de dinero en pocas manos (uno de los peores eufemismos de los últimos tiempos hace que llamemos a los maleantes financieros “hombres de negocios”), el caudillismo de los expertos que promueven un saber separado del todo y el progreso de la tecnología paralelo al retroceso de la inteligencia civil o moral, son causa de una crisis mucho más profunda que la económica. Y en ello casi nadie repara.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-1694729823259225939?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/43858.html' title='El miedo al vacío'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/1694729823259225939/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=1694729823259225939' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/1694729823259225939'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/1694729823259225939'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2009/04/el-miedo-al-vacio.html' title='El miedo al vacío'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-6448911451450256374</id><published>2007-03-24T00:12:00.000-06:00</published><updated>2007-03-24T06:13:38.576-06:00</updated><title type='text'>UNA SOCIEDAD DEPRIMIDA</title><content type='html'>Hace varios años me invitaron a un programa de televisión para charlar acerca de una novela que recién había publicado. La conductora no sabía nada acerca de la novela ni estaba interesada en esa clase de obras. Su especialidad eran los libros de motivación personal o como se les denomina en estos tiempos de comicidad involuntaria: libros de autoayuda. El programa fue hasta cierto punto un desastre porque mi persona tenía poco en común con sus invitados pasados. Sin embargo, como afirmé entonces durante la transmisión, continúo pensando que formamos parte de una sociedad deprimida que requiere de alicientes para seguir viviendo. Los deprimidos necesitan libros donde se les indique cómo vestirse mejor o cómo hacer un buen papel en la cama. Después de entregarse a comidas indigestas tres veces al día necesitan un libro que les ofrezca consejos para bajar de peso. Después de ver televisión cinco o seis horas diarias tienen urgencia de un libro donde se les aconseje sobre cómo construir una familia sólida. En vista de que carece de imaginación el deprimido requiere que sean otros los que resuelvan sus propios problemas. De allí esa pavorosa proliferación de personas que se llaman a sí mismas expertos y que atienden a los enfermos de la sociedad deprimida. Ahora bien, estos expertos son a su vez enfermos en cuanto existen no por vocación sino para satisfacer una demanda del mercado: son una especie de medicina simbólica que crea adicciones todavía más profundas. Además de reconocer su impostura sabemos que el experto es un ignorante en los campos de conocimiento restantes: no es un investigador o un científico ni mucho menos un filósofo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debido a que solemos hacer cualquier cosa para evitar pensar es necesario tener a la mano un mecanismo que realice las funciones del pensamiento. Este mecanismo no es otra cosa que un mercado seductor que nos propone saberlo todo sin saber nada a fondo (internet, periódicos, revistas, medios electrónicos). Se dice hasta por los codos que la información es poder, pero no se dice que de nada sirve esta información si no puede ser ordenada, comprendida o asimilada en función de valores o estructuras más sólidas. Cuando le preguntas a una persona por qué razón no lee, te dice que no tiene tiempo. No tiene tiempo porque está ocupada en hacer todas las cosas a medias, en vivir sin calidad. El mundo va demasiado aprisa como para detenerse en la lectura, pero es precisamente este detenerse a pensar lo que hace diferentes entre sí a los hombres. Los libros piden lectores, como escribió Michel Houllebecq, pero estos lectores no deben ser sólo consumidores, sino sujetos con vida propia dispuestos a esforzarse por comprender. Esta carencia de lectores o de ciudadanos capaces de pensar por sí mismos nos lleva a una sociedad deprimida y fundamentalista donde tanto los gobernantes como los medios de comunicación electrónica tienen la posibilidad de engañar con suma facilidad a los ciudadanos: el caso de Bush es más que elocuente. Qué sentido tienen las democracias actuales si están formadas por hombres menospreciados, deprimidos, incapaces de establecer diferencias entre las toneladas de información que los medios de comunicación lanzan a sus rostros. Casi nadie lee a Steiner, Trías, Gadamer, Feyerabend, Morin, Sloterdijk, Racionero, Kertész, Juliana González, ni tampoco a novelistas cuyas obras poseen un enorme valor humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es extraño que esta sociedad deprimida dedique su tiempo a los videos donde aparecen políticos recibiendo dinero o frente a una televisión que con pocas excepciones es lastimosa: no es de extrañar tampoco que consuman –no lean– libros que aun cuando se vendan como aspirinas para la depresión son sin duda una de sus principales causas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-6448911451450256374?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/6448911451450256374/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=6448911451450256374' title='120 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/6448911451450256374'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/6448911451450256374'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2007/03/una-sociedad-deprimida.html' title='UNA SOCIEDAD DEPRIMIDA'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>120</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-6621544991239854186</id><published>2007-02-11T07:49:00.001-06:00</published><updated>2007-02-11T07:48:32.512-06:00</updated><title type='text'>¿HAS ESTADO FRENTE A UN ESCRITOR?</title><content type='html'>La mañana del sábado siete de enero me levanté maldiciendo al mundo. Eso es lo que hago todas las mañanas, maldecir al mundo por abrir los ojos y encontrarme de nuevo conmigo mismo. Qué bueno que no tengo un perro porque le patearía el culo todas las mañanas. Pero tengo una mujer. Así que para evitar violencias absurdas me visto en silencio, me calzo los zapatos y salgo a la calle. ¿Qué día es hoy?, me pregunto, es justo la mañana del siete de enero. Pienso en la noche anterior, en los amigos que me acompañaron en la juerga estúpida. Aún tengo cocaína en los bolsillos, un gramo que a estas horas de la mañana me parece una tonelada. ¿Por qué carajos no lo consumí todo anoche? Ahora tengo que comenzar de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camino por avenida Revolución buscando la única cantina que está abierta. Entro. Pido una cerveza tan fría como la vagina de un tiranosaurio, o el culo de un miserable, o los pies de todas las mujeres muertas. El mesero no me ve a los ojos, pero sabe que estoy tratando de recuperar el juicio. Intento recordar lo que sucedió anoche, reunir los pedazos, ver entre la niebla química los rostros que me acompañaron, pero me es imposible reconocerlos; varias noches se despeñan dentro de mi cabeza confundiéndose entre sí, haciéndome sentir un minusválido. Después de todo no es tan malo, ¿para qué quiero recuperar una mente que siempre ha estado a la deriva? Formo una línea sobre la mesa, nadie me ve, el cantinero me da la espalda, el mesero armado de una escoba desvencijada empuja una mancha de agua hacia la calle. Un línea para que la memoria transforme su cuerpo de elefante en la silueta de una bailarina. Nada. La cabeza es una mina que estallará sin que nadie la detone. Mi nariz sangra en sentido contrario porque percibo un líquido tibio recorriendo mi garganta, escapando hacia el estómago: ¡Tengo un estómago! Ahora lo recuerdo: estuve en una recámara con varias personas, mujeres casi todas. También había un perro blanco que nos miraba con una extraña simpatía. Llamamos a un díler que tocó a la puerta justo a las dos de la mañana. Compramos dos gramos. El díler se fue a un rincón donde se acomodó a sus anchas. En seguida sus ronquidos colmaron la recámara. Alguien le puso encima una cobija. Lo despertamos para que volviera a pertrecharnos. Lo hizo y de inmediato volvió a sumirse en sus sueños indeseables. Comenzaba a amanecer, pero las cortinas estaban de nuestra parte. Hurgamos en nuestros bolsillos. Reunimos ochenta pesos con cincuenta centavos. Cuando nuestro huésped se dio cuenta de que no teníamos más dinero se levantó, nos tendió la mano, miró las paredes tratando de valuar los cuadros y se marchó. No encontró una sola pintura que valiera lo que un gramo. ¿Entonces qué hago ahora yo con un papel en la bolsa? Los recuerdos han vuelto a cambiar los platos de la mesa. Busco un celular, lo he perdido, como siempre en las madrugadas cuando uno quiere tirar todo a la basura, aligerarse, correr detrás de todas las mujeres que, como si nada, esbozan sus sonrisas insensatas. Abandono mi mesa para ir en busca de un teléfono. Llamo a Amanda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué sucedió anoche?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te largaste sin avisar, como siempre.&lt;br /&gt;-¿Dónde estuvimos?&lt;br /&gt;-En mi casa.&lt;br /&gt;-No recuerdo demasiado. Dime si me comporté como una persona decente.&lt;br /&gt;-Por favor, Guillermo, ve a contarle tus penas a un sacerdote. &lt;br /&gt;-¿Qué haces?&lt;br /&gt;-Nada, seguimos en la fiesta. Te esperamos.&lt;br /&gt;-¿Siguen allí?&lt;br /&gt;-No importa que la gente sea viciosa, mientras sea inteligente.&lt;br /&gt;-No te justifiques conmigo, no soy sacerdote y tu padre está muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo a mi mesa, la cerveza no está, el mesero me dice pensamos que te habías ido, no tenían muchas esperanzas de que les pagara, le extiendo un billete de doscientos pesos que he obtenido de un cajero automático, esto para que no piensen que soy un desgraciado, y si lo piensan que disimulen, malditos hijos de puta. Ahora tengo un dilema, quedarme toda la tarde en la cantina o compartir la cocaína con mis amigos. Continuar hasta el otro día o hacer de mis narices una mina de sal, escuchar confesiones estúpidas o quedarme solo a esperar que el tiempo decida por sí mismo. Puedo llamar a una de mis amigas. ¿Para qué? Todas las perras tienen su vida privada y yo no soy más que su cocaína. Ahora no pueden consumirme porque están chupando el pito de sus pequeños hombres. Nadie quiere consumirme a las dos de la tarde. Mi mujer está en sus clases de baile. Odia mi olor a noche perdida, mi aspecto de borracho estúpido. Tengo que ahorrarle mi presencia, único obsequio que puedo ofrecer a las personas que quiero. El mesero balbucea una frase que no entiendo, ¿qué quiere? El vicioso quiere una linea, lo que sea mi voluntad, sólo si me sobra un poco, por supuesto, ve a buscarla al baño en un minuto, me levanto, ahora soy el mesías que la clase trabajadora esperaba, vuelvo, el mesero sonríe, ahora es mi cómplice. Mi cuerpo es un costal de piedras, la cocaína sirve para echar unas cuantas piedras fuera, pero no es suficiente, necesito contarle al mesero que soy escritor, que me publicarán pronto dos nuevas novelas, que mi revista continúa flotando sobre el pantano, que vendo mis artículos al mejor postor, que mis amigos se han ido casi todos al carajo, que me vale madres la patria, que mi mejor amigo es el que me invita la siguiente línea, pero el efecto ha pasado y prefiero mantenerme en silencio, como debe hacerlo cualquiera que respete los sábados sombríos. ¿Dónde habrá quedado la anforita de plata que me trajo Yoshua de Los Ángeles? La he perdido, como todo, como los libros, el dinero, los discos, mis lentes oscuros, el auto, me deprimo, pero con una línea basta para comenzar una conversación con el mesero. Quiere otra línea, hijo de puta, pero antes me tendrás que escuchar: ¿Alguna vez has tenido frente a ti a un escritor?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-6621544991239854186?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/6621544991239854186/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=6621544991239854186' title='37 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/6621544991239854186'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/6621544991239854186'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2007/02/has-estado-frente-un-escritor.html' title='¿HAS ESTADO FRENTE A UN ESCRITOR?'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>37</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-115718475126646854</id><published>2006-09-02T03:11:00.000-05:00</published><updated>2007-02-11T07:43:10.679-06:00</updated><title type='text'>Educar a los topos</title><content type='html'>Sentado en una de las cabeceras de la mesa, sin pronunciar palabra, fingía concentrarme en las migajas esparcidas sobre el fondo del plato. Esperaba, de un momento a otro, la orden de marcharme a la cama porque no era correcto, según rezaban nuestras odiosas costumbres, escuchar las conversaciones de los adultos, sobre todo una vez entrada la noche, ¿las diez?, hora en que ellos se relajaban y tiraban al agua las piedras acumuladas durante el día para tratar asuntos que los menores de edad no podrían comprender. Como si en verdad existiera algo no apropiado para los niños. ¿Acaso no somos la concreción de un chorro de leche que lanza un pene enloquecido? Como si nuestra sangre no contuviera desde un principio todos los vicios de los padres y sus ancestros. En un momento de silencio mi padre, sereno, como si tratara un asunto de relativa importancia, comunicó a todos en la mesa que había decidido inscribirme en una escuela militarizada. La primera reacción fue de asombro. Nadie había siquiera pensado en la posibilidad de que se me confinara en una escuela de esa clase. Podría tratarse de una estrategia de corrección, pero el anuncio impuesto de manera tan solemne tenía más cara de ocurrencia nocturna que de otra cosa. No, las bromas estaban descartadas en un hombre que no practicaba la risa delante de su familia. ¿Entonces? Después del anuncio comenzó una larga discusión que despertó lágrimas en mi abuela, una mujer de sangre endemoniada, pero noble en sus actos. De ninguna manera consentiría que su primer nieto, con sus escasos once años de edad, se transformara en un soldado: ¡Un soldado! Además de sospechar que su esposo, mi abuelo, Patrocinio Juárez, había sido asesinado por un grupo de militares en Durango cuando su carrera política comenzaba a ascender, no solaparía que su nieto fuera educado con una disciplina tan ingrata como absurda. Si los soldados son como las garrapatas, como los hongos, están allí desde el principio de la humanidad, ¿cuál es su mérito? Me sorprendió ver llorar a una mujer de su carácter, pero lo que más me intrigaba era el hecho de que lo hiciera por mi causa. Si me ponía a hacer cuentas aquella era la primera vez que mi abuela soltaba unas cuantas lágrimas en mi honor. Había que celebrarlo. -Sólo a los delincuentes se les inscribe en escuelas de soldados -dijo. Aún conservaba su acento norteño, pero su cabello después de tantos tintes había perdido su color original. Sobre la mesa, como la crátera alrededor de la que todos nos reuníamos, estaba una charola con piezas de pan dulce que mi abuela compraba por las mañanas en la panadería San Simón: cuernos, orejas, corbatas, panqués. Acostumbraba guardar este pan dentro de una cacerola de peltre para que no se pusiera duro. Efectivamente, el pan no se endurecía pero se ablandaba tanto que daba asco comerlo en el desayuno. La cacerola con pan, el recipiente de los búlgaros donde se agriaba la leche, la damajuana de barro para almacenar agua, eran todos elementos de la naturaleza muerta que mi abuela confeccionaba pacientemente en su comedor. -No es una escuela de soldados -replicaba mi padre-, son cadetes, estudiantes como otros cualquiera. Creo que ha llegado el momento de que mi hijo se entere de que no ha nacido en un paraíso. -Para saber que la vida no es un paraíso no hay que encerrarse en un corral de puercos-. La recuerdo bien. Llevaba puesto un abrigo de colores con un cuello afelpado, imitación de piel. A sus pies una gata blanca: “Nieves” la llamaba. Y “Puta Nieves” cuando se ponía en celo. Y “Maldita Puta Nieves” cuando orinaba en el linóleum. -Jóvenes cadetes-. A mi padre le molestó que se les llamara puercos a mis futuros compañeros. -Pequeños marranos -acentuó la abuela. Y punto. Mi madre, a contra corriente de su paciencia habitual, amenazó con levantarse de la mesa si volvía a escuchar cualquier palabra relacionada con una escuela militar: -No toleraremos que cometas una tontería así con este niño. Hablaba en plural, haciendo suyas las palabras de su suegra, elevando la voz a tonos increíbles. Su hijo mayor, en quien ella encontraba una sensibilidad fuera de lo común, no tenía por qué ser condenado a vivir en un colegio militar. Era demasiado pronto para echarme a perder. -¿Tú qué vas a saber? Ocúpate de tener a los niños limpios: yo me haré cargo de su educación. -No estamos en Alemania ni en guerra para que deba ir a un internado militar. Para mi madre, todas las guerras se relacionaban con la Alemania nazi. Su hijo sería un artista, un pintor, no un soldado alemán que debe pedir permiso hasta cuando quiere ir al baño. Fue entonces que salté de mi asiento. Si bien mi madre había prohibido mencionar la palabra militar en la mesa había sido ella, me imagino que llevada por su desesperación y la ausencia de talento político quien puso sobre la mesa una palabra que me caló en los huesos: internado. La alusión a una escuela militarizada no me causó mayores sobresaltos porque semanas antes mi padre, calculador, me había comunicado que una de las opciones para continuar mis estudios en la secundaria era convirtiéndome en cadete. ¿En qué consistía ser cadete? No lo sabía con exactitud, pero tampoco me importaba gran cosa. A los once años habría aceptado ir al rastro sin hacer preguntas. Mi padre había preparado bien el camino anticipándose a la belicosa reacción de las mujeres, pero lo que jamás me dijo fue que estaría internado, desterrado como un maleante. -Un momento -se defendió él, acorralado por las críticas-, no he hablado de internar al niño. Estará medio interno, solamente. Puede volver a su casa para dormir. Y si la escuela no estuviera tan lejos podría comer aquí todos los días. ¿Eso les parece trágico? ¿Dónde está el drama? Además, no es una escuela militar, sino un colegio con disciplina militar; una escuela como existen tantas, sólo que aquí no le permitirán comportarse como animal. Ustedes estarán satisfechas cuando termine en la cárcel: quieren un héroe, un estudiante en huelga. -Los estudiantes no tienen nada que ver aquí -arremetió mi abuela. Yo había reunido las migajas, las había triturado para formar sobre el plato un ojo que me miraba burlón. -Claro que tienen que ver. Para ser un rebelde lo primero que uno debe saber es contra qué se rebela. Un estudiante no incendia o destruye el instrumento con el que se gana la vida un obrero -dijo mi padre. Aludía a que durante septiembre del año sesenta y ocho, un grupo de estudiantes universitarios había prendido fuego a varios trolebuses para protestar por las represiones policiacas. Entre los vehículos quemados estaba el que conducía mi padre desde Ciudad Universitaria hasta el Palacio de los Deportes. Existe una fotografía donde se le puede ver a un lado de los restos calcinados de su trolebús. Es para romperle el alma a cualquiera. -Pero no tenían qué matarlos -masculló la abuela. -Claro que no. Yo lo único que sostengo es que su rebeldía era contradictoria. Defendían a los obreros y buscaban su respaldo, pero entre tanto destruían sus fuentes de trabajo. ¿Qué te parece? -No estamos hablando de eso. -Es justamente el tema. Quiero proteger a mi hijo de esas contradicciones desde ahora. Y una razón de peso para inscribirlo en una escuela militar es que está demasiado cerca de su madre, de ustedes. Me lo van a volver marica. Es un niño, no su maldita dama de compañía-. ¿De dónde sacaba mi padre esa clase de frases? Estrictamente hablando nadie en la familia había tenido contacto con una dama de compañía. Las mujeres de mi casa no eran duchas a la hora de enfrentar los argumentos paternos. No obstante, cuando sospechaban que se estaba cometiendo una injusticia, reaccionaban sin necesidad de argucias retóricas: primero la pasión, el miedo, la sospecha de un atentado, y después las palabras. Lo primero, lo imprescindible era repeler los ataques; ya más tarde vendrían las aburridas negociaciones. La noticia de mi reclusión en una academia militarizada llegó de manera sorpresiva cuando sólo faltaban unos días para que comenzaran las inscripciones a la secundaria. No había tiempo para preparar una contraofensiva decorosa; tampoco para una digna resignación. Mi padre sabía cómo usar las palabras. No sé en qué consistía exactamente su talento, pero podía anunciarte tu muerte de tal manera que pareciera un acto sin importancia. O, por el contrario: hacía que un acontecimiento sin relevancia alguna pasara como el más grande suceso de nuestras vidas. Su poder no provenía de sus bíceps popeyescos, ni de sus ojos de toro enfurecido, sino de sus palabras. ¿Cómo oponerse a ellas? Él hablaba desde una tribuna vitalicia a la que no llegaban las objeciones del pueblo. Y yo era el pueblo. Y mi madre era también el pueblo. -Es mi derecho decidir sobre su educación, el mínimo derecho que se le concede a un padre -el supremo juez aludiendo al derecho, nada menos-. Si estuviera en sus manos lo tendrían en la cocina cortando cebollas. -Allá es donde van a ponerlo a cortar cebollas. Los militares son todos unos criados -dijo mi abuela. Ella sabía, por experiencia, que la decisión estaba tomada y que ni el llanto de todas las vírgenes podría poner la balanza de su lado. -Estos criados dominan decenas de países en el mundo y todo el mundo los respeta. -Tienes razón, pero eso los vuelve todavía más siniestros. Criados armados, no puedo imaginarme un mundo peor. Una semana antes del anuncio oficial, mi padre echó mano de su mejor retórica para convencerme de que la escuela militarizada nos revelaría una mina de hermosas actividades: los cadetes viajaban varias veces al año con destino a países lejanos; los cadetes hacían deporte en instalaciones de primera categoría, como albercas profundas o gimnasios de duelas relucientes; los cadetes eran admirados por las mujeres que no podían evitar mirarlos cuando pasaban a su lado; los cadetes, expertos en balística y artes marciales eran, en consecuencia, respetados por todos los jóvenes de su edad que veían en ellos a hombres superiores. Se trataba sólo de un montón de engaños porque, como comprobaría más tarde, los cadetes de esa escuela, a excepción de una vez al año que salían a hacer prácticas militares a Toluca, no viajaban jamás; ni tampoco practicaban deporte en bellas instalaciones de duela y mosaicos azules; ni eran respetados por otros jóvenes que, por el contrario, se divertían gritándoles majaderías en la calle; y mucho menos eran admirados por las mujeres que en ese entonces comenzaban a enamorarse de los hombres con cabello largo. Las mujeres despreciaban ejércitos enteros de gladiadores y hombres superiores con tal de meterse a la cama con un cantante de pelos largos: amaban las cabelleras por sobre todas las cosas, por encima incluso de los caramelos. Nunca imaginé cuánto podía ser admirado mi cabello por las adolescentes hasta que lo contemplé cercenado y esparcido como aserrín en el piso de una peluquería: el cráneo rapado estaba en el aparador, el casquete corto a cepillo, peor que ser castrado, y el cráneo topológico. Y no conforme con mentirme, mi padre me pidió discreción, es decir silencio absoluto, porque nuestros planes podían venirse abajo a causa de la intransigencia de su mujer: “Sabes bien cómo es tu madre”. Habría de escuchar durante décadas esta frase, como si con sólo pronunciarla mi padre despertara en mí una complicidad que nos pondría a salvo de la atribulada naturaleza femenina. Los lobos reconocemos nuestros aullidos a cientos de metros de distancia, los escuchamos abrirse paso en la espesura. Los lobos sabemos que las mujeres poseen ciertas obligaciones que cumplir, las han tenido durante siglos, y una de ellas es permitir a los hombres educar a los hombres, enfrentarse, moldearse entre sí como dos golpes secos: el tiempo transcurre, pero los animales rugen, conquistan, desgarran la carne, y ojalá fuera de otra manera, pero así son y serán las cosas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-115718475126646854?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/115718475126646854/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=115718475126646854' title='37 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/115718475126646854'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/115718475126646854'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2006/09/educar-los-topos.html' title='Educar a los topos'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>37</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-114798295449341627</id><published>2006-05-18T15:08:00.000-05:00</published><updated>2006-05-18T15:16:59.040-05:00</updated><title type='text'>www.moho.ws</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.moho.ws"&gt;Nuevo sitio de Moho&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-114798295449341627?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/114798295449341627/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=114798295449341627' title='22 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/114798295449341627'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/114798295449341627'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2006/05/wwwmohows.html' title='www.moho.ws'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>22</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-113856116019467295</id><published>2006-01-29T12:58:00.000-06:00</published><updated>2006-01-29T12:59:20.206-06:00</updated><title type='text'>El demonio en la pared</title><content type='html'>Mi relación con los médicos no ha prosperado jamás, ni creo que mejore en los próximos años. Todavía no he padecido una enfermedad que no haya logrado superar con un poco de coraje y una botella de licor. Suena primitivo, lo sé, pero no me avergüenza. ¿Cómo he podido oponer mi bárbara aversión a una ciencia que ha progresado con denuedo semejante? No importa si la medicina es incapaz de curar el cáncer o la eyaculación precoz de los mexicanos (ésta última ya una cuestión de salud pública), de todos modos casi nadie pone en duda sus importantes avances (financieros, por supuesto): en la actualidad el médico se parece más a un corredor de bolsa que a un misionero samaritano. &lt;br /&gt;No sé si prefiero ponerme en manos de los médicos o lanzarme a los brazos de la muerte. Lo segundo es mucho más digno, pero no vive uno para presumirlo. Cuando escucho decir a las personas que tienen una cita con el médico experimento una extraña sensación de tristeza. ¿De modo que estos seres tienen intenciones de continuar viviendo entre nosotros? Cuánto me gustaría disuadirlos de sus propósitos, pero es imposible porque tomarían mis palabras por los argumentos de un loco. Nadie conserva en estos días el carácter suficiente para vivir tan sólo unos cuantos años. Como si se necesitaran más de treinta para darse cuenta de que aún doscientos años de vida nos serían insuficientes. Y por si fuera poco son los más feos, los seres más desagradables quienes acuden puntualmente a su cita con el médico. Con un mes de anticipación la menos agraciada de mis tías hace cita con su médico de cabecera, pues sospecha que durante el transcurso de ese mes acumulará suficientes males para justificar la consulta. &lt;br /&gt;Pocas personas consiguen establecer una amistad decorosa con sus enfermedades. La mayoría prefiere la guerra. En cuanto una enfermedad asoma la cara, el enfermo corre como una liebre al médico. Todos tenemos miedo de nuestro cuerpo y necesitamos silenciarlo: es uno de nuestros peores enemigos. Así las cosas, ni siquiera dudamos en aceptar cuando un médico toma la decisión de abrirnos en dos como a una rana. Aceptamos gustosos el diagnóstico y nos tiramos panza arriba sobre el quirófano. No me extrañaría que un estudio minucioso de estas cuestiones nos revelara que la mayor parte de las operaciones son innecesarias, motivadas por afanes de lucro, impaciencia, ausencia de alternativas, sospechas infundadas, pero sobre todo a causa de la morbosa pasión de los médicos por entrometerse en nuestros cuerpos: espías adictos que no conocen más que una sola ruta. Espías, enemigos que desean progresar a nuestras costillas. No me parece errado el escritor Peter Sloterdijk cuando dice que el médico pinta con una mano el demonio en la pared y con la otra nos opera. En definitiva, prefiero una botella de licor para llevarme a la tumba que morirme en medio de una cirugía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-113856116019467295?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/113856116019467295/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=113856116019467295' title='54 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/113856116019467295'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/113856116019467295'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2006/01/el-demonio-en-la-pared.html' title='El demonio en la pared'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>54</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-113001729852183991</id><published>2005-10-22T16:38:00.000-05:00</published><updated>2005-10-22T16:41:38.526-05:00</updated><title type='text'>Los naipes de la abuela</title><content type='html'>A lo largo de mi vida he tenido buenos amigos. Salí a mi abuela Salustia que aún después de sus 60 años continuaba organizando fiestas escandalosas en las que participaban decenas de ancianas que, en suma, debían acumular en sus cuerpos casi todas las enfermedades del mundo. Entre ellas recuerdo a una en especial, Conchita Jiménez, que bebía como cosaco sin perder el estilo ni la estabilidad. Cuando le preguntaban cuál era el secreto de semejante fortaleza ella respondía, seria como un enterrador, que el licor no le hacía efecto porque la mayoría se lo tomaba su marcapasos. Tanto sus hijos como el doctor que la atendía decidieron que la duración del marcapasos tendría que ser de cinco años pues dudaban que la anciana pudiera sobrevivir más allá de ese tiempo. Conchita Jiménez se quejaba porque estaba segura que viviría más años y no quería someterse de nueva cuenta a otra operación. Varias veces tuvieron que cambiarle el complejo marcapasos a esta mujer que vivió más de 90 años. Llevaba todos los marcapasos viejos en la bolsa y los sacaba a la menor oportunidad. Los colocaba sobre la mesa: ?¿Alguien quiere apostar a que me muero este año??, decía socarrona Conchita Jiménez. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como mi abuela yo he perdido también muchos buenos amigos. La diferencia es que mientras los míos se iban simplemente al carajo, los de ella se metían para siempre en el ataúd. Es una tristeza que las amistades no duren para siempre. Tarde o temprano el desencanto se hace presente, la envidia, el hartazgo, la estúpida competencia, los celos llegan para quebrantar las amistades más sólidas. Me es imposible olvidar a las sexagenarias amigas de mi abuela sentadas alrededor de una mesa jugando naipes. No faltaban jamás a la partida, excepto cuando la muerte tocaba a las puertas de su casa. Viciosas como eran, si hubieran tenido oportunidad habrían continuado la partida encima del ataúd. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Haciendo sumas, la vida útil de un amigo está entre los cinco y los 10 años. Lo demás es drama mal llevado o hipocresía. Cuando los amigos comienzan a comportarse con la patanería de un familiar o el cinismo de un abogado lo mejor es enterrarlos de por vida. No hacerlo equivale a volver la vida más triste de lo que ya es. Una excepción: conservo una buena amistad con una persona desde hace 30 años sólo porque nos vemos para comer aproximadamente cada 12 meses. La razón de esta lejanía es que difícilmente tolero a los niños -mi amigo tiene tres- y su esposa cree que soy una mala influencia. Así he perdido varias amistades: porque sus mujeres creen que los llevaré por el mal camino. Y tienen razón.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-113001729852183991?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/113001729852183991/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=113001729852183991' title='28 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/113001729852183991'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/113001729852183991'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2005/10/los-naipes-de-la-abuela.html' title='Los naipes de la abuela'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>28</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-112699988741844448</id><published>2005-09-17T18:28:00.000-05:00</published><updated>2005-09-17T18:31:27.426-05:00</updated><title type='text'>El Barroco</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1850/141/1600/CUARTO258.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1850/141/400/CUARTO258.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;La palabra barroco es sin duda ya una expresión popular. Apenas escuchamos decir que determinada cosa o persona es barroca, nuestra mente nos entrega una imagen abigarrada, carente de sobriedad. Fuera de las definiciones cultas o históricas, se piensa en el barroco como lo exaltado, lo que se mueve y abandona su lugar, lo que traiciona lo clásico para entregarse a nuevas maneras de expresión. Una traición que podría comprenderse mejor como evolución, ya que sin un fundamento clásico lo barroco no podría producirse o tener lugar. Ahora bien, ¿tiene algún caso escribir acerca del barroco en estos tiempos donde el lector común sólo desea enterarse de actualidades? ¿Acaso lo barroco no está enterrado en las vitrinas de los museos y los libros de arte? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos imaginamos un carácter barroco como uno apasionado, oscuro, poco dispuesto a conducirse con mesura aun cuando a veces se exprese con propiedad. El carácter barroco nos propone trascender nuestras formas clásicas de supervivencia: el trabajo rutinario, el ahorro, la organización de nuestro conocimiento y el orden tradicional, en pos de una dramatización absoluta. Proveniente de la palabra italiana barocco (impuro, mezclado, bizarro, audaz), el barroco designa un estilo artístico que comienza a mediados del siglo dieciséis y tiene sus últimos estertores siglo y medio después. Sus versiones son contrastantes y las encontramos arraigadas en los más distintos parajes: desde la pintura italiana hasta el drama alemán, pasando por la poesía española del siglo diecisiete. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos impulsos cruciales parecen recorrer la historia del arte en Occidente: uno de ellos se revela como un constante volver hacia lo clásico, a los cánones griegos o primigenios de la cultura; el otro, complementario, tiende a la ruptura, a la aventura y a la renovación de los modelos clásicos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lo general las artes neoclásicas son parte de la primera definición. Los estilos romántico y barroco, por el contrario, poseen un alma aventurera (Goethe definía al clasicismo como salud y al romanticismo como enfermedad). No quisiera detenerme en estas definiciones tan abarcantes, superadas en todos los sentidos, pero diré que el estilo barroco no puede concebirse sino como desprendimiento del arte clásico renacentista que se extendió en varias ciudades europeas después del medioevo. Fue un deseo de ir más allá, de saltarse la cerca sin abandonar completamente la casa. Como sabemos, primero viene la crisis, el dudar y poner en entredicho lo clásico (la voz de los padres); después viene el rompimiento que da lugar a las formas nuevas: así parece proceder la vida y así también, a través de sus nuevos estilos, el arte. El filósofo mexicano Bolívar Echeverría sugiere que la propuesta del barroco consistió en sacudir las formas, las proporciones clásicas aceptadas como perfectas para despertar así la vida que dormita o está congelada en ellas. El barroco como una manera de abrir puertas, de liberar, de mostrar un nuevo equilibrio en los terrenos del arte. En México los ejemplos más prácticos o evidentes de arte barroco podemos encontrarlos en el ámbito de la arquitectura religiosa. El símbolo y la alegoría como corazón del barroco no sólo tendieron a seducir al indio para sumarlo a un orden nuevo, sino incorporaron también los efectos de su imaginación: se trataba de seducirlo con formas que expresaran algo más que un canon. Cualquiera que visite la iglesia de Santa María Tonantzintla, a unos minutos de Puebla, puede comprobar mis palabras: la ornamentación del templo saturada de formas imposibles nos traslada de súbito a un espacio fantástico, los colores primitivos nos convierten en espectadores de un juego pagano. Manuel Toussaint, el gran historiador de arte colonial mexicano, describió así la iglesia de Tonantzintla: ?Todo su interior está revestido de ornatos en relieve que vistos en conjunto presentan el aspecto de una gruta maravillosa o el santuario de un dios desconocido?. Otro ejemplo arquitectónico del barroco extremo se encuentra en el convento jesuita de Tepotzotlán, en el Estado de México. No creo que exista, excepto en la mente de un loco, una ornamentación semejante: el miedo al vacío ha saturado cada centímetro del camarín y el altar: es imposible respirar, reflexionar, asimilar cada una de las formas doradas, de las metáforas bíblicas que se arrojan sobre el espectador sin pudor alguno. Así, una vez que la razón y la distancia han sido anuladas, sólo nos queda lanzarnos al vacío, a la contemplación de lo divino, al suicidio místico (quizás a esto se refería Walter Benjamín cuando decía que la polémica no formaba parte del espíritu barroco). Si de algo estaban conscientes quienes labraron el camarín del convento de Tepotzotlán era del efecto que podían causar en el hombre de su tiempo. Se trata de arte religioso, cristiano, pero al mismo tiempo arte de la locura alegórica, de la comunicación excesiva. En el barroco extremo impera el temor al vacío, la necesidad de colmar los altares y la mente de símbolos referidos a un mundo divino, un mundo cuya grandilocuencia nos haga enmudecer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como podemos ver, nuestra época no es ajena al barroco: la tecnología, la desordenada acumulación de saber y la libertad para expresarse producen diariamente objetos de naturaleza barroca. Habitamos una época saturada de símbolos, de alegorías comerciales, incapaz de guardar silencio o de mostrar mesura en sus expresiones comunicativas. No es el arte religioso -como sucedió en el siglo diecisiete- el vehículo del barroco, sino la sociedad entera: policromía y eclecticismo en la comida y en la arquitectura, exceso de oferta en la música, imágenes que apresuradas se suceden en las calles o en la pantalla electrónica sin dejar margen a una interpretación profunda. La comunicación excesiva nos lleva a delirar o a enmudecer. Se trata, por supuesto, de un barroco enloquecido, de uno que ha perdido el control; no un estilo o una tendencia histórica sino un crecimiento desmedido del tejido visual, un cáncer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La inclemente producción de imágenes contemporánea nos recuerda poco menos al barroco que a una tendencia conocida como churrigueresca, la cual toma su nombre del arquitecto español José de Churriguera. Si en el barroco existe equilibrio aun en sus alegorías excesivas, en el churrigueresco la columna vertebral se quiebra y la imaginación pierde raíces: no se parte del arte clásico para renovarlo o vitalizarlo sino que se detiene en una exaltación desmesurada de las formas hasta vaciarlas de dirección o contenido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Termino con una apreciación; como el romanticismo, el barroco no ha sido sólo una tendencia artística, un estilo, sino también una manera de ordenar los valores morales y de comprender el mun-do: de vivir. Sus obras pueden ser contradictorias y varían según las épocas, los países y la posición de sus críticos. Son barrocas la poesía de Góngora y sor Juana Inés de la Cruz, El criticón de Baltasar Gracián, el sagrario de la Catedral Metropolitana en Ciudad de México, las pinturas de Cristóbal de Villalpando, la música de Vivaldi, las esculturas de Bernini, el teatro de Calderón de la Barca. La diversidad de estas obras nos dice que el barroco fue un espíritu, una moral y un estilo que tuvo su expresión más acabada en una época. Sin embargo este espíritu vuelve a hacerse presente en nuestros días donde todas las tendencias del arte, sin ninguna vergüenza, se sientan a la misma mesa: una época de excesos visuales y simbólicos, una época barroca.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-112699988741844448?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/112699988741844448/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=112699988741844448' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/112699988741844448'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/112699988741844448'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2005/09/el-barroco.html' title='El Barroco'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-112674442556175110</id><published>2005-09-14T19:32:00.000-05:00</published><updated>2005-09-14T19:37:14.380-05:00</updated><title type='text'>Mi hijo para presidente</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3868/248/1600/LODO264.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3868/248/400/LODO264.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;Existe una fotografía donde se me puede ver de niño, con un micrófono en la mano mientras, a mis espaldas, la abanderada de mi escuela primaria mira a la cámara sin mostrar emociones, como debe hacerlo una portadora del lábaro patrio. Tengo sobre mi cabeza una ajustada cuartelera y cubro mis manos con unos holgados guantes blancos. Probablemente, al comprar estas prendas, mi madre debió considerar mis manos demasiado grandes y mi cerebro bastante modesto. No se equivocaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis palabras iban dirigidas a la generación que abandonaba los territorios de la primaria para seguir sus estudios en otra escuela: a partir de ese día, nosotros, los alumnos de quinto año, pasábamos a ocupar sus pupitres. Aquella fue la única vez en mi vida que recité un discurso de despedida, aunque dudo mucho que se me comprendiera pues tenía el micrófono casi soldado a los labios. El discurso lo preparó mi padre la noche anterior a la ceremonia y debí memorizarlo durante la madrugada. Al día siguiente, somnoliento como estaba, olvidé los pasajes donde se ensalzaba la figura del director a quien mi padre deseaba halagar (según él para bien mío). Mi padre siempre fue experto en halagar a las instituciones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de aquella ocasión sólo he vuelto a tomar el micrófono para despotricar contra la humanidad. Sobre todo en mi vida universitaria donde me rebelé con más vehemencia contra las autoridades. No volveré a hacerlo pues mi experiencia me dice que son las personas más detestables las que se empeñan en dirigirse al público. Tiranos, predicadores, líderes, ninguno de estos personajes titubea para subir al estrado y ofendernos con sus palabras. Tal vez desean salvarnos porque ellos están hundidos en la inmoralidad, o porque bajo el estrado balan miles de ovejas deseosas de ser conducidas por el sendero del bien. Y no importa que sea un discurso trivial, éste cobra importancia cuando va dirigido a un público cautivo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contra mi propia opinión fui elegido para dar el discurso de despedida a la generación saliente. ¿Habrá mi padre pagado por ello? El hijo del carnicero podría haber expresado unas palabras más sentidas que las mías; lo imagino comparando el porvenir de los compañeros con una jugosa chuleta de cerdo. Nadie como él tenía tanto derecho a la metáfora. Sin embargo, me eligieron a mí porque mis maestros afirmaban que tenía dotes de orador. Veían en mí a un pequeño político que años más tarde ofrecería nutridos discursos a la población. Y es que entonces todos los maestros de primaria soñaban con darle clases a un futuro presidente de la república. Un mal sueño, porque desde entonces no conozco a un sólo presidente mexicano al que se le recuerde con cariño o agradecimiento. Hablar en público nos hace mentirosos de principio. Ni siquiera en las bodas se salva uno de mentir cuando felicita en voz alta a los novios (a mí siempre se me antoja la novia). Si uno se dirige al público, a la masa, a los espectadores, miente aunque diga la verdad: "Me admira cómo se puede mentir poniendo uno a la razón de su parte", escribió Sartre en La náusea. La verdad de las palabras queda sepultada bajo el alud teatral del acontecimiento. El orador y quienes lo escuchan están hechos de la misma madera, encarnan en un matrimonio perfecto. Cuando, durante mi vida universitaria, subí al templete para arengar a los estudiantes, no lograba hacer a un lado el sentimiento de farsa que me embargaba. Mientras hablaba, mi otro yo suplicaba con su voz interior: "No me tomen en serio, no soy más que un miserable que requiere un poco de atención". Ojalá mi padre hubiera continuado escribiéndome los discursos después de la primaria; por desgracia, luego de que olvidé los halagos al director durante aquella mañana de hace casi treinta años, desistió de hacerlo. Se dio cuenta de que su hijo no servía para hablar en público. Y tenía razón.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-112674442556175110?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/112674442556175110/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=112674442556175110' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/112674442556175110'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/112674442556175110'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2005/09/mi-hijo-para-presidente.html' title='Mi hijo para presidente'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-112658610176614138</id><published>2005-09-12T23:33:00.000-05:00</published><updated>2005-09-12T23:40:56.146-05:00</updated><title type='text'>Los borrachos, cíclopes</title><content type='html'>El dilema de ser escritor radica en que uno debe estar borracho casi todos los días. Esta obligación no tiene orígenes gremiales, sino que es de naturaleza metafísica. Se encuentra en el ser mismo del escritor, aun cuando cabe la posibilidad de que éste se comporte como un desobligado y renuncie a beber alcohol. En este caso no hay nada qué hacer sino compadecerlo: jamás admirarlo. ¿O alguien admiraría a un ave incapaz de emprender el vuelo? Si uno es escritor tiene que hacerse de una buena condición física; esto con el fin de no causar lástima a nadie. Si no se tiene un cuerpo que destruir, entonces la caída suele ser impostada: ¿Qué sentido tiene destruirse si se está enfermo? La idea que anima el arte es la destrucción, pero qué hacer si habitamos un cuerpo destruido: terrible paradoja. Un escritor que balbucea después de beberse una botella es una vergüenza para todos los que presencian su caída. Puede armar camorra o insultar a su propia madre, pero no arrastrar la lengua como caracol en el paladar. Es una cuestión de elegancia. Un borracho sin elegancia es una de las peores calamidades con las que se encuentra uno a lo largo de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El escritor polaco Jerzy Pilch define bien el pudor del alcohólico frente al acto de la bebida cuando escribe: ?Al borracho le da vergüenza beber, pero le da más vergüenza no beber?. Si hubiera sabido que ser escritor implicaba reunirme con otros escritores para beber durante doce horas seguidas me habría dedicado a un oficio más saludable. ¿Acaso de esto se trata la literatura? ¿Beber hasta que el estómago se convierta en una bola de fuego y el corazón en un alambique? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En París era una fiesta, Hemingway acentúa el compromiso que tienen los escritores de beber todos los días. Estar de fiesta es tan importante como escribir un par de cuartillas diariamente. Si un escritor deja de escribir por dedicar más tiempo a su alcoholismo, entonces no ha comprendido en qué consiste el juego: es un novato. Hemingway cuenta en este libro que Zelda, la mujer de F. Scott Fitzgerald, inducía a su marido a la bebida porque de esta manera él dejaba de escribir. Ella le tenía envidia y le acercaba la botella. Me parece grandioso: ojalá todos los escritores tuviéramos una mujer así a nuestro lado: una mujer hermosa, rica, envidiosa que nos ofrece una botella de whisky cada mañana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jerzy Pilch ha escrito una de las novelas más perspicaces sobre el alcohol de las que se tenga memoria: Casa del ángel fuerte. Sin ánimos de glosarla diré que al concluir su lectura me he sentido fortalecido en todos los aspectos. El personaje de esta obra asegura que las filosofías o preceptos morales que rodean al acto de beber carecen de importancia. Para un bebedor lo que es valioso no es la filosofía del beber sino la técnica del beber. Saber cómo mantenerse en pie con dignidad es imprescindible, mientras que explicar por qué o para qué bebemos es sólo literatura. Tener un conocimiento preciso acerca de las bebidas o las mezclas que nos son inhóspitas es un acto de mínima sobrevivencia. No se trata de suicidarse, sino de destruirse poco a poco hasta encontrar resguardo. ?En mi modesta, borrachina opinión ?escribe un personaje de Pilch?, mientras no haya un ordenador que pueda beber más que un hombre, la humanidad no debería considerarse amenazada en sus principios?. La tecnología no trascenderá al hombre mientras el hombre pueda disfrutar de una botella de vino. Después de todo, el borracho es antes que nada un humanista. Quiero decir que su borrachera puede ser una manera de conocerse a sí mismo, de ampliar el horizonte de su saber. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El título de la novela de Pilch es una referencia a un párrafo del apocalipsis: ?Y vi a otro, el ángel fuerte, bajando de los cielos, ataviado con una nube...?. Pareciera que los escritores ven en el borracho a un santo, a una vestal que preside la noche más obscura del alma. Los santos bebedores son cíclopes desde cuyo ojo se mira a un dios despiadado que hace de nuestros placeres la experiencia más dolorosa. Un santo que además es lúcido en cuanto se ha desembarazado de los prejuicios que asuelan a los hombres sobrios. Después de todo, la verdad es una aventura, no la consecuencia de un saber ordenado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Joseph Roth, el santo bebedor de coñac, escribió Stefan Zweig que no era un bebedor alegre sino uno amargo, alguien que deseaba destruirse a sí mismo y que no podía echar fuera al ruso que llevaba dentro. El beber de Roth era, según Zweig, ?un beber maligno, tenebroso y hostil?. Sería absurdo pensar que el alcohol hace mejores a los hombres. Absurdo porque el hombre será siempre un ser envilecido por sus ambiciones, por sus temores. Lo que sí puede hacer el vino, dicho de la manera más romántica posible ?si no cuál sería el sentido de escribir acerca de este tema? es ofrecer a los hombres, aun sea por unos momentos, la reveladora visión de un condenado a muerte. Nada más cercano a la santidad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-112658610176614138?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/112658610176614138/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=112658610176614138' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/112658610176614138'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/112658610176614138'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2005/09/los-borrachos-cclopes.html' title='Los borrachos, cíclopes'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-112504408444894228</id><published>2005-08-26T03:14:00.000-05:00</published><updated>2005-08-26T03:15:16.000-05:00</updated><title type='text'>De los santos bebedores</title><content type='html'>"Dejar de fumar es muy fácil: yo lo he hecho centenares de veces", escribió Mark Twain con respecto al cigarro. Lo mismo pienso en cuanto al vino: abandonar la bebida es un asunto en realidad sencillo. Yo he dejado el alcohol cientos de veces, la última ocasión hace apenas dos semanas. Un boxeador mexicano, el púas Olivares, sostenía que a pesar de haber bebido alcohol durante sus últimos 20 años no había adquirido el vicio. En cambio, los escritores no pueden dejar la escritura. Ni en broma pueden sacudirse ese anacrónico vicio que continúan explotando aún en una época que les perdió el respeto. Un ejemplo es suficiente: atado al camastro de un hospital para indigentes, Joseph Roth, el santo bebedor de coñac, autor de obras memorables, alcohólico empedernido, seguía pensando en escribir. Y es que los escritores no son ascetas, no hacen caso a sus rodillas, como los futbolistas. Estos últimos saben retirarse apenas comienzan a crujir sus articulaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por el contrario, los escritores, creadores de signos imprudentes, no pueden detenerse porque en esencia son almas llenas de fisuras: son heterodoxos, promiscuos, curiosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si pudieran controlar sus impulsos serían unos santos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los bebedores extremos ?escriban o no? pueden llegar a ser santos porque en su alucinación alcohólica traspasan puertas, vislumbran otras realidades o, al menos, salen de sus cuartos a mirar la muerte. Esto me incumbe porque el vicio literario jamás me ha hecho atravesar una puerta: no he sido empujado hacia una salida o entrada inesperada, ni tampoco me he enfrentado a una realidad que me obligue a guardar silencio: hasta ahora continúo encerrado en las palabras. El sólo imaginarme que detrás de cierto umbral me aguarda un mundo desconocido me asusta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche bebiendo ron puede tener como desastrosas consecuencias que olvide durante muchas horas cientos de nombres que son parte de mi cultura: ¿a cuántos escritores rusos olvido después de unos cuantos tragos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En contraparte, el borracho sin prejuicios, en sus momentos de mayor decadencia, comienza a sumirse en una suerte de placentero olvido memorable. Se libera de las cadenas porque las palabras a su vez pierden cuerpo y abandonan su sitio en la cartografía de los significados comunes: entonces pierde también el miedo. No sé hasta qué punto tiene consecuencias para la literatura el que casi todos los escritores sean borrachos. Los laberintos sicológicos en muchos casos no se ven ni estimulados ni reducidos a causa del vino: se recorren con abulia o desesperación, pero siguen siendo los mismos. Mientras beben, los escritores no deberían ni escribir ni hacer promesas. De ambas cosas seguramente se arrepentirán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El impulso de escribir, de construir sentido, de enviar mensajes que deban ser interpretados: nada de esto tiene que ver con el vino. De todas maneras el escritor no puede anular ese impulso insano de crear signos, de comunicarse, de enredarse en la escritura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras el alcohol no se proponga como un salvoconducto para otra vida, entonces el impulso de escribir permanecerá intacto: cuando un bebedor extremo es capaz de aniquilar ese impulso se ha convertido en un santo y ya no necesita de la literatura. Quizás esa cursilería de autonombrarse amante de las letras no sea más que una coartada de los simplones. Como si en verdad pudieran ser sujetos de amor en una relación que ellos no crearon. A mí me intrigan más los escritores que no pueden desembarazarse de escribir libros. Si un escritor abomina de la literatura entonces refugiarse en el vino o en los placeres más mundanos tiene sentido: es una manera de olvidarse de su enfermedad. En cambio, reunir las letras con el vino en una convivencia amorosa me parece un desplante ingenuo: un matrimonio. Si el origen de cualquier literatura respetable es el titubeo del ser (?Producimos signos porque algo exige ser dicho?, Eco), entonces es un contrasentido beber vino pensando que este acto estimulará la escritura. La angustia como causa primera de ese deseo de construir signi. cado, de comunicarse, se mantiene intacta aun bebiéndonos una botella todos los días. Mientras el escritor alcohólico pueda escribir una línea continuará siendo escritor. En el momento en que no pueda hacerlo porque con el vino ha vislumbrado mundos más generosos o menos vulgares que los literarios entonces será un loco o un santo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que en la única novela formal que escribió Hunter S. Thompson, los personajes eran todos periodistas borrachos. Harto de estos especímenes el director del periódico decide incluir en el mismo diario un anuncio solicitando nuevos periodistas. El único requisito para ocupar el puesto era no ser ni trotamundos ni borracho. No recuerdo si se presentó alguno, pero si lo hizo seguramente mentía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-112504408444894228?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/112504408444894228/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=112504408444894228' title='18 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/112504408444894228'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/112504408444894228'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2005/08/de-los-santos-bebedores.html' title='De los santos bebedores'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>18</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-112456177224902810</id><published>2005-08-20T13:14:00.000-05:00</published><updated>2005-08-20T13:16:12.250-05:00</updated><title type='text'>Nadie tiene la obligación de interesarse en un libro</title><content type='html'>Cuando se es autodidacta o se lee por placer los libros más interesantes suelen presentársele a uno de manera sorpresiva y casi siempre a través de un malentendido. Esto sin contar la brevedad de la vida que apenas si nos es suficiente para encontrarnos con un par de buenas novelas. Nadie tiene la obligación de interesarse en un libro, por bueno que sea, escribe Santiago Gamboa en su novela El síndrome de Ulises. ¿Cómo provocar la atención de un lector que no encuentra razones de peso para detenerse en nuestros relatos? Nada es la respuesta romántica a esta desesperada pregunta, nada sino dedicarse a escribir mientras se espera que el viento empuje...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-112456177224902810?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/112456177224902810/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=112456177224902810' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/112456177224902810'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/112456177224902810'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2005/08/nadie-tiene-la-obligacin-de.html' title='Nadie tiene la obligación de interesarse en un libro'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-110585514804006277</id><published>2005-01-15T23:58:00.000-06:00</published><updated>2005-01-15T23:59:08.040-06:00</updated><title type='text'>Sangre</title><content type='html'>Vivo con una mujer que ve rojo donde yo sólo veo negro. No estoy seguro si se trata de una cuestión óptica o anímica, pero quiero pensar que es tan sólo de una cuestión de humor. Recuerdo que una tarde de hace quince años, en Nápoles, dos amigos y yo nos detuvimos al pie de una colina para observar el horizonte. Grazia miraba el volcán que se alzaba en lontananza, Duarte estaba concentrado en las labores industriales del puerto mientras que yo contemplaba las gaviotas que se zambullían en el agua para atrapar su comida. Sin embargo, los tres creíamos que mirábamos la misma cosa. Duarte, obsesionado por los negocios, Grazia que era una italiana fogosa y yo que siempre tenía hambre contemplábamos en el horizonte nuestras propias obsesiones. Si para una persona el glauco es un verde que tiende hacia el gris, para otra la palabra glauco tiene que ver con las aguas del Mar Negro que en esencia no son verdes ni negras, sino un recuerdo que evoca, además, ciertos aromas marítimos. Hace unos días cuando desempolvé las imágenes que guardo de aquella mi primera visita al Bósforo descubrí que el color impreso de esas aguas no corresponde de ninguna manera con las impresiones cromáticas que almaceno en mi memoria. Así, aunque en mi caso renunciara a definir el rojo, no dudaría en sostener que el color de mi propia sangre manando un día de mi adolescencia a las doce del día es una de las impresiones que conservo de manera más nítida en la memoria. Ni siquiera descubrir la mancha de menstruación en los pantalones de mi hermana me impresionó tanto como mi propia sangre saliendo a borbotones de mi antebrazo. No es diferente cuando la piel cadavérica de una mujer joven hace que mi día se vuelva más amable (ni modo, me gustan las pálidas); ni tampoco cuando el recuerdo de ese cielo triste que siguió mis pasos hace más de una década en la antigua Capadocia me provoca una especie de abatimiento melancólico. Es así, sumando todas estas impresiones como yo formaría mi propia barra de colores: a fin de cuentas, no estoy exagerando si afirmo que no conozco el azul ni puedo imaginarme que el granate sea capaz de existir sin unos labios femeninos que lo vuelvan parte de la vida. Durante muchos años vestí de negro. Acababa de cumplir veinte años cuando paseando en Las Pulgas me encontré con una gabardina que compré por unos cuantos francos. Fue un verdadero lujo para el viajero miserable que era yo entonces. Cuando mis padres, exasperados, hartos de mis desplantes, cuestionaron mi obsesión por la oscura vestimenta, respondí con cierta arrogancia que me encontraba de luto por la humanidad. Creía firmemente que la humanidad se había suicidado en su absurda carrera por hacerse cada vez más poderosa: sin duda era yo un joven romántico, aun cuando no me hallaba tan lejos de la verdad. En ese entonces vestía de luto por la humanidad, ahora que soy un hombre mayor prefiero orinarme sobre su tumba. Vestirme con otros colores habría sido impertinente, pues el luto es la más refinada cortesía que tienen los vivos para quienes acaban de morir: vestir de negro es negar, aun de manera simbólica, los colores intensos que representan la vida. Durante casi una década fui un joven vestido de negro, sin embargo el cinismo, el odio, me convirtieron en un hombre afecto a vestirme con ridículas camisas de colores. Nada mejor que afrontar los funerales con una estridente camisa hawaiana. Varios siglos han pasado desde que en terrenos de la alquimia medieval los cuatro humores esenciales (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra) se hallaban estrechamente ligados a una cualidad de la materia que, a su vez, podía ser representada por un color. No obstante que hoy la alquimia sería considerada una actividad de locos, continuamos llamando flemático a un hombre que cultiva la calma o la excesiva tranquilidad: un tipo que en esencia es blanco cuando en ciertos momentos debería transformarse en rojo (sanguíneo, caliente). Los colores van siempre de la mano con los humores: así, sabemos que un hombre aficionado al humor negro es dueño, por extensión, de un carácter sombrío: uno que gusta reirse en compañía de la muerte. La siguiente frase de Jonathan Swift ilustra por demás este humor: ?Pregunté a un hombre pobre cómo vivía; respondió: como un jabón, disminuyendo siempre.?&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-110585514804006277?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/110585514804006277/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=110585514804006277' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/110585514804006277'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/110585514804006277'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2005/01/sangre.html' title='Sangre'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-108983292069408949</id><published>2004-07-14T14:19:00.001-05:00</published><updated>2004-07-14T14:25:15.050-05:00</updated><title type='text'>Vladimiro el árabe</title><content type='html'>Vladimiro Pérez no es precisamente un experto en asuntos islámicos aunque él piense lo contrario. Sedentario por naturaleza, vive desde hace muchos años con su mujer y su hija en un modesto departamento que no le pertenece, un conjunto de cuartos viejos que renta a cambio de la mitad de su sueldo.&lt;br /&gt;A pesar de ser una persona tolerante, su mujer está cansada de escucharlo opinar acerca de cuestiones que tan poco le conciernen a una familia mexicana.&lt;br /&gt;- Jamás en nuestra jodida vida saldremos de este país.&lt;br /&gt;¿Por qué tenemos que preocuparnos por pleitos ajenos?&lt;br /&gt;- Si le sucede a la humanidad nos sucede a nosotros -responde Vladimiro oponiendo un rostro estoico a los comentarios de su esposa.&lt;br /&gt;- ¿Acaso los gringos vinieron a ayudarnos cuando quisieron lanzarnos del departamento? ¿O es que nosotros no somos parte de la humanidad?&lt;br /&gt;A Vladimiro le joroba escuchar reproches tan poco cerebrales. No comprende cómo es que la mayoría de las personas poseen una visión del mundo tan estrecha. Pasarse las horas revisando facturas en un modesto escritorio o cocinando para nuestros hijos no nos exime de lo que sucede en Cachemira o en Afganistán. Así piensa Vladimiro Pérez.&lt;br /&gt;- Parecemos ratones con las narices metidas en nuestro agujero.&lt;br /&gt;Después de que dos aviones comerciales derrumbaran las torres gemelas en Nueva York la vida de Vladimiro cambió. Desde entonces compró diariamente el periódico para no perderse los detalles de las investigaciones que los servicios de inteligencia estadounidenses llevaban a cabo para aclarar el asunto. Sorteando los problemas propios de un hombre que no cursó la preparatoria consumía ávido los artículos escritos por estudiosos en revistas que dedicaban la mayor parte de sus páginas al atentado. En las oficinas de la pequeña empresa Ventilación Monte Blanco comenzaron a tenerle respeto. Como Vladimiro no acostumbraba revelar los orígenes de su información, sus compañeros atribuían sus conocimientos a una sabiduría que le llegaba desde la cuna.&lt;br /&gt;- ¿Crees que se desatará una guerra mundial, Vladimiro? -era una de las preguntas más comunes que solían hacerle en la oficina de la Colonia Narvarte. Entonces Vladimiro abandonaba su humildad acostumbrada, cambiaba el tono de su voz anodina y comenzaba con el sermón.&lt;br /&gt;- La guerra ha comenzado desde hace muchos años, cuando los gringos quisieron hacer negocios con un petróleo que no les pertenecía.&lt;br /&gt;- Ese no es un pretexto para matar a gente inocente -dijo el licenciado Argudín que desconfiaba de los conocimientos de sus empleados de menor jerarquía.&lt;br /&gt;- Tampoco existen buenos pretextos para matar gente inocente en Afganistán -dijo Vladimiro. No se dejaría amedrentar por su superior. Menos ahora que los oídos de sus compañeros estaban atentos a la inesperada polémica.&lt;br /&gt;- Es distinto. En Afganistán se preparan terroristas que después sembrarán el miedo en el mundo.&lt;br /&gt;- No me parece un buen argumento, licenciado. En ese caso hubiera sido mejor bombardear Florida.&lt;br /&gt;¿O no fue allí donde se prepararon los responsables del atentado? -los compañeros de Vladimiro aprobaron su razonamiento. No sólo porque les pareció convincente, sino porque tenían la sensación de que Vladimiro los representaba frente al licenciado Argudín, gerente y accionista de Ventilaciones Monte Blanco (Equipos y Refacciones).&lt;br /&gt;- No le conocía sus inclinaciones comunistas, señor Pérez.&lt;br /&gt;- Los comunistas no son religiosos, señor.&lt;br /&gt;- Arabes o comunistas, qué más da. En México no se necesita leer el Corán para salir adelante. Con el trabajo y el talento basta.&lt;br /&gt;- ¿Y qué me dice de nosotros, licenciado?&lt;br /&gt;-Vladimiro había pronunciado el nosotros de manera automática-. Ganamos unos cuantos pesos trabajando durante todo el día. ¿O quiere decir que no tenemos talento?&lt;br /&gt;- Yo creo en Dios pero no mataría a nadie en su nombre -Argudín prefirió ignorar las provocaciones de Vladimiro. ¿Desde cuándo un pinche empleado calvo cincuentón sin estudios se sentía tan chingón?&lt;br /&gt;- No me va a negar, licenciado, que les pegaron reduro los ojetes, con sus propios aviones -intervino Artemio, el mensajero de la empresa. Argudín lo miró despectivamente: "¿También a éste le tengo que dar explicaciones?".&lt;br /&gt;- Es un método muy primitivo. Allí tienen al árabe que intentó prenderse el zapato dentro del avión. Ja ja ja. No pueden compararse actos tan rudimentarios con los modernos cohetes nucleares dirigidos que utilizan las grandes potencias.&lt;br /&gt;- Eso dice porque no caen sobre nosotros -murmuró entre dientes Artemio. Jamás se atrevería a contradecir al licenciado. Vladimiro, en cambio, volvió a intervenir:&lt;br /&gt;- Señor Argudín, creo que se trata más bien de una victoria. Usted sabe que en las mezquitas donde se practica el islamismo uno debe quitarse los zapatos para entrar. Gracias a este terrorista ahora uno debe quitarse los zapatos en el aeropuerto para comprobar que no esconde explosivos. Los árabes han convertido los aeropuertos del mundo en mezquitas.&lt;br /&gt;Argudín prefirió no continuar con la conversación. Con gesto sarcástico invitó a sus empleados a volver a sus labores. Ya en su privado se propuso jamás volver a entrometerse en discusiones delicadas. Encendió nuevamente el puro interrumpido la noche anterior, un Hoyo de Monterrey que comprara en unos cuantos pesos a un vendedor callejero. ¿Qué pensarían sus clientes si se enteraran que simpatizantes de árabes trabajaban en la empresa que los proveía de sistemas de aire acondicionado? ¿No era ése uno de los medios que los terroristas planeaban usar para propagar el ántrax? No le gustaba ese aspecto de mustio santón que estaba tomando a sus ojos Vladimiro Pérez. Quizás sería conveniente prescindir de sus servicios. Esto pensaba el licenciado Argudín mientras observaba a través del cristal de su apartado el movimiento cansino de sus empleados administrativos. En cambio, Vladimiro estaba radiante. Jamás se había imaginado ser capaz de enfrentar una disputa con tanto éxito. De haber continuado sus estudios -se animó a sí mismo- habría sido un magnífico abogado. Esa noche, durante la cena, contó a su familia los pormenores del enfrentamiento vespertino.&lt;br /&gt;- ¡Otra vez la burra al trigo! -exclamó su mujer en franca hostilidad contra su marido&lt;br /&gt;-A ver si los árabes nos dan de tragar cuando estés en la calle.&lt;br /&gt;- Sí, papá. ¿Cómo te pones a discutir de eso con el licenciado Argudín? -añadió Rosalía, su única hija.&lt;br /&gt;- Rosalía, entiéndeme. Tú eres joven...&lt;br /&gt;- Y tú estás muy viejo para andar con esos asuntos de estudiante revoltoso -dijo su mujer levantándose bruscamente de la mesa para llevar su plato a la cocina.&lt;br /&gt;Esa noche Vladimiro tuvo un sueño que cambiaría el color de sus próximos días. Se soñó a sí mismo entrando a la oficina del licenciado para conversar acerca de asuntos políticos. En el momento en que Argudín le ordenaba retornar a sus actividades, Vladimiro le arrebataba el habano para encender los explosivos atados alrededor de sus costillas que había ocultado bajo su abrigo. Los restos del licenciado flotaban en el aire azolvando los conductos de aire acondicionado. ¿Sería realmente ésa la descripción del sueño? Al menos para el modesto auxiliar administrativo lo fue. La mañana siguiente a su sueño se acomodó en la cabecera de la mesa repasando con la vista a los integrantes de su familia. ¿Qué podían entender ellos de la importancia de una revelación? Estaba tan contento que hizo lo que jamás acostumbraba en el desayuno. Pidió que le sirvieran un poco más de tocino frito en los huevos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-108983292069408949?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/108983292069408949/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=108983292069408949' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108983292069408949'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108983292069408949'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2004/07/vladimiro-el-rabe_14.html' title='Vladimiro el árabe'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-108809558861007550</id><published>2004-06-24T11:46:00.000-05:00</published><updated>2004-06-24T11:46:28.610-05:00</updated><title type='text'>Testimonio</title><content type='html'>Hace casi diez años conocí en Buenos Aires a un hombre singular. Durante las tardes nos reuníamos en una taberna del barrio norte para conversar acerca de temas nada importantes. Este hombre entrado en canas aseguraba que Ernesto Sabato le había robado una novela que después el escritor argentino bautizaría con un nombre ahora de sobra conocido: El túnel. A pesar de que la historia no se sostenía en pie, poseía cierta gracia debido a la extravagante imaginación de nuestro amigo: cada tarde después de un jarrón de vino inventaba una historia distinta para impresionar a quienes sentados a su mesa estuvieran dispuestos a escucharlo. Cuando intrigada por su eterna vagancia vespertina una persona se atrevía a cuestionarlo sobre el estado de su economía, Jorge Cánaves se apresuraba a responderle que tenía invertido absolutamente todo su dinero en la destrucción de su cuerpo. Refractario a la acumulación o a las preocupaciones que despierta un futuro inminente había decidido derrochar cuanta moneda cayera en sus manos: "El estado de mi cuerpo representa -afirmaba, cínico- mi particular estado bancario. Conforme el tiempo avanza la inversión aumenta pues los intereses no sólo son altísimos sino que además aumentan en proporción geométrica. No se me escapa que la muerte será la coronación de mis negocios y que una vez muerto careceré de herederos. Cuánto alivio representa saber que ningún parásito heredará mi riqueza ya que ésta descansará conmigo en la oscuridad de un sarcófago". Sus palabras expresadas, no sin cierta imponente arrogancia, causaban admiración entre su pequeño auditorio. Esas tardes en la taberna del barrio norte se prolongaban hasta la madrugada cuando ya visiblemente ebrios nos retirábamos a dormir. Quién me diría entonces que, como Jorge Cánaves, también yo despreciaría mi futuro invirtiendo mi dinero en la destrucción de mi cuerpo: nada que no se encuentre relacionado con mi estricto presente parece interesarme. A menudo me pregunto cómo es que ese romántico espíritu suicida continúa seduciendo a tantos hombres. Lejos de consumirse en un momento histórico determinado, el romanticismo acompaña el temperamento humano pese a que en tantos casos se rehúse a germinar. Esa contemplación narcisista de nuestra propia desgracia puede provocar arrebatos místicos que harían sonrojar incluso a un pesimista. Colmado de una angustia que se remonta al principio de los tiempos el romántico desea contemplar a la muerte en su propio terreno. Vive entonces como artista porque, como escribía Federico Schlegel, ser artista significa consagrarse a las deidades subterráneas: convertirse en vestal dispuesto a sacrificarse a un dios que sin más rodeos es uno mismo. Así la noche se convierte en territorio propio para las correrías románticas: la oscuridad nos permite el infame sacrificio. Mi amigo Jorge Cánaves no se engañaba en cuanto a la verdad de sus instintos: no tendría ningún sentido reconvenirlo acerca de su anacrónica vocación, pues los románticos han habitado cómodamente todos los siglos de la historia: "Cuando el presente se confunde con la eternidad el hombre se convierte en Dios", escribió ese joven suicida que respondió al nombre de Otto Weininger. No sé si Jorge Cánaves ha muerto, si continúa habitando la noche como un artista del siglo diecinueve o si se ha arrepentido de haber dilapidado su vida componiendo himnos nocturnos. Yo, sin embargo, continúo escuchando su voz grave y sentenciosa: "Una vez que comienzo a beber no me detengo hasta quedar tirado en el piso. En cuanto me levanto tengo la certeza de que toda mi vida ha sido una suma de errores. Nunca como entonces estoy tan cerca de la santidad".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-108809558861007550?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/108809558861007550/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=108809558861007550' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108809558861007550'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108809558861007550'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2004/06/testimonio.html' title='Testimonio'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-108763053953105325</id><published>2004-06-19T02:34:00.000-05:00</published><updated>2004-06-19T02:35:39.530-05:00</updated><title type='text'>Roma literaria</title><content type='html'>De Roma poseo muchos recuerdos aunque casi todos ellos se entrelazan formando un extraño mosaico donde las fechas exactas se pierden en el tiempo. Aun así tengo claro que mi primer viaje a Roma fue hace casi 15 años. Y si la palabra es un poco romántica creo que vagabundo es la mejor para describir a ese viajero improvisado que recorrió Europa casi sin dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi primera noche en Roma después de un corto viaje en tren desde Pisa estuvo marcada por el frío callejero. En vista de que la estación de tren Roma Termini, cerraba a la una de la mañana, los "carabinieri" lanzaban a todos los indeseables a la calle. Era un rito cotidiano en todas las estaciones ferroviarias de Italia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para defenderse del frío, los vagabundos se apoderaban de los botes de basura cercanos a la estación y prendían fuego a su interior: así se calentaban mientras bebían de sus botellas de vino barato cantidades suficientes para dormir hasta media mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las primeras noches en Roma dormí al lado de todos estos "barboni" porque además de que el teléfono de mi único contacto en Roma estaba muerto, mis bolsillos eran bastante tímidos. Por suerte, el teléfono de mi amiga Giovanna despertó una tarde cuando casi había perdido la esperanza de encontrarla y cuando ya los limosneros de la estación Termini me llamaban por mi nombre. Sin pensarlo, me invitó a hospedarme en su hermoso departamento de Vía Cavour el cual compartía con su esposo Giuseppe y un felino que llevaba el nombre de una deidad médica: Apoteko. Así llegué por primera vez a una Roma que visitaría varias veces más en el curso de mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es imposible conocer ninguna ciudad si no la caminamos o sufrimos lo suficiente. El escritor Walter Benjamin acostumbraba perderse en las ciudades para conocerlas. Lo hice así tantas veces hasta que descubrí que las ciudades no están hechas para perderse: todas en esencia se parecen con sus plazas concurridas o sus barrios oscuros o sus zonas rojas: no hay demasiado misterio en su trazo, aunque pueda haberlo en su música o en su comida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi estancia mayor en Roma duró cerca de un mes, tiempo suficiente para aburrirme o comenzar a desconfiar de los italianos: no se requiere mucho tiempo para que nuestras fobias se expresen aun teniendo como escenario el más bello paisaje. Las mañanas en Plaza Navona sentado en una banca con un cuaderno en la mano o las tardes recostado en las escalinatas de Plaza España mirando pasar mujeres hermosas fueron asunto cotidiano de los primeros días. Después de caminar una ciudad hasta el cansancio uno debe tirarse durante varias horas para mirar la ciudad pasar: es un complemento necesario, pero también un acto de justicia. Baudrillard escribió en "Cool Memories" que en Italia los hombres son tiernos pero las mujeres jamás. La sensualidad de las italianas está llena de amargura porque están rodeadas de hombres quebrantados. Aun siendo ésta una descripción drástica no carece de verdad: el dominio que las italianas poseen sobre sus hombres se respira en el aire. Roma tiene ese aire de sensualidad arrogante que hace de ella una ciudad femenina. Los cientos de gatos que hermosos e infieles se pasean en el Coliseo me hacen pensar en Roma entera: tantas curvas en el cauce urbano del río Tevere no pueden ser gratuitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los amigos que hice entonces me llevaban de paseo al Trastevere, un barrio bohemio cerca del río donde me hubiera aburrido tremendamente de no haber sido por una colombiana que bailaba en un modesto tugurio cercano a la Plaza Cosimato. Jamás visito los callejones o barrios bohemios porque son peligrosos: no sólo matan la imaginación sino que te ofrecen una imagen falsa de la ciudad y de la noche. Los distintos viajes que hice a Roma estuvieron marcados por la generosidad femenina: dos veces me hospedé en casa de Giovanna, donde nunca me faltó conversación y buen vino. Me hospedé también en un departamento en Aventino, propiedad de mi amiga Odette, una inglesa de semblante melancólico; y en una pequeña casa ubicada en Villa Borghese que me ofreciera Grazia, una boloñesa menuda y simpática que conocí en la Plaza Venezia. Sólo una compañía femenina puede remediar la angustia de estar tan lejos de casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante mi primera visita a Roma acostumbraba comer un par de veces a la semana en el comedor universitario, donde por unas cuantas liras quedaba más que satisfecho. En mis días más usureros, un express de 800 liras me quitaba el hambre buena parte del día. El café me evitaba suspirar cuando pasaba junto a un restaurante o una vieja trattoría: la comida italiana continúa seduciéndome por su esencia pecadora y su ordinaria pero estimulante sazón: después de una buena comida italiana uno vuelve al vientre de la mamma o descansa en una tumba satisfecho de haber vivido. Además del café me gustaba tomar agua de los bebederos públicos o comprarme una botella de vino para beberla en alguna plaza mientras ejercía mi oficio de mirón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese entonces me gustaba decir que Roma era la capital más provinciana del mundo porque no había en ella esa ansiedad urbana de lanzarse al vacío: las noches eran sexuales e incluso orgiásticas pero jamás sucedía nada nuevo excepto, a veces, la moda. Esa fue mi experiencia que, por supuesto, espero echar abajo en un futuro próximo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-108763053953105325?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/108763053953105325/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=108763053953105325' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108763053953105325'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108763053953105325'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2004/06/roma-literaria.html' title='Roma literaria'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-108738702339748667</id><published>2004-06-16T06:55:00.000-05:00</published><updated>2004-06-16T06:59:45.723-05:00</updated><title type='text'>Recuerdos de verano: ¿Dónde estás, Roxana?</title><content type='html'>¿Desde cuándo comencé a sentirme atraído por las flacas? No estoy seguro de querer saberlo. Intentar responder a una pregunta semejante sería tan poco sensato como ponerse a averiguar de dónde vienen los niños. ¿Alguien en realidad lo sabe? Un sicólogo estaría más que dispuesto a explicar los orígenes de mi debilidad a cambio de unos cuantos miles de pesos. Como no los tengo, ni creo que la inversión en el analista valga la pena, me mantendré en la ignorancia. Sé que llamar flaca a una mujer puede considerarse si no un insulto sí una ausencia de tacto. Sería menos áspero llamar delgada a una joven famélica de carnes humildes, nalgas tímidas y omoplatos salientes. Ella lo agradecerá. Y ya puestos los overoles latinistas conviene decir que como la palabra "delgada" tiene los mismos orígenes que "delicada", entonces el ser delgado es visto en nuestra época más con admiración que con lástima. En cambio, la flacura nos remite siempre a la poca comida o a la enfermedad. Es por esta razón, me imagino, que se acostumbra llamar flacas y no delgadas a las tierras poco labrantías o a las caballadas magras o a los favores que no lo son. Sea como sea no miento ni traiciono el latín si digo que a mí me desquician las flacas esmirriadas, demacradas, casi tísicas, aunque no me imagino cuáles serán las causas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue en la primaria donde se me hizo evidente por primera vez esta particular debilidad. Yo pertenecía a la escolta no debido a mi postura marcial o a mi esqueleto erguido, sino gracias a mi buena estatura. Carmela era el nombre de la abanderada que además de tener un cuerpo más que saludable, ser hermosa e izar el pendón con una coquetería inaudita, llevaba puestos siempre unos calzones blanquísimos bajo su escueta falda azul marina. Yo conocía el color de sus calzones porque todas las mañanas la escolta una vez recorrido el patio cuadrangular del colegio tenía que marchar escaleras arriba en busca de un asta oxidada de escasa altura mientras los alumnos cantaban el himno nacional. Sobra decir que mi lugar en la escolta a espaldas de la bien formada Carmela era un lugar envidiado por todo el alumnado. La cosa es que apenas comenzado el sexto ciclo escolar nos hicimos novios y durante el recreo -aunque éramos todavía bastante niños- nos metíamos furtivamente al baño para manosearnos. Hoy recuerdo estos manoseos más como un asunto propedéutico que como una manía escabrosa o reprobable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, mi excitante relación con la abanderada se desmoronó en cuanto se atravesó en mi camino una flaca color de leche. ¿Qué poder ejercía sobre mí ese cuerpo sin atributos como para que además de abandonar mis escarceos con Carmela, pidiera ser relevado de la escolta con el fin de que Roxana no sintiera celos de aquellos calzones blancos? Si no fuera porque me parece una salida fácil estaría tentado a interpretar mi obsesión por las flacas como una secreta seducción por la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una de las cartas que escribió a Milena, Kafka no tuvo reparos en contarle como un empleado amigo suyo lo había comparado con un cadáver que espera la sentencia del Juicio Final: flaco como una calavera, como un espectro que a pesar de su sonrisa nos recuerda a la muerte. Tal vez me estoy poniendo pesado con hermenéuticas necrófilas que a nadie interesan. Y, sin embargo, no puedo dejar de pensar que mi amor por las mujeres cadavéricas estriba en que pueden dormir conmigo eternamente dentro de un ataúd. Cosa imposible en caso de tratarse de una gorda que, sin duda, ocuparía todo el espacio dentro del catafalco. Me muero por las flacas pálidas, esa es la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No miento si afirmo que las heroínas de las novelas que más han afectado mi sensibilidad las he imaginado flacas como una serpentina. Hice caso omiso de la descripción que de Constanza realizara D.H. Lawrence concibiéndola como una mujer robusta. Para mí la fogosa mujer era una rubia anoréxica incapaz de controlar el detonante calor de sus huesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo mismo me ha sucedido con las mujeres que habitan las novelas de las centurias pasadas. Jamás podría haber leído "Cumbres Borrascosas" sin la conciencia de que el cuerpo de Catherine era tan esbelto como la rama de un níspero. Ni tampoco me habría interesado Emma Bovary si en mi imaginación no fuera ella una casquivana menuda que vivía a expensas de un hombre mediocre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos de mis amigos más cercanos consideran mi obsesión por las flacas como una necesidad de síntesis absoluta. Según ellos deseo que las mujeres sean semejantes a las ideas que moran en un sustrato carente de realidad física. Creo que mis amigos han errado una vez más: yo no deseo que las mujeres sean sólo ideas, ni tampoco creo que las ideas sean entidades pálidas o esbeltas. Muy por el contrario: concibo las ideas como mónadas grasosas de cuerpos deformados e incluso seriamente mutiladas. Estoy seguro de que nada es más infame que el cuerpo de una idea brillante, claro, en caso de que hubiera oportunidad de comprobarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podría pensarse que un amante de la anorexia femenina vive en una época paradisiaca, ya que ésta se caracteriza porque los cuerpos delicados están de moda. No es así de ningún modo. En mi caso, experimento una soledad dolorosa cuando no puedo poner mis manos encima de los huesos de una mujer. Nada más penoso que ver cómo el objeto deseado se multiplica diabólicamente creando sólo confusión en tus sentidos. Tampoco es novedoso que se me pueda considerar un sádico que encuentra en los cuerpos endebles una mina abundante en oro. Fuera de alguna ocasional bofetada o un puntapié sin consecuencias no me excita estrujar demasiado a mi objeto de deseo: ¿no es ése el más bochornoso síntoma de debilidad? No hay nada mejor que concebir un crimen para que nos llueva la fortuna, dice un personaje de Sade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante que la salud no es buena para la filosofía, ni para el arte, ni en general para la vida, me siento tan ajeno a esos cuerpos reales capaces de proporcionarnos placer con su sufrimiento. La verdad es que no podría latiguear el cuerpo de una mujer sin sentirme un poco estúpido. Cuando niño jamás se me ocurrió golpear a Roxana sino protegerla -esto bien visto es una anhelo utópico pues las mujeres no requieren de hombres para estar protegidas. Como se verá, he caído en una serie de explicaciones sin rumbo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Alguien en verdad puede explicar de manera honrosa sus propias obsesiones? Al menos no es mi caso. Sólo añadiré que mi departamento se vería desastroso si habitara allí una mujer gorda. He intentado por todos los medios conservar una decoración mínima que se vería estropeada dando abrigo a un par de tetas indiscretas (detesto las metáforas nutricionales).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo, a fin de cuentas, que la belleza es ausencia aunque no podría demostrarlo. ¿Se trata de un ascetismo moralista propio de quienes han creído en las palabras de Schopenhauer? Es posible, sin duda, pero no me haré ilusiones con esta explicación. Ni con ninguna otra.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-108738702339748667?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/108738702339748667/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=108738702339748667' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108738702339748667'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108738702339748667'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2004/06/recuerdos-de-verano-dnde-ests-roxana.html' title='Recuerdos de verano: ¿Dónde estás, Roxana?'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-108528117639446824</id><published>2004-05-22T21:57:00.000-05:00</published><updated>2004-05-23T01:06:40.386-05:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;img src=http://img73.photobucket.com/albums/v222/fadanelli/bookles.jpg&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se me ha acusado de misógino, pero siempre digo que no odio a las mujeres, sino que les tengo miedo. Digamos que son un mal necesario y que soy un hombre seducido hasta la barbarie por el universo femenino. Si hay un espacio en el que he podido desarrollar mi irracionalidad es aquel donde predomina el signo femenino. Creo que al final de mi vida las sensaciones más placenteras, más amables y más generosas que me habré llevado son las que me proporcionaron algunas mujeres. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les recomiendo estos blogs femeninos: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.bookless.org/mt/"&gt;www.bookless.org&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.conflictiva.blogspot.com/"&gt;www.conflictiva.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-108528117639446824?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/108528117639446824/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=108528117639446824' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108528117639446824'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108528117639446824'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2004/05/se-me-ha-acusado-de-misgino-pero.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-108396433604693710</id><published>2004-05-07T16:11:00.000-05:00</published><updated>2004-05-22T23:28:38.840-05:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Hace 15 años escuché por primera vez el término posmodernidad. Al principio no fue más que eso, una palabra de orden técnico. La mayoría de mis amigos; estudiantes, escritores, vagos, tenían para este término las definiciones más disparatadas, ya sea porque no estaban bien informados o porque acostumbraban hacer uso de sus dotes literarias para resolver cualquier clase de crucigrama filosófico, lo que visto sin complejos tiene también sus virtudes (en favor de mis amigos diré que esta confusión se extendía también hacia los críticos de arte, los filósofos profesionales e incluso los zapateros). Movido por el entusiasmo que da a los jóvenes la llegada de una nueva corriente o de un debate novedoso, decidí inmiscuirme en el significado de una palabra que amenazaba convertirse en moda filosófica. Eran abundantes los pensadores que habían dedicado su tiempo y varios libros a darle forma al nuevo concepto (que no a la palabra, ya utilizada con antelación en el ámbito de la arquitectura y también de la literatura). Me gustaría partir de la siguiente idea: la posmodernidad no es un objeto enterrado, un tesoro, que los exploradores deben descubrir, sino que son estos exploradores quienes a través de su intuición y sus reflexiones van otorgando realidad a este objeto. Dios no existe porque se nos presente sentado en la mesa de nuestro comedor (Empujaría la puerta y entraría/ Diciéndome: ¡Aquí estoy!, como reza el poema de Alberto Caeiro), sino porque millones de personas creen que existe un algo llamado Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No leí a Lyotard, Baudrillard y a otros filósofos con el fin de que me convencieran sus argumentos, ni mucho menos para saber en qué consistía verdaderamente lo posmoderno, sino que acudí a sus libros debido a una razón diferente: intentaba reunir pruebas de que algo como la posmodernidad poseía algún tipo de realidad. En esta búsqueda de pruebas lo primero que encontré fue un extraño basurero llamado eclecticismo: si se mezclaban objetos de orígenes y tradiciones diversas el resultado era inevitablemente posmoderno (el collage como ejemplo de una obra heterogénea y fragmentaria que puso en entredicho la linealidad del discurso en la representación). El segundo hallazgo fue también revelador: si sostienes que cualquier juicio o argumento por más inteligente o complejo que sea se reduce a una simple opinión sin valor universal no tardarán en llamarte posmoderno (un juicio sólo tendría validez si es respaldado a través de un consenso). En tercer lugar me topé con una desconfianza endémica hacia la voz de los padres (los metarrelatos): si ponías en duda, por ejemplo, el valor en sí de los ideales humanitarios ?libertad, igualdad, fraternidad? no tardarían en tildarte de posmoderno, además de anarquista y otras lindezas. Por último, me encontré en medio de un extenso cementerio poblado de epitafios: fin de las ideologías, fin de la historia, etcétera. La descripción de estas características debe parecer absurda a quienes gusten de inútiles complicaciones, pero a decir verdad representan el testimonio de un observador sin más ambiciones que concluir una búsqueda comenzada hace más de tres lustros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El motivo de este escrito es el siguiente: alegar por una definición de posmodernidad no estrictamente negativa: el apocalipsis no como final sino como principio u origen. Del mismo modo que se ha considerado al estructuralismo como una actividad más que como una doctrina, me gustaría definir la posmodernidad también como una actividad (manierista, diría yo) o como un particular modo de construir o darle forma a nuestras ideas acerca del mundo, una actividad persuasiva e incómoda para los amantes del canon moderno. Nunca me ha parecido muy inteligente partir de la opinión el medio es el mensaje para analizar ese mismo mensaje. Si bien el instrumento de medición o divulgación altera el sentido de lo medido o lo divulgado no lo anula en su totalidad, de modo que no nos pongamos pedantes afirmando que vivimos en una nueva era regida por los medios de comunicación y las computadoras. A mí me gusta dedicarle muchas horas semanales a la televisión y no encuentro grandes diferencias entre escuchar agudezas ?o tonterías? en la pantalla y leerlas escritas en un libro. Me sucede lo mismo cuando visito algunas páginas de la red; el hecho de que estas páginas se encuentren flotando en un espacio carente de realidad física y fuera de las rigideces de un orden jurídico no las exime de ser o no interesantes. ¿Qué más me da si leo un ensayo acerca de cibernética en una página de la red o en una revistilla de poca circulación? Estos ejemplos me sirven para hacer una nueva afirmación: es posible encontrar o construir sentido en una época de aparente confusión. Sólo es cosa de acostumbrarnos al espíritu de esta época, heterogéneo, fragmentario y renuente a definiciones unívocas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unas líneas me pronunciaba por una actividad posmoderna capaz de otorgar sentido a mundos sumidos en un caos aparente. El eclecticismo no tiene por qué considerarse un deterioro ni en el campo del arte ni en el de las ideas. Tampoco lo es la ausencia de un solo criterio o parámetro de verdad en el análisis de un problema. Y mucho menos la búsqueda de nuevas formas de racionalidad en el conocimiento: sabemos demasiado y la razón no nos basta para organizar la diversidad de este conocimiento. En una época ?la moderna? tan desconfiada en la transparencia del lenguaje y tan reverente a la lógica y al análisis lingüístico, me resulta saludable escuchar a Eugenio Trías afirmando que la filosofía o es metafísica o no es filosofía. ¿Qué quiere decir con ello? Que estamos hartos de la razón como única forma de comprender el mundo que nos rodea. Habría que comenzar a secularizar la razón y a despojarla de ese halo de infalibilidad que la modernidad le ha concedido. No en otro sentido se manifiesta Mauricio Beuchot cuando propone a la analogía y a la metáfora como medios de conocimiento y denomina barroca a la era posmoderna. Reconocer la existencia de culturas tradicionales o marginales con todo lo que este reconocimiento supone ?concepciones diversas acerca de la moral, lo sagrado o el tiempo mismo? no cancela la posibilidad de acuerdos de supervivencia ni mucho menos el deterioro de concepciones universales (o globales) acerca del mundo. Al contrario, el temperamento posmoderno o barroco nos volverá más sensibles y comprensivos en los acuerdos de las diferencias. La búsqueda de límites a los alcances de la razón nos permitirá abrirnos a nuevos modos de conocimiento. Voy a detenerme un momento en esta idea de posmodernidad como barroco. Si bien el barroco es un estilo o una época en la historia del arte, es sobre todo un espíritu y un temperamento. No es un camino sino un cruce de caminos, un caleidoscopio en el que los fragmentos de un ser dinámico se suceden ofreciéndonos rostros siempre distintos. El barroco es mestizo, híbrido, versátil, mientras que la modernidad se nos muestra eurocentrista, lineal y puritana. Varios filósofos mexicanos, entre los que se cuentan Bolívar Echeverría, Samuel Arriarán y Mauricio Beuchot, han tratado con profusión y rigor estas relaciones. Yo solamente estoy tratando de llevar agua a mi molino para fortalecer la hipótesis de una posmodernidad que sea principio y no epitafio. Si el barroco representó una respuesta a la crisis del Renacimiento, el posmodernismo tiene la posibilidad de ser comprendido como una salida a la crisis de la modernidad: El ornamentalismo, la exuberancia de los subproductos, no es un recurso escéptico y hedonista a lo fácil y accesorio, sino una táctica de la persecución y huida de lo esencial a la vez deseado y temido (La modernidad de lo barroco, Bolívar Echeverría, 1998).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A menudo se desprecia lo posmoderno, ya sea porque se considera un tema del siglo pasado (¡Estamos en el 2000, carajo!) o porque se asocian a él expresiones nihilistas o apolíticas. Habermas se queja de que la posmodernidad deja inconcluso el proyecto de la modernidad y abandona la tarea del humanismo y la democracia. Yo creo lo contrario, Michel Foucault y Jean-François Lyotard, a quienes normalmente se dirigen las acusaciones ya mencionadas, intentaron, cada uno por vía distinta, poner en entredicho los excesos de una visión unificadora del mundo. Lo diré en pocas palabras: se trata de negar que existan valores universales a priori con el fin de llegar a acuerdos más específicos y complejos entre dos entidades diferentes. Voy a poner un ejemplo sencillo, casi tonto: supongamos que en un edificio de departamentos habitan cuatro inquilinos y todos poseen ideas diferentes de lo que es el orden, la buena convivencia, etcétera. Si partimos de que existen códigos prestablecidos de orden y convivencia (digamos valores universales) entonces sólo deberemos castigar o señalar a quienes se aparten de estos órdenes (modernidad). En sentido contrario, si partimos de que no los hay entonces los inquilinos tendrán que acuñar nuevos órdenes para su propia y particular conveniencia: acaso lleguen a la conclusión de que es correcto orinarse en las escalinatas del edificio. La posmodernidad entonces no sería más que un reacomodo o un relajamiento de los valores de la Ilustración. Ahora que escucho nombrar con tanta frecuencia palabras como paradoja, fractales, caos, etcétera, percibo una necesidad de deslindarse de un tronco rector, de habitar universos más amables y menos sofocantes, de encarnar a un sujeto sin rostro que no se arrogue misiones heroicas en nombre de los demás. El pesimismo no es sino un optimismo desconfiado y la posmodernidad un campo de cultivo para estos pesimistas. No en vano muchos se han mudado con todo y maletas a los hoteles del ciberespacio y de la ciencia ficción intentando extraer de allí conceptos y filosofías satélites. Nos alejamos cada vez más del centro en pos de un desarraigo inteligente: la posmodernidad permite una expansión ajena al recorrido unidireccional de la modernidad, cuestiona el progreso y a sus inseparables vanguardias, y al permitir la convivencia entre alta y baja cultura, cultiva la sensibilidad hacia la diferencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espero que esta serie de ideas desordenadas insinúen siquiera la posibilidad ética que nos plantea una posmodernidad exenta de dislates apocalípticos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-108396433604693710?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108396433604693710'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108396433604693710'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2004/05/hace-15-aos-escuch-por-primera-vez-el.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-108360016241931780</id><published>2004-05-03T11:01:00.000-05:00</published><updated>2004-05-03T11:06:47.590-05:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>—Para un autor que ha sido calificado como un escritor de la indiferencia, ¿significa algo haber publicado en Anagrama? &lt;br /&gt; —No lo sé todavía. Sin embargo, en mi librero existen tres centenas de libros de Anagrama. Yo publiqué mi primer libro hace más de diez años en España, en una editorial subterránea. Después Mondadori me publicó una novela de la que no he recibido ninguna noticia desde su aparición hace varios años. En realidad me entusiasma estar en Anagrama, aunque después de ver los autores mexicanos jóvenes publicados o reconocidos en España cualquier entusiasmo se transforma en oscuridad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; —¿Qué ha pasado en el tránsito del joven escritor que concibió estos relatos, al indiscutiblemente más maduro autor de Lodo? &lt;br /&gt; —Lodo no me ha hecho más maduro sino más cínico. Wilde afirmó que no era cínico sino que tenía experiencia. Bueno, ahora tengo más experiencia, pero mis preocupaciones son las mismas. Un ejemplo es que casi no me involucro en peleas que sé voy a perder, aunque por supuesto éstas son las más interesantes. Al perdedor lo dejan en paz mientras que el ganador tiene que seguir demostrando que lo es. Odio a los hombres exitosos. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt; —Hablando de influencias en la formación del estilo y las ideas de un escritor: ¿para qué sirvió Bukowski y para qué Fante?¿Qué otras existen en ése ámbito, el de las pasiones? &lt;br /&gt; —Un escritor no sabe exactamente cuáles son sus influencias. Dice saberlo pero miente: no sabe nada. Fui un lector asiduo de Bukowski y también de Fante. Ambos me mostraron que la literatura era un asunto importante, no sólo un pasatiempo académico o un ejercicio de buena gramática.  &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt; Los envidié profundamente. Tus influencias más profundas pueden provenir de haber mirado con detenimiento las piernas de tu vecina o de haber sido testigo de un asesinato. Leo a muchos escritores estimulantes: Robert Walser, Joseph Roth, Kertész, aunque mi escritor favorito continúa siendo Philip Roth. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt; —¿El cuento o la novela? &lt;br /&gt; —En el relato me siento como en mi casa,  pero la obsesión que me causan las novelas me llevará a continuar escribiendo algunas más aunque los lectores desaparezcan. Es un ejercicio inútil que por lo tanto se vuelve inteligente. Tengo una nueva novela, pero la guardaré algunos meses o años. No quiero correr a un ritmo que no es el mío. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt; —¿Tienes alguna idea del futuro? —No, cuando muera todo se irá conmigo a mi tumba. Una de las razones por las que se comienza a apreciar la muerte es porque no estás a gusto en tu comunidad. ¿Qué puede importarte una comunidad formada exclusivamente por cretinos, incapaces de ofrecerse a sí mismos una vida digna?  &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt; Lo único que me gusta de hacerme viejo es que casi todas las mujeres son más jóvenes que yo: eso, si se mira con buen ánimo, es un paraíso. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt; —Qué es lo que le importa resaltar de sus personajes. Su soledad, su imposibilidad para vivir en el mundo o un desprecio cínico y hedonista. &lt;br /&gt; —Me interesa la soledad, pero también el humor. Aunque creo que el mundo no se conoce por medio de conceptos sino a partir de las lágrimas, como escribió Cioran, pienso que el humor es estupendo para paliar los malestares, sean éstos religiosos, históricos o personales. La ironía, el cinismo, el pesimismo ilustrado son características del pensamiento actual. Yo no quiero que mis personajes sostengan tesis, ni me interesaría que sirvieran a mis objetivos. Prefiero que se hagan a sí mismos dentro de la página, en el momento de la escritura. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt; —¿A dónde querría llegar lo que escribe. Qué zona del lector le interesa tocar? &lt;br /&gt; —Si en realidad estás interesado en la literatura debes probar por medio de ésta la inutilidad de la vida, o en caso contrario, probar de alguna manera la imposibilidad de los juicios definitivos. Sollers afirmaba, y yo lo he repetido tantas veces, que uno escribe porque existen preguntas que jamás serán respondidas, algo anda por allí, en el aire, que merece una respuesta aunque ésta sea un disparate. En cuanto a los lectores no escribo para ellos, puesto que no los conozco, no sé nada de ellos, no voy a pescar pensando qué clase de peces morderán el anzuelo. Agradezco a mis lectores que soporten mis libros, pero jamás escribiré para ellos. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt; —Cuando piensa en el lector, ¿cómo lo imagina? &lt;br /&gt; —No me lo imagino, en absoluto. No me gusta conocerlos personalmente porque siempre termino decepcionándolos. Y ellos a mí.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-108360016241931780?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/108360016241931780/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=108360016241931780' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108360016241931780'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108360016241931780'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2004/05/para-un-autor-que-ha-sido-calificado.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-108106900743922412</id><published>2004-04-04T03:54:00.000-05:00</published><updated>2004-04-04T04:00:23.826-05:00</updated><title type='text'>Escribe Fadanelli a la mediocridad</title><content type='html'>ESTA NOTA PUEDES ENCONTRARLA EN:&lt;br /&gt;http://www.reforma.com/cultura/articulo/393525/                                                                                                                                                                                           &lt;br /&gt;Fecha de publicación: 2-Abr-04&lt;br /&gt;                                                                                 &lt;br /&gt;"Para el escritor mexicano Guillermo Fadanelli, la literatura mexicana actual se cifra en dos adjetivos: "complejidad" y "dispersión", pues es muy difícil encontrar una relación entre los escritores, aunque convivan entre sí.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Fadanelli, quien ya no se siente un autor joven, sino un ser "bastante destruido", ve a la literatura mexicana como un conjunto de islas o de soledades que se acompañan, en las cuales, cada quien retoma la tradición que más le interesa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El autor, nacido en la Ciudad de México en 1963 y director de la revista Moho, acaba de publicar en España, bajo el sello Anagrama, dos obras suyas: La otra cara de Rock Hudson y Compraré un rifle, las cuales presentó esta semana en el Instituto de México en Madrid. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La novelaLa otra cara de Rock Hudson fue publicada en México hace ocho años de forma subterránea, dice Fadanelli, con una nula distribución, y algunos de los 19 relatos que componen Compraré un rifle aparecieron en diversas revistas y fanzines, aunque incorporó para este volumen narraciones inéditas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La otra cara... trata una historia de amor, complicidad filial y supervivencia en la Ciudad de México.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Un enorme territorio compuesto de barrios, colonias, espacios, que tienen desarrollos diferentes y en la que hay colonias muy bellas (Anzures, Condesa, Roma) y otras que han ido deteriorándose producto de la pobreza, de la corrupción de los políticos que administran el bien público, una cultura civil que ha costado mucho trabajo llevar a cabo y una inmigración monstruosa que sufrió durante veinte-treinta años". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Cuando pienso en la Ciudad de México", explica, "me vienen a la mente dos o tres barrios, algunos bares, algunos paseos, algunos amigos. Pero me cuesta trabajo pensar en ciudades de tipo renacentista, porque estas aglomeraciones urbanas no sé si merezcan llamarse ciudades". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una constante de sus historias, expresa, es la mediocridad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Cada vez que un hombre se asume como mediocre, la humanidad descansa", ironiza, "porque está convencido de que el daño que nos hacen los hombres exitosos a veces es terrible. Yo estoy seducido por esos hombres que no llegan nunca a nada y todo les sale mal, pero que no hacen daño a su sociedad". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fadanelli asegura sentir una enorme desconfianza por las personas que hacen política, sobre todo, precisa, por los políticos mexicanos, porque tienen la obligación de administrar bien sus ciudades, ser honrados, ver por el bien común, y al no hacerlo afectan en general las vidas de los ciudadanos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Pero", aclara, "nunca me ha interesado de manera esquemática la política para incluirla en mis obras". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, algunos políticos aparecen ridiculizados en alguno de sus relatos, porque los políticos ya no desean intelectuales como asesores, sino más bien asesores de imagen, alguien que domine los medios de comunicación y pueda construirle una imagen que le de votos y fama. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fadanelli expone que después de una época muy difícil, comienza a poder vivir de su escritura y ve el horizonte más claro. Horizonte en el que están, de momento, una novela que no tiene prisa por publicar y un libro de aforismos titulado Dios siempre se equivoca, el cual está por aparecer en México bajo el sello Planeta". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                        Copyright © Grupo Reforma&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-108106900743922412?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/108106900743922412/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=108106900743922412' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108106900743922412'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108106900743922412'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2004/04/escribe-fadanelli-la-mediocridad.html' title='Escribe Fadanelli a la mediocridad'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-108074642652397414</id><published>2004-03-31T09:20:00.000-06:00</published><updated>2004-03-31T09:23:58.436-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Hace unos años renuncié de manera voluntaria a la incómoda manía de estar al tanto. Puedo asegurar que pocas veces me he sentido tan confortado como ese día, cuando decidí nunca más preocuparme por estar enterado de las últimas noticias. Aún más: decidí también que lo más conveniente a mi persona era renunciar a todo aquello que conocía sólo a medias. Esto, como es sencillo deducir, equivalía a desechar casi todo lo que consideraba mi conocimiento enciclopédico: saber, por ejemplo, desde cuántos años llegan a vivir los osos panda hasta el año en que fue inventada la vacuna contra la rabia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día me descubrí en una mesa junto a otras personas, cada una dando muestras de sus conocimientos, cada una recitando lo que había leído en libros o revistas; me percaté entonces de que casi ninguno de nosotros conocía a fondo ningún tema, por más que repitiéramos de memoria nombres o referencias enciclopédicas. Sin embargo, esta sabiduría ocasional, mundana, es hasta cierto punto soportable, pues la curiosidad tiene derecho a satisfacerse, aun cuando su ración se limite sólo a pan y agua. Lo que reprochaba de mí no era, en realidad, el saber miope que conformaba la mayor parte de mi cultura, sino el deseo irreprimible de estar al tanto. Estar bien informado supone varias contrariedades: la más evidente es que son otros quienes proponen la jerarquía de las noticias: personas extrañas a nosotros deciden lo que es importante saber. Si un político de segunda clase (es decir, la inmensa mayoría) tiene un desliz o comete un fraude, el ejército de las personas que se mantienen al tanto se verá en la obligación de conocer los pormenores de esta noticia. Si se desata una guerra al extremo opuesto de nuestro hemisferio, las personas que están al tanto acumularán información acerca de ese conflicto. Si una actriz famosa le entrega sus pantaletas a un actor célebre, los hombres que están al tanto conocerán con detalle las minucias de la transacción. Sea por conducto de internet o por suscripciones a medios impresos, acumulamos una cantidad desmesurada de información que en unos cuantos días se irá a la basura. No estoy añadiendo nada al tema: Heidegger denominó a esta ansiedad de estar al tanto con un nombre: “Avidez de novedades”. En su Carta sobre el humanismo,se quejaba de que los hombres se hallaran tan preocupados por la cultura mientras que la esencia de las cosas les tenía sin cuidado: preferían roer la cáscara en vez de probar el fruto. Como es de suponer, esta renuncia a conocer a fondo lo poco que sabemos lesiona mortalmente nuestra capacidad de reflexión. Jamás se llega al fondo de las cosas porque uno está más preocupado en aumentar su saber enciclopédico que en pensar. Estoy seguro de que si se invirtieran los valores de esta ecuación (saber enciclopédico/pensamiento), viviríamos en un mundo menos cretino. Mientras tanto, seguiremos deseando ser como las computadoras, capaces de almacenar cantidades siderales de información: de hecho admiramos a los que tienen una memoria privilegiada y solemos referirnos a ellos como seres inteligentes. Alan Turing, el inventor de la máquina que sirvió de modelo para todas las computadoras actuales, fue un homosexual atormentado que se suicidó antes de cumplir 40 años. La vida de Turing podría ser un símil adecuado para esta joven sociedad formada por personas que están al tanto: la histeria suicida parece ser su único destino. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando un amigo lo cuestiona acerca de cierta información en el Times, Sabbath, el personaje de una novela de Philip Roth, asegura no haber leído el Times en 30 años. ¿La razón? “Si leyera los periódicos de Nueva York estaría tomando prozac”, dice Sabbath. Además, el viejo Sabbath, judío perverso, afirma estar harto de escuchar hablar acerca del milagro japonés (la novela se publicó en 1995): “No soporto ver las fotografías de todos esos japoneses con trajes”. Si Sabbath no soportaba enterarse del progreso de los japoneses, de la misma manera yo no soporto escuchar las opiniones de los políticos de este país. No estar al tanto me salva de tan indigesta plaga.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-108074642652397414?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/108074642652397414/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=108074642652397414' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108074642652397414'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/108074642652397414'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2004/03/hace-unos-aos-renunci-de-manera.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-107724791841714736</id><published>2004-02-19T21:31:00.000-06:00</published><updated>2004-02-19T21:34:36.686-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>No está de más que uno se imagine de vez en cuando encarnando a un dictador, pues de esa manera podemos imaginar también la magnitud de nuestra tolerancia. Lo primero que haría un individuo como yo, en caso de tener poderes omnímodos, sería convertir esta ciudad en la más silenciosa del mundo. Es evidente que sería imposible hacerlo si renunciara a utilizar medidas drásticas que, en algunos casos, desembocarían en el exilio de los ruidosos o en el patíbulo. En vista de que jamás contaré con el poder suficiente para decretar estado de silencio absoluto en mi ciudad, ni tampoco me interesaría convertirme en un tirano con las manos teñidas de sangre, me conformaré con alimentar un odio cada vez más profundo e indefenso contra los que hacen ruido impunemente. Estoy convencido de que nadie tiene ningún derecho a provocar sonidos que molesten a los otros. La contaminación auditiva es tan perjudicial para la salud como la contaminación atmosférica o la marina. Aprecio mis tímpanos tanto como la capa de ozono. Me aterra ver un vehículo lanzando por sus tubos de acero bocanadas de humo negro de la misma manera que abomino escuchar las alarmas tipludas que la necedad ha puesto tan de moda en los automovilistas. La barbarie nos asuela. Si la ciudad es el asilo de los desterrados —como quería Walter Benjamin — y el humanismo posee como concepto fundamental el vivir junto a aquellos que no pertenecemos, como escribió Peter Sloterdijk, entonces no tenemos, creo, más remedio que suicidarnos. Matar nuestras tradiciones pueblerinas para aprender a vivir en la soledad urbana: abandonar nuestras pasiones primitivas para cumplir con las necesidades civiles. En una comunidad pequeña todos los habitantes saben quien es el ladrón o el hombre generoso. En una ciudad nadie sabe nada acerca de los otros. Es ésta la razón por la que debemos ofrecer a los demás muestras suficientes de nuestra buena voluntad. Y la manera más sencilla de mostrar voluntad para la convivencia es desapareciendo, es decir, siendo discretos, silenciosos, casi invisibles para los otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las ciudades cuentan con su propia música: la campana que tañe cuando se aproxima el camión recolector de basura, o la sirena de las ambulancias que son una excepción en el tráfico. En décadas pasadas los silbidos del vendedor de globos o la flauta del afilador o la aguda letanía del carro de los camotes formaban esa música que jamás era constante ni obsesiva. Hoy esa música se ha transformado en un aullido paranoico que quebranta la mínima soledad a la que un hombre civilizado tiene derecho. Los autos producen un ruido constante: sus bocinas no paran de sonar y, cuando están detenidos, sus alarmas chillan sin que nadie pueda evitarlo. En los restaurantes o cafés siempre hay uno o varios televisores que nos escupen su cotidiana estupidez: pareciera una campaña para aniquilar el ejercicio de la conversación y, por lo tanto, la posibilidad del encuentro de opiniones. En los comercios existen bocinas enormes que predican a gritos sus ofertas. E incluso estas bocinas son colocadas a media calle para tormento de los peatones. En el interior de los taxis los conductores llevan el radio a un volumen más que considerable. Nadie se encuentra a salvo del odioso pedorreo humano. No cabe duda de que los oídos viven uno de los peores infiernos auditivos de la historia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como no guardo ninguna esperanza de que mi sociedad abandone la barbarie, no tendré más remedio que pedir asilo a una nación más civilizada o exiliarme en algún pueblo perdido de la provincia mexicana. Como lo hiciera Hesse, buscaré mi propia aldea de Montagnola para, en la quietud, comenzar a trabar amistad con la muerte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-107724791841714736?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/107724791841714736/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=107724791841714736' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107724791841714736'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107724791841714736'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2004/02/no-est-de-ms-que-uno-se-imagine-de-vez.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-107328865009235383</id><published>2004-01-05T01:43:00.000-06:00</published><updated>2004-01-05T01:45:47.576-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Como veo las cosas casi todos los seres humanos desean ser premiados al menos una vez en su vida. Ya sea por medio de un modesto diploma escolar o de un aparatoso homenaje a su carrera, los premiados experimentan siempre una íntima satisfacción, incluso cuando rehusen aceptar elogios o declaren no poseer méritos suficientes. A ver quién les cree. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando era un niño yo también recibí varios premios: el más oprobioso fue sin duda el campeonato de oratoria de mi escuela primaria. Recuerdo que ante el asombro de mis maestros solté la lengua durante más de una hora para hablar de los niños héroes. No sabía entonces que la oratoria terminaba enredándote en la palabrería más infame. Tampoco me imaginaba que aquellos viejos concursos de oratoria te preparaban para hacerte un rufián mentiroso. Yo sólo hablaba sin parar como si estuviera conectado a una rústica memoria sin fin. Cuando estuve en la universidad obtuve un premio de poesía, hecho que me valió el respeto de varios jóvenes atarantados. Con el dinero del premio cubrí el primer número de una revista que aún llevo sobre mis hombros. Ya desde entonces me ruborizaban las alabanzas, pues era consciente de que detrás de un elogio llegaba siempre una bofetada. Todos aquellos que alguna vez nos elogiaron volverán para cobrarnos los halagos: sólo debemos esperar. Después obtuve un par de premios por mis novelas. Con el dinero que me entregaron las bondadosas instituciones llegué a pagar un año de renta por adelantado. De esa manera podía tirarme a la cama para haraganear todo el día, inactividad más que recomendable para alguien que aspira a ser un hombre mediocre. Hoy mismo lo único que me interesa de los premios es, por supuesto, el dinero. Pueden ahorrase las entrevistas para periódicos y también las cenas con otros escritores que te abrazan cuando en realidad desearían clavarte un cuchillo. Sólo exijo que los cheques tengan fondos porque es penoso pararse frente a una cajera de banco con un papel inválido. Mis humillaciones más escandalosas han provenido siempre de esos seres demacrados que cuentan dinero ajeno: nada los hace más felices que rechazarte un cheque. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dado que en general los premios son una suma de mal entendidos me apenaría mucho confesar que alguna vez en mi vida obtuve reconocimientos. También, si fuera el caso, me daría pena ser el empleado del mes. Me avergonzaría llegar a mi casa con un diploma en las manos para mostrárselo a mi mujer. ¿Qué le diría entonces? “Mujer, mi esfuerzo no ha sido en vano, la compañía me ha reconocido 20 años de servicio honesto.” Estoy seguro de que mi mujer lloraría sin parar hasta el amanecer. En mi caso, preferiría que la sociedad me olvidara en vez de recordarme. Es un alivio que sociedades timoratas como la nuestra nos olviden para siempre. Los premios actúan justo en sentido contrario: te ponen en el centro de la pista. En cierto modo uno se vuelve un adefesio de circo: todos quieren asomarse a la jaula para ver cuántos ojos tiene el premiado. Ofrecer reconocimientos es también una manera de fabricar héroes para el consumo cotidiano. No tiene importancia si se es ungido héroe por el número de goles anotados en un campeonato o por escribir una novela que “desentraña los aspectos más oscuros de la condición humana”. De todas maneras el público obtiene un héroe para vitorearlo en el centro de la plaza. Ya después se darán tiempo para desollarlo o disfrutar su caída. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente cuelga sus diplomas en las paredes de su casa con tanto cinismo como conserva sus trofeos en vitrinas que están a la vista de todos. Tienen todo el derecho de hacerlo, de la misma manera que también tienen derecho a almacenar fotografías o a guardar los zapatos viejos dentro de una caja: no hacen más que escribir su propia historia, aun cuando ésta se trate de una historia común. En lo que a mí respecta obsequié todos los diplomas a mis padres y me guardé el dinero. De esa manera me libraba de papeles inútiles y mis padres pensaban que su hijo era una persona de cierto valor. Cuando muera mi madre –mi padre lo ha hecho ya– esos papeles perderán sentido y yo descansaré en paz.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-107328865009235383?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/107328865009235383/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=107328865009235383' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107328865009235383'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107328865009235383'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2004/01/como-veo-las-cosas-casi-todos-los.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-107321807791670509</id><published>2004-01-04T06:07:00.000-06:00</published><updated>2004-01-04T06:09:34.843-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Leí a E. M Cioran hace más de diez años, cuando me era imposible defenderme de sus terribles sentencias, sentía una profunda afinidad hacia su pensamiento y también hacía su cínica actitud frente a la filosofía: "Una visión del mundo articulada en conceptos no es más legítima que otra surgida de las lágrimas". Escribió en su Breviario de podredumbre. Cioran solía despreciar el conocimiento adquirido a través de sistemas filosóficos, prefería las nociones, la certeza de sus sentimientos y el escepticismo como forma primordial de enfrentamiento con el mundo, a fin de cuentas consideraba que los problemas filosóficos eran siempre los mismos, "no hay problemas nuevos" decía y con ello condenaba al hombre a la imposibilidad de una evolución o un progreso. Creo que la preocupación fundamental del pensador rumano giraba en torno a la liberación del hombre como hombre mismo, en múltiples citas Cioran solía referirse a la condición humana como una carga o una malformación. No es raro que haya sido admirador de los místicos españoles: "Toda santidad es más o menos española: si Dios fuera Cíclope, España le serviría de ojo". Y es que le otorga más valor a las revelaciones íntimas que a las conclusiones de un sistema, suele inclinarse por el testimonio de quienes han salvado el terrible obstáculo de las palabras, al de quienes las han dominado. Esa necesidad de desaparecer tras sus palabras, de encontrar un camino que lo llevara más allá de ese constante balbuceo al que parece condenarnos el lenguaje, estuvo presente en el entramado de su literatura, era un escéptico pero tenía la pasión de un místico, su duda no era un método para acercarse al conocimiento sino una necesidad. Los hombres suelen afirmarse siempre sobre una tierra endeble, sus certezas son pasajeras y ese orden que constituye el lenguaje no es más que un esfuerzo desesperado por no perecer sepultado por el peso infame del sinsentido. Los libros de Cioran se presentan como un intento por liberarse de ese sinsentido, de ejercer por medio de las palabras ese mínimo derecho que tiene el hombre por rebelarse contra los efectos de la creación, son obras de una sinceridad seductora, el testimonio de alguien parece estar de vuelta de un lugar al que ni remotamente podemos acercarnos con nuestras teorías; no en balde Cioran desconfiaba del saber organizado, le imputaba el haberse alejado de la realidad, de no servir para la vida: "El último de los iletrados y Aristóteles son igualmente frágiles e irrefutables".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cioran suele contagiar más que convencer, en sus obras hay una pasión desmedida, una pasión a la que suele renunciar el hombre moderno tan preocupado en el ardid del progreso. Sus lectores se vuelven sus fanáticos, es natural: Cioran es un moralista, un pensador al que uno suele recurrir cuando comprueba, una vez más, el absurdo de pensar el mundo, cuando las palabras ya no suelen ser una liberación sino un penoso encierro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-107321807791670509?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/107321807791670509/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=107321807791670509' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107321807791670509'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107321807791670509'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2004/01/le-e.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-107225300952794885</id><published>2003-12-24T02:02:00.000-06:00</published><updated>2003-12-24T02:04:51.826-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Comencé a leer El secuestro de Miss Blandish, de James Hadley Chase a las 8 de la noche y terminé la novela cuatro horas después. A las 12 cuando pasaba los ojos por la última frase sonó el teléfono para recordarme que era sábado y que muchos de mis amigos, oprimidos por la suela de un trabajo, se arrancaban las cadenas y salían a mendigar algo de diversión por la noche. Aún impresionado por el personaje de Slim y por su innata debilidad hacia el asesinato, salí de la cama para jugar una vez más a la ruleta rusa, lo digo así porque tengo la impresión de que en un futuro no muy lejano alguien me hundirá una bala o una navaja sin que ni siquiera nos hayan presentado. Así que ya ni siquiera me cuido. Atravieso el centro de la ciudad a la una o dos de la mañana, con resignación y confianaza, como una de esas putas experimentadas que saben que cualquier cosa que les suceda será siempre menor a lo que se habían imaginado. Iba pensando que el final de la novela nunca debió ser que Miss Blandish, la joven secuestrada, se tirara por una ventana cuando había sido ya totalmente rescatada. Me hubiera gustado un final feliz, por ejemplo que Miss Blandish una vez libre y luego de tratar con tantos delincuentes y pesonalidades oscuras, se dedicara a administrar una casa de citas. Pero eso es una estupidez, una mala broma, ¿por qué tendría Miss Blandish que administrar un prostíbulo? En ésas estaba cuando me vi repentinamente frente a El Rey, tal vez el lugar menos indicado para una noche como ésa, tan tenebrosa, "ojalá maten a alguien esta noche, junto a mi, para sentir de cerca la muerte, para cagarme ahora sí de a deveras". Palabras más, palabras menos eso estaba pensando cuando un hombre me tomó del brazo para invitarme a entrar, "me están esperando", le dije cuando vi algunos rostros conocidos alrededor de una mesa. Eran amigos, prescindibles como casi todos, un poco idiotas pero cariñosos. También estaba una mujer madura que me imaginé sería Ma Grisson, la madre de Slim el asesino, secuestrador y amante de Miss Blandish, estaba en una mesa pequeña y cuadrada, bebiendo ron, gorda y magnífica, dispuesta a amamantar a más de un asesino y a enseñarle lo que significa "vivir".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serían las cuatro de la mañana cuando una anciana en bikini apareció en el centro de la pista y se puso a bailar cumbias. El público era escaso y se hallaba en muy malas condiciones, mis amigos seguían bebiendo, los meseros dormían, Ma Grisson lloraba la ausencia de su hijo, muerto a tiros como un perro: "Durante un segundo, aquel hombre acribillado permaneció de pie, en actitud de desconcierto, iluminado por la luz del sol. Después cayó hacia adelante".  No había ya nada que hacer allí, me levanté y tiré un billete sobre la mesa, algunos protestaron, otro me mentó la madre, uno más hizo lo mismo que yo. El Rey estaba muy cerca del Eje Central, en Ecuador, a un lado del 14 y a unas cuadras del 33 y el Men y el Piel Canela, y La Barca de Oro, y otras tumbas donde los muertos se comen sus gusanos. Yo caminé hasta Bolivar e inicié el recorrido que me llevaría hasta el Dos Naciones, iba pensando que me habría gustado un final diferente, no que Miss Blandish se lanzara por una ventana, otro final, cualquiera.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-107225300952794885?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/107225300952794885/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=107225300952794885' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107225300952794885'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107225300952794885'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/12/comenc-leer-el-secuestro-de-miss.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-107112289357719933</id><published>2003-12-11T00:08:00.000-06:00</published><updated>2003-12-11T00:09:18.576-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>No es fácil encontrar un filósofo que despliegue su saber más allá de los límites impuestos por la Academia.  La mayoría modifican o perfeccionan filosofías manteniendo hacia ellas una prudente distancia, evitando ser así contemporáneos de los hombres para serlo de las ideas. No es fácil que el filósofo moderno tome cuerpo y se guíe por sus instintos, que toque las cosas haciéndolas personales, que se adapte a ese modelo de filósofo para el que, según Nietzche, nada, absolutamente nada, puede resultarle impersonal. Un filósofo en cuyo cuerpo se inscriban los acontecimientos y se modifiquen merced a la sensibilidad y a las pulsiones que la estimulan: difícil de encontrar ahora que la mayoría matan su cuerpo para que nazca la idea. Todos los hombres son filósofos sólo que algunos lo son más que otros: esta es una idea de Popper a la que podría añadirse la afirmación de que algunos pensadores se encuentran también más cerca del sistema que de los hombres, sus ojos no están puestos en la tierra y sus ideas suelen resultarle ajenas a cualquiera que no posea una mínima erudición acerca del tema. No sucede así con Jean Baudrillard, escritor y pensador francés que parece haber apostado por una filosofía que no renuncie a decirnos algo acerca de las cosas del mundo. Un escritor que se ha desplazado a esa línea donde la alta y baja cultura se unen haciendo perdediza su frontera, allí donde la sociología ya no puede dar fe de los hechos y la filosofía requiere de un poco de fantasía para aprehender a través de la literatura los modos como la realidad se presenta. La escritura de Nietzsche nos mostró que la filosofía no puede desligarse de la literatura, los hombres piensan porque son capaces de decir lo que piensan, si el filósofo no es un buen escritor se encuentra por lo regular en manos de sus interpretes, es el pretexto para que ellos lleven agua a su molino. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lyotard pensaba que si uno afirma poseer una idea clara y al mismo tiempo se reconoce incapaz de explicarla, lo que en realidad sucede es que no tiene ninguna idea: si no puede explicarla es que no ha logrado aprehender a la idea. Algo parecido suele suceder con la filosofía, si uno no es capaz de escribir con claridad acerca de su pensamiento probablemente es que su pensamiento no es transmitible a los hombres, permanece en el mundo ideal, nunca se hace palabra y por lo tanto nadie puede dar fe de su existencia. Para comenzar un estudio acerca de Jean Baudrillard  habría que decir entonces que, como escribí antes, es un filósofo más cercano de los hombres que de las entelequias, y además que es un magnífico escritor. De sus libros escribiré después. Si es que puedo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-107112289357719933?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/107112289357719933/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=107112289357719933' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107112289357719933'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107112289357719933'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/12/no-es-fcil-encontrar-un-filsofo-que.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-107098711702545359</id><published>2003-12-09T10:25:00.000-06:00</published><updated>2003-12-09T10:26:19.700-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>La conocí hace muy poco tiempo en una especie de funeral en el que me presenté a echarle un vistazo al cadáver de la literatura; es una mujer elegante y mordaz, aunque calculadora. De ella me gustó su voz y que fuera tan pálida, y que evitara hablar de ella, y que pensara que la mayoría de los hombres somos tan estúpidos como parecemos. Por el contrario, me aterraba su frialdad para calcular sus actos e inducir a los otros a perseguirla, todo lo tenía calculado: sus preguntas, el brillo de sus ojos hermosos, sus drogas, los pretextos que construía para evitar caer en las redes del otro. Seguía, por supuesto, una estrategia inteligente, es decir, jamás hablaba de sí, ni de sus proyectos, ni de otros hombres. Nada parecía tener importancia para ella excepto —y en esto resultaba tan sutil— halagar al hombre que tenía enfrente. La belleza y la inteligencia no se dan en una misma mujer más que en extrañas ocasiones y, cuando esto sucede, es mejor darse un tiro antes que comenzar esa piadosa y terrible cacería en la que, sin remedio, la supuesta víctima culminará la comedia devorando las entrañas del cazador. Y no estoy hablando precisamente de lo que conocemos comúnmente como inteligencia y que asociamos automaticamente con la inteligencia masculina, es decir, aquella capaz de certificarse a partir de un curriculum, de una biografía o en el cumplimiento de una lógica exacta; estoy hablando, más bien, de la otra: la inteligencia bestial, la del que sabe por naturaleza y se contempla a sí mismo y a los otros como los objetos de un juego cuyas reglas están claramente marcadas en el mundo de los signos, esa inteligencia que sabe leer en tu rostro, en tus palabras, en la intensidad de tu excitación, que sabe reconocer el barro del que estás hecho.  Nuestros encuentros fueron aparentemente agradables pues ambos sabíamos mover las piezas: ella preguntaba, yo respondía; un juego aburrido pero amable, sin pasiones, ni sangre, ni miraditas imbéciles o acusadoras. La única diferencia entre estos dos jugadores es que ella, y no me parece raro, piensa  —lo sabe— que en el encuentro sólo habrá de recibir algunos rasguños sin importancia. La razón de tal vanidad es que las mujeres hermosas están muy mal educadas, quiero decir que han tenido a una gran cantidad de zalameros acostumbrándolas a ser lo que son de todas maneras. Y es que después de ser tan mimadas por los espontáneos les resulta muy sencillo creer que lo único que desean los hombres es entrar a la casa por la misma puerta. Me explico: ¡Creen que todos los hombres se las quieren cojer! La desgracia es que no les falta razón y han aprendido a disfrutar —sin involucrarse, claro— los argumentos con los que el macho disfraza sus deseos. ¿Qué puedo hacer? Nada, por supuesto. O más bien sí, me iré a dar un paseo lejos de la &lt;em&gt;femme fatale &lt;/em&gt;y de su jauría de perseguidores. Suerte, muchachos, que la zorra se les escapa. &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-107098711702545359?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/107098711702545359/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=107098711702545359' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107098711702545359'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107098711702545359'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/12/la-conoc-hace-muy-poco-tiempo-en-una.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-107088122131884003</id><published>2003-12-08T05:00:00.000-06:00</published><updated>2003-12-08T05:01:22.733-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>En ciertos medios ha sorprendido la renuncia del presidente Fox. A mí me pareció una renuncia anunciada, después de su discurso en enero pasado, cuando amenazó con tomar medidas drásticas si las Cámaras continuaban poniendo obstáculos a sus reformas. No deseaba pasar a la historia como un presidente que no cumplió sus promesas. Lo que me parece más sorprendente es que, con excepción de los políticos y los medios de comunicación —sus eternos cómplices —, la sociedad tomó esta renuncia con un sabio aburrimiento. Estamos tan hartos de los políticos que en cuanto alguno desaparece experimentamos un alivio verdaderamente balsámico. Durante la década más reciente, los vimos aparecer en los medios con una frecuencia obscena. Diputados o funcionarios que buscaban notoriedad a través de discursos beatíficos: todos haciendo carrera para engordar sus cuentas de banco o mirarse en el espejo como próceres o salvadores. Las más recientes votaciones se empobrecieron notablemente en vista de que casi nadie confía ya en los políticos. Sus estadísticas ambiguas o los diagnósticos de sus expertos carecen de verosimilitud. Si la economía es —como pensaba Marshall— el estudio de la humanidad en la conducta de la vida cotidiana, ¿por qué entonces los ciudadanos se sienten tan ajenos a los discursos de orden económico que escuchan diariamente en los medios? Otro economista famoso —John Kenneth Galbraith— escribió: “En mis escritos sobre economía me ha ayudado mucho la convicción de que no existe en este dominio ninguna idea que no pueda ser expresada en lenguaje común y corriente”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos años nadie se hubiera imaginado que este desgano popular tomara magnitudes tan escandalosas. Cuando los panistas tomaron la Presidencia se pensaba que habría un cambio esencial en la administración pública. Este cambio impulsaría un equilibrio más justo en la distribución de la riqueza. Se esperaba el advenimiento de un político que hiciera nacer esperanzas en un país corrompido en sus estructuras más sencillas. Sin embargo, consecuencia de una sociedad cansada de las constantes atrocidades ejercidas por el partido hegemónico (PRI), se eligió como presidente a un hombre honrado, pero con una limitada visión de su propio país. Este hombre honrado se rodeó de expertos, empresarios y tecnócratas que, dueños de un visión aún más precaria, impidieron una relación positiva con su comunidad. Todos ellos miraban la realidad desde las ventanas de sus lujosos automóviles. A un estado de cosas semejante se sumaron los cientos de políticos opositores que encontraron en esta suerte de gobierno a la deriva una magnífica oportunidad para satisfacer sus propios intereses. Así las cosas, no me parece extravagante la dramática renuncia del presidente ni tampoco el descrédito de los políticos. Tampoco me parecen extrañas esas cada vez más numerosas comunidades apolíticas que buscan mejorar su sociedad sin el concurso de los partidos. Giambattista Vico, quien de política entendió las cosas esenciales, pensaba que en el origen las familias habían sido un primero y pequeño esbozo de los gobiernos civiles. En el prudente comportamiento de los propios individuos o comunidades pequeñas, podría construirse quizá una nueva ética de las relaciones civiles. De los políticos, lenguaraces profesionales, estamos más que cansados. ¿Cómo puede uno confiar en extraños que dicen representarnos ante las cámaras mientras acumulan riquezas o privilegios que ninguno de nosotros conoce? ¿No tendrían que llevar a cabo sus funciones cobrando apenas lo necesario para vivir? Quizá después de los primeros cinco años de un nuevo milenio, tenga lugar una nueva manera de imaginarnos las relaciones civiles, sin intermediarios ni parásitos. Mientras tanto, quienes irán a las urnas para votar por un nuevo mesías son cada vez más escasos. Sucederá más o menos lo mismo que con el presidente que acaba de renunciar: no sobrevivirá en el cada vez más pantanoso estanque de tiburones.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-107088122131884003?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/107088122131884003/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=107088122131884003' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107088122131884003'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107088122131884003'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/12/en-ciertos-medios-ha-sorprendido-la.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-107078256704692377</id><published>2003-12-07T01:36:00.000-06:00</published><updated>2003-12-07T01:37:06.623-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Aunque tal vez sea la única, poseo una enorme ventaja sobre la mayoría de los hombres: a mí si me gustan las mujeres con celulitis, adoro tocar y besar sus tejidos destrozados, sus pieles arenosas cruzadas por ríos blancos (Carajo, el modo de expresarme de la celulitis es una prueba de que en realidad me gusta). Naturalmente que en eso que para muchos es un defecto o una enfermedad radica gran parte del ser femenino, para la mayoría de los moralistas del sexo una mujer con celulitis equivale a lo que hace unas décadas todavía significaba una mujer con el himen roto, apenas la descubren se escandalizan, o si no al menos se decepcionan: la mujer ha sido tocada por la mano lujuriosa de la naturaleza. En términos de la biología es una puta: maldición para aquellos que comparan el cuerpo de una mujer con una fruta suave y jugosa (con esas mismas palabras), la celulitis les ha partido en dos el corazón. Cuánto desearía entrar a todos los hogares destrozados por la llegada de la celulitis y cojer con todos esos cuerpos anatemizados, relegados a la media luz, al maquillaje, al exilio del ditirambo y la palabrería poética, si pudiera escoger pediría que todas las mujeres que en el futuro habrán de compartir mi cama tuvieran al menos una de esas bellas ramificaciones blancas, tan parecidas a los cauces de un río o a las líneas de una mano afortunada, de no ser así rehusaría a acostarme con ellas, cono he rehusado siempre a irme a la cama con vírgenes: ese es un trabajo más propio de albañiles, tirar muros de ladrillo o romper piedras,  abrir albañales o desazolvar cañerías: los albañiles quieren vírgenes o mujeres tersas e impecables como las que han visto alguna vez en las portada de una revista, todos los albañiles, sean ricos o pobres, quieren beber champagne. Saber apreciar la celulitis no es fácil, una piel de 35 años surcada por esas hermosas líneas blancas podría ser algo tan refinado como acompañar un Roquefort con un Suternes, pero carajo, educar al pueblo es tan difícil, sobre todo cuando posee vicios tan arraigados. No seré yo quien logre enderazar su camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En términos generales, gustar de la celulítis es una de las pocas ventajas que poseo sobre el resto de los hombres. Y si a ésta le sumamos la honrosa condición de moverme en el medio de los intelectuales y no ser gay, pues entonces creo que me he ganado a pulso el que se me considere un hombre respetable. En relación con mi segunda virtud me siento tan orgulloso de ella como de mi debilidad por la celulitis. Resulta que a mí la cultura me interesa no por ser un maricón sensible sino por ser sensible a secas, la biología no ha tenido nada que ver en mis gustos literarios ni en el hecho de haber preferido vivir de una manera en vez de otra. ¿Si no hay en ello virtud en qué otra cosa puede haberlo? Yo sé que los de mi clase están en vías de extinción, quedamos muy pocos escritores y artistas machos, (no hay necesidad de encuestas, por favor, póngase a sumar con los dedos), aunque finalmente, ¿a mí qué me importa? Hice un buen uso del libre albedrío y ya casi no me queda tiempo para arrepentirme.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-107078256704692377?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/107078256704692377/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=107078256704692377' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107078256704692377'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107078256704692377'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/12/aunque-tal-vez-sea-la-nica-poseo-una.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-107066437157026719</id><published>2003-12-05T16:46:00.000-06:00</published><updated>2003-12-05T16:47:09.076-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>De entre los pocos principios que aún guardo en el bolsillo, hay uno que parece incomodarle a la mayoría de mis conocidos y para cuya elaboración no se requiere gran pericia ni mayor sensibilidad. Es un principio de supervivencia tan sencillo que parece un refrán popular: jamás hay que respetar al público, sea cual sea su índole; y aunque la segunda parte del enunciado parece radical y extravagante no encuentro suficientes razones para no tomarla en consideración. El público es lo último en quien se debe pensar, que se vaya a chingar a su madre. Naturalmente, como todo refrán, no es fácil de justificar; aunque según yo su sabiduría se ve a leguas. El que respeta al público tiene algo de esclavo, o de abonero, o de indigno, y nada ni nadie se lo va a quitar por muy famoso, o reconocido, o millonario que sea. Quiero decir que sentir respeto por la opinión o gusto del público los coloca muy por debajo del arte. Tomando un ejemplo del medio que concierne a la edición de revistas y que me concierne también puesto que junto con otros desdichados edito una revista, me pregunto: ¿Por qué razón tendría que esforzarme para publicar periódicamente? La escribimos, diseñamos y publicamos cuando se nos da la gana, y si no es muy leída no tiene absolutamente importancia, y si no es comprada tampoco y si el público se aparta porque está acostumbrado a que lo complazcan como a un eunuco glotón tampoco tiene la mayor relevancia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Baudelaire se dirigió a sus lectores llamándolos hipócritas pues suponía que sus poemas eran leídos. Y esa vanidad tan normal en un escritor maldito es una enfermedad mortal, es el virus que le hace tan vulnerable como a cualquier panadero. Es mejor pensar que nadie te lee, o mejor aún, pensar que sólo te leen los imbéciles. Al público se le ignora no se le llama hipócrita, al público no se le respeta porque de lo contrario uno lo pierde todo. Tan simple como eso. No se trata de una teoría sino de un modesto principio para vivir tranquilo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sucede que cuando un lector me conoce personalmente tiendo siempre a decepcionarlo. Los más ingenuos incluso, con esa sinceridad tan propia del pueblo, tienen la osadía de decírmelo. En el fondo piensan que soy un bufón y que debo representar una farsa. Se quedan allí parados, mirándome, esperando que diga algo a la altura de sus expectativas. "Pero si soy un pobre diablo igual que tú", me gustaría decirles pero prefiero quedarme callado, lejano, esperando que pase la tormenta y pueda yo continuar mi camino.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-107066437157026719?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/107066437157026719/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=107066437157026719' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107066437157026719'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/107066437157026719'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/12/de-entre-los-pocos-principios-que.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-106978079670119394</id><published>2003-11-25T11:19:00.000-06:00</published><updated>2003-11-25T11:20:41.106-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Hay una infeliz durmiendo plácidamente en mi recámara. No se trata de una extraña, sino de una mujer que ha vivido conmigo los dos últimos años de mi vida. No me sorprende, por supuesto que no; sólo me basta recordar cuántos años tardé en ir a un dentista después de la primera molestia, o en ir al oculista luego de los mareos causados por la lectura. Así como a otros les parece agradable el ver cómo una vaca se va poniendo gorda o cómo a un árbol le van naciendo manzanas, a mí me seduce el ver de qué manera a todo se lo va llevando la chingada. No voy a defender las sinrazones del relativismo pues cualquiera tendrá una mejor tesis que yo. Lo que quiero decir es que mientras esa mujer duerme en mi cama yo tengo que estar pudriéndome frente a la televisión y masticando una caja de cereal viejo cuyo contenido tardará años en acabarse. ¿Cómo puede dormir tan tranquila? Me imagino que piensa que el día siguiente será exactamente igual al de ayer y también al de hoy. No se equivoca, el paisaje de nuestro zoológico cambia muy poco, a veces se muere un mono, nace un antílope o las jaulas están más limpias, pero en esencia siempre es lo mismo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entro a nuestra habitación y coloco una silla frente a nuestra cama. Me desnudo y acomodo mi ropa muy bien doblada dentro del clóset. Ella no percibe mis movimientos porque está soñando con nuevas cremas y autos que van a más de cien en una autopista. Me siento en mi silla de madera y lentamente tiro del edredón que la cubre hasta el cuello: me emociona saber que bajo ese montículo de trapo se encuentra un cuerpo tibio y resistente. Debido a que la perra es friolenta me veo obligado a repetir la operación dos veces más, primero una cobija de lana y después una sábana amarilla: la cobija se desliza torpe, ondulándose como una boa en la maleza, la sábana en cambio vuela como si se la llevara el viento. Ahora está a disposición de mis ojos: su desnudez refutada sólo por sus corrientes pantaletas blancas. Se me ocurre que puedo comer cereal mientras miro su cuerpo, así que voy a la cocina y vuelvo con mi cajita de maizoro. ¿Cómo puede estar dormida si apenas son las dos de la mañana? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El frío en su piel comienza a despertarla e instintivamente busca las cobijas. No hay nada, el edredón, la cobija y la sábana están en mi poder. En cuanto se despabila y tiene conciencia de su situación, comienza a ladrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Devuélveme las cobijas, pendejo -me dice reprimiendo un bostezo. Cómo me gusta su voz. Me gusta tanto como escuchar el sonido que hacen los hielos al caer dentro de un vaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mientras tú duermes yo tengo que estar dando vueltas de aquí para allá como un león.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ese es tu problema, déjame dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me he acostumbrado a su falta de amor y a su cinismo. En contraparte ella sabe que jamás le devolveré las cobijas si no se me da la gana, no sólo porque tengo músculos más sólidos sino porque soy más obstinado. Ella lo sabe. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por cada cereal que atrapes con la boca te devolveré una cobija -le propongo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No hagas estupideces, por favor... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabe bien que ese no es el camino, ¿no es una estupidez mucho más grande estar dormida a las dos de la mañana? Dejamos pasar un minuto y después ella pone manos y rodillas sobre la cama: es una leona de ancas suaves y tensas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está bien, dame de comer -dice. Le arrojo una hojuela de maíz que rebota en su mejilla, no tiene buenos reflejos, ¿cómo los va a tener si se la pasa dormida toda la noche? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Hijo de puta, no las tires tan lejos! -se queja. Me imagino que mientras ella abre la boca esperando atrapar una hojuela, otro hombre la penetra por el culo -siempre he sido bueno para construir en mi mente este tipo de imágenes. Continuamos nuestra actividad varios minutos más hasta que la zorra cumple con la cantidad convenida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya está, ahora cumple tu parte -exige. No tengo inconveniente en devolverle las cobijas y las arrojo a sus pies. Ella tira al piso las hojuelas que cayeron fuera de su boca mientras yo me masturbo viendo como va en cuatro patas de un lado a otro de la cama. Una vez concluidas nuestras tareas, ella vuelve a enrollarse en esos absurdos trapos multicolores y yo regreso a la sala para encender el televisor, ¿no es una maldita puta infeliz?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-106978079670119394?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/106978079670119394/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=106978079670119394' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/106978079670119394'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/106978079670119394'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/11/hay-una-infeliz-durmiendo-plcidamente.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-106959428445773842</id><published>2003-11-23T07:31:00.000-06:00</published><updated>2003-11-23T07:32:04.826-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Si envejecer posee una ventaja, es que el número de mujeres más jóvenes aumenta de manera escandalosa. Cuando era yo un hombre joven, temblaba sólo de imaginarme convertido en un anciano cadavérico. Ahora es distinto, pues cuando se ha recorrido más de la mitad del camino, uno comienza a resignarse. Hoy deseo con cierta vehemencia convertirme en un anciano para comenzar a perseguir jovencitas de 50 años. Mientras esto sucede, he debido buscar nuevas estrategias para protegerme de la belleza femenina. En términos prácticos, puedo afirmar con toda seguridad que jamás he conocido a una mujer fea. En caso de que me encuentre con una, lo soluciono fácilmente imaginándome que se trata de un hombre disfrazado. Mis recursos para huir de una seducción segura suelen resultar bastante efectivos. Cuando una mujer me atrae más de lo que la sensatez recomienda, comienzo a concentrarme en sus únicos defectos. Es así como he podido sortear el enamoramiento. Para fortuna de nosotros, los hombres débiles, no existe mujer hermosa que carezca de una mínima imperfección. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que era un niño, las mujeres colmaron todas mis ambiciones. No existía para mí un mundo tan misterioso e inaprehensible como el femenino. Si bien comprendía la magnitud de su poder, jamás tenía éxito cuando intentaba comprender las razones de sus actos. El joven suicida Otto Weininger describió estas razones hace exactamente un siglo, cuando expuso que las mujeres no estaban demasiado interesadas en comprender la mecánica del universo porque en ellas encarnaba precisamente este universo. Me atrevería a describirlo de una manera menos inteligente, aunque, creo yo, también precisa: en vista de que pueden tener hijos, no ponen ninguna atención en las señales de tránsito. Las mujeres no encuentran razones suficientes para no conducir su auto en sentido contrario o para no empeñarse en dar vueltas prohibidas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como, efectivamente, me es imposible comprender en muchos casos el comportamiento femenino, he acudido a la resignación. Esta ceguera me conduce a una sabia renuncia: jamás intento conquistar a una mujer que no se me ha entregado de antemano. Como además deseo conquistar a tan pocas mujeres, no consumo mi tiempo en empresas tan ingratas. La experiencia me ha dictado varios principios de supervivencia: uno de ellos consiste en hacer invisibles a las mujeres que no puedo llevarme a la cama. De esta manera, he podido eliminar casi a media humanidad. No me cabe ninguna duda: los hombres somos estúpidos por antonomasia. Por este motivo, las mujeres sólo son felices cuando desaparecemos: no sólo como materia sino sobre todo como sujetos o individuos. Hace no más de una semana, mi amiga española Ángela Vallvey me escribió para contarme que acababa de divorciarse de un hombre con el que compartió varios años de su vida. Sin siquiera meditarlo respondí a su correo aplaudiendo su separación. Si los hombres desapareciéramos antes de cumplir la media centena de años (si es antes, mejor), no habría en este mundo más que mujeres felices. No existe —le dije a mi querida Ángela— mujer tan mala en este mundo que no merezca al menos unos años de viudez.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-106959428445773842?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/106959428445773842/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=106959428445773842' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/106959428445773842'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/106959428445773842'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/11/si-envejecer-posee-una-ventaja-es-que.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-106940047854904939</id><published>2003-11-21T01:41:00.000-06:00</published><updated>2003-11-21T01:42:52.153-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Tandis qu'elle attend la mort, menottes aux mains, Lucie s'adresse au reste des prisonniers pour les faire taire : "Avez-vous besoin de tous ces mots pour vous donner du courage ? J'ai vu mourir les animaux et je voudrais mourir comme eux : en silence !" Lucie a besoin de se réconcilier avec elle-même avant d'être brimée, annihilée par le bras de ses bourreaux. Quel réconfort peuvent bien nous offrir les mots alors que, précisément, ils représentent tout le contraire, le besoin, le désir ardent d'occulter le non-être ? Cependant ce n'est pas Lucie, en réalité, qui réclame le silence, mais l'écrivain qui se sert d'elle pour renier son métier. C'est Jean-Paul Sartre qui, fidèle à son habitude, utilise son œuvre -ici, Morts sans sépulture - pour nous faire sentir sa présence. Ce Sartre incapable de maîtriser ses opinions ou son écriture débridée. Nul autre que cet écrivain n'est mieux placé pour invoquer le silence, pour éroder la conscience jusqu'à la faire disparaître, lui que son amour démesuré pour les mots accablait. En fin de compte, seul celui qui a bâti son monde de mots est en droit de désirer son anéantissement. Sartre croyait au pouvoir de la littérature comme presque aucun autre philosophe. Je ne pense pas qu'il se soit tant inquiété de la vérité de ses raisonnements : "Je n'ai pas l'habitude de penser pour écrire… L'inspiration n'est pas une idée qui naîtrait soudainement dans la conscience et suivrait son cours. Elle est au bout du stylo." L'union de la vie et de la pensée au sein même de la littérature. La possibilité, à travers l'écriture, de découvrir l'humanité dans les idées. Tel est l'objectif d'un écrivain pour qui la littérature n'est pas un métier comme les autres, mais un métier transcendantal, une activité qui confère le pouvoir de modifier l'ordre du monde. La littérature peut-elle se compromettre avec une idéologie ? Rencontre fatale dont l'inévitable conséquence est que les idées vieillissent, les mots sont usés à force de leur donner du sens, ces mots mis au pied du mur par un individu historique qui refuse de disparaître, c'est-à-dire, de se taire. Rien d'étonnant à ce que la génération postérieure à Sartre l'ait enfermé dans un catafalque et enterré, de même que son scandale humaniste, ses contradictions, sa passion politique, son exaspérante idéalisation de la liberté, son obsession du pouvoir négateur de la conscience. Rien d'étonnant, par exemple, à ce que Foucault, lassé de l'humanisme représenté par Sartre, ne lui ait accordé qu'un rôle secondaire dans l'histoire du savoir. Finalement, le courant moraliste français, si tourné vers l'homme, fait crise en Sartre. Vient ensuite le temps des remords, le besoin d'oublier le visage d'une philosophie engagée. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Il a fallu que le temps passe pour que nous puissions de nouveau lire Sartre en toute tranquillité. L'avantage pour nous est qu'il n'est pas là à faire des déclarations compromettantes, à revenir sur ses propos, repenti d'avoir autant écrit. Il ne peut pas répondre, et plus qu'un avantage c'est un soulagement. "Mon imposture c'est aussi mon caractère, on guérit de sa névrose, on ne guérit pas de soi-même", a-t-il écrit dans Les mots. Désormais qu'il s'est enfin guéri de lui-même, que nous nous sommes, nous-mêmes, guéris de sa présence envahissante, voici qu'il préside de nouveau à la table grâce à un livre. La première chose qui nous vient à l'esprit est la manie excessive, de la part de nos contemporains, de sans cesse déterrer les morts. Et Bergson ? Qu'est-ce qu'ils attendent pour le dépoussiérer et faire du bénéfice sur sa résurrection ? Ou mieux encore Vladimir Yankélévitch, lui peut être considéré publiquement comme un penseur peu apprécié. Cette impression disparaît lorsque c'est un autre philosophe, Bernard-Henri Lévy, qui se livre à l'exhumation. L'expérience montre qu'aucun penseur n'agit sans avoir au préalable fait le tour de la question sous tous ses aspects. Mais pourquoi écrire un livre de six cents pages ? Pourquoi cette surenchère de citations d'écrivains et de philosophes ? Un Français qui consacre un ouvrage volumineux à un autre Français que l'on pensait oublié Et qui plus est, un ouvrage au titre quelque peu pompeux: Le siècle de Sartre. Voilà qui d'entrée de jeu sent le narcissisme nationaliste. L'auteur lui-même s'interroge : "Comment se fait-il que ce soit Sartre et non un autre qui reprenne le flambeau de Gide et, à partir de là, domine toute l'époque ?" Mais la méfiance toute justifiée qui précède la lecture après ces quelques considérations s'évanouit dès que l'on se plonge dans l'esprit de l'argumentation. Peu de pages suffisent à découvrir la passion commune au deux écrivains : celle des mots. Tout autant que Sartre, Bernard-Henri Lévy croit au pouvoir corrupteur des mots. C'est une propension pour le moins étrange qu'ont les Français - pour nous qui ne le sommes pas - à doter la pensée d'effets littéraires, à considérer non seulement que nos concepts sont formés de mots, mais aussi que ces mots embellissent les idées pour les rendrent séduisantes. Comme si convaincre était avant tout séduire, mais séduire avec des mots. La personnalité de Sartre nous apparaît dès lors comme entourée, assiégée par le style d'un philosophe qui ne cesse de prendre forme au travers du littéraire. Il ne s'agit pas d'un taxinomiste aboulique, mais d'un véritable acteur, capable aussi bien de tirer son épée du fourreau de façon toute théâtrale que d'éclater en sanglots ou de déclamer des panégyriques à tous vents. Ainsi, sous cette versatilité c'est un Sartre fascinant que l'on nous donne à voir, personnage d'un roman dont l'intrigue recouvre l'histoire d'un siècle. N'est-ce pas là la manière la plus sensée d'envisager un penseur qui a vécu à l'image du plus contradictoire de ses propres personnages ? Un homme ayant écrit avec autant de générosité ne peut être réduit à l'unité. Il n'existe pas qu'un seul Sartre, et c'est là l'une des leçons de ce livre. Avec quelle facilité, mais quelle injustice aussi, on a enfermé cet homme dans la prison d'une image unique. Le fait qu'il ait lui-même contribué, et avec autant de fougue, à marteler ses opinions dans tous les domaines a fait que, selon la maison, il ait été considéré tour à tour comme un fléau ou comme un saint. Dans le livre de Bernard-Henri Lévy, on retrouve un mythe fait de raisonnements, de témoignages, de rumeurs, de bavardages et même d'insultes. Un mythe surgi de l'union incertaine de tous les Sartre que nous avons à l'esprit. Cet exercice mène fatalement à la confrontation. Tôt ou tard, forcément, on se trouve en désaccord avec lui ; tôt ou tard, on l'approuve, quelque animosité philosophique ou historique que l'on nourrisse à son égard. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ma première impression à la lecture de La nausée - sans doute le livre le plus célèbre de Sartre - à été celle de ne pas vraiment avoir affaire à un roman. Comment décrire le sentiment s'emparant d'un jeune homme qui croit que des choses importantes, fondamentales, des questions primordiales pour son existence future, lui sont révélées ? Le philosophe murmure les sentences arides que l'écrivain reprend pour leur donner vie au travers du langage. Sartre écrit à Simone de Beauvoir: "Je n'essaie pas de protéger ma vie a posteriori avec une philosophie, ce qui serait indécent, ni d'accorder ma vie à ma philosophie, ce qui serait pédant ; je fais en sorte que la vie et la philosophie soient véritablement une même chose". C'est l'une des raisons pour lesquelles Sartre s'est peu soucié des problèmes de linguistique. Il devait considérer comme du chipotage technique un peu idiot que des hommes aussi brillants passent le plus clair de leur temps à décortiquer mécaniquement le langage. On connaît les mots lorsqu'on vit parmi eux, et non pas en les disséquant, en les ordonnant, en les enfermant dans des bocaux.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nul n'ignore à quel point la relation entre philosophie et littérature peut s'avérer gênante. Certains penseurs, au comble de la paranoïa -je pense à Iris Murdoch- ont nié à Nietzsche le statut de philosophe. Je préfère ne pas m'attarder sur la question, au risque d'y rester empêtré. Juste une phrase de Lévy à ce sujet : "… il ne semble pas exagéré d'affirmer que Sartre, en principe, est le moins disposé des philosophes contemporains à permettre que la langue - et, par conséquent, la littérature - non seulement gouverne, mais encore corrompe le travail de la pensée. "Mais il y a plus, lorsque Simone de Beauvoir écrit à son compagnon pour lui dire ceci: "Quand je vous ai connu vous m'avez dit que vous vouliez être à la fois Spinoza et Stendhal." Cette ambition lui vaudra les reproches des deux parties. Les écrivains trouvent ses œuvres trop encombrées de réflexions philosophiques. Les philosophes académiciens s'opposent à ce qu'un écrivain célèbre se joigne à leurs rangs. Ils lui préfèrent Merleau-Ponty, et ne sont pas du tout disposés à ce que la paresse littéraire vienne fausser ou détourner leur métier. Ces critiques ne l'arrêtent pas. Comment le pourraient-elles, alors qu'il cherche précisément à sortir la philosophie de l'université ? La rue est l'endroit qui convient à la fécondation de l'esprit. Non pas les salles de cours, mais les ruelles. Voilà l'une des raisons pour lesquelles ses rapports avec les philosophes sont âpres. Heidegger lui-même s'efforce de garder ses distances vis-à-vis de la doctrine à laquelle Sartre s'obstine à vouloir donner le nom d'existentialisme. Outre le fait qu'il le considère comme un philosophe mineur, l'Allemand préfère, quoiqu'il en soit, la dénomination "essentialisme" (rappelons la célèbre phrase de Heidegger, selon laquelle les Français ne pensent que lorsqu'ils le font en allemand). En réalité, le souci fondamental de Sartre n'est pas l'être mais ce qui se trouve autour : les objets dont l'existence est antérieure à notre conscience, les choses qui existent sans qu'il y ait besoin d'une conscience pour leur donner une quelconque réalité. Si bien que Sartre, dans le sillage de Husserl, s'accorde au fait que la conscience est toujours conscience de quelque chose, et croit contre Husserl qu'il n'existe pas de prétendu ego transcendantal capable de se constituer comme être universel doté de perception. Dans L'Etre et le Néant, Sartre écrit : "L'être phénoménologique manifeste lui-même tant son essence que son existence." Et Bernard-Henri Lévy précise, à propos des choses : "Leur existence est non seulement indépendante, mais encore antérieure à la conscience, qui en prend note." Voilà précisément la sensation que nous laisse la lecture de La nausée : les choses existent au même titre que les hommes. Aucune volonté divine, aucune "supra-conscience" humaine n'est venue conditionner leur existence. Elles sont là, on les a projetées dans le monde tout comme les hommes. L'athéisme de Sartre est définitif. Lévy écrit: "J'aime cet athéisme chez Sartre. J'aime cette gloire qui est l'une des facettes de son athéisme. J'aime que ce pape de l'existentialisme rompe aussi catégoriquement avec les principes de la sacristie." Et si Dieu n'existe pas alors tout est permis. Sartre sait cela, et c'est pourquoi il n'hésite pas à proclamer la liberté absolue de notre conscience. Nous n'avons pas besoin de Dieu pour décider de nos propres actes. D'ailleurs la conscience, le pour soi, comme décide de l'appeler Sartre, est la négation de l'être qui est en soi. L'homme crée ses propres valeurs sans avoir recours à un être se situant soi-disant au-delà de sa conscience. D'où la célèbre phrase de La nausée: "Tout ce qui existe naît sans raison, se prolonge par faiblesse et meurt par hasard." D'où, également, l'affirmation de Bernard-Henri Lévy qui, heureusement, nous épargne les explications minutieuses de son compatriote : "Les choses, sans la conscience, ont une matérialité massive, muette, informe? Cela est vrai. Mais, quoiqu'il en soit, elles ont une matérialité, alors que la conscience, sans les choses, est un endroit vide, un néant. Elle a besoin des choses pour exister alors que les choses n'ont besoin que d'elles-mêmes." &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;S'offrir comme guide de toute une génération, même si ça n'est pas explicite, est chose risquée. Tôt ou tard on commence à vous reprocher vos actes, vos déclarations, vos contradictions - toutes naturelles dans une pensée dont la caractéristique essentielle est d'être en mouvement perpétuel. Nombre de lecteurs de Sartre ont trouvé extravagant qu'il déclare, lors d'une importante conférence, qu'en fin de compte l'existentialisme était un humanisme. Pourquoi, après avoir chassé l'homme du giron de Dieu pour ne lui donner qu'une place modeste au milieu des choses, pourquoi passer aussi effrontément au domaine d'un humanisme d'ores et déjà dépassé ? A quelle sorte d'entité abstraite pouvait bien faire allusion un philosophe ayant aussi bien décrit dans ses œuvres l'abandon absolu de l'homme et sa condition d'orphelin ? On conçoit fort bien les reproches que cela entraîne, bien qu'à mon sens ils ne soient pas forcément justifiables. Si les athées font les meilleurs religieux, je ne vois pas pourquoi un penseur qui a consacré autant de pages à la liberté de conscience ne serait pas un humaniste. De plus, il s'agit d'un Français. Et les Français ne sont-ils pas, par antonomase, les gardiens historiques de cette ennuyeuse entité que l'on appelle l'homme ? En outre, Sartre peut se tromper, non seulement parce qu'il a la littérature pour lui, mais aussi parce qu'il semble peu se soucier de l'opinion de la société où il vit. Peu d'écrivains auront été aussi haïs par leurs contemporains. Lévy raconte/ "Ils l'ont accusé de salir la France et de corrompre sa jeunesse. Les gens quittaient le restaurant où il venait d'entrer. On l'a appelé serpent lubrique, hyène dactylographique, chacal à stylo, rat visqueux et cancer rouge de la nation." Sartre devait beaucoup s'amuser de ces insultes, qui font rougir si l'on songe à la dose d'admiration qu'elles supposent. Et Bernard-Henri Lévy semble y prendre beaucoup de plaisir également lorsqu'il transmet minutieusement les injures que Malaparte aussi bien que Céline ont lancé sur l'humanité de l'existentialiste. Après tout, l'on n'écrit pas un livre de six cents pages sur un homme que l'on n'admire pas profondément. Et l'on n'admire pas quelqu'un sans souhaiter sa disparition. Presque à la fin du livre, le biographe-philosophe écrit : "Nous vivons la vérité comme une aventure, pas comme une équation." Cette affirmation ne renferme-t-elle pas l'absolution à un Sartre aventureux, généreux, cynique ? Deux exemples de son cynisme : lors de l'impression de son livre La critique de la raison dialectique, dont la dédicace était destinée à Simone de Beauvoir, il demande à Gallimard d'imprimer en secret quelques exemplaires supplémentaires dédicacés à une autre femme. Deuxième exemple : au retour de son premier voyage en Union Soviétique, il n'est qu'éloges pour le régime communiste. Vingt ans plus tard, il avoue que ses déclarations n'étaient pas fondées : "Quand on est invité chez quelqu'un, on ne le démolit pas en rentrant chez soi." Lorsqu'il s'agit des femmes, son cynisme se change en grâce. Il a toujours préféré être avec des femmes - ce qui, de mon point de vue, suffit à l'absoudre d'autres péchés. Lévy écrit presque en début d'ouvrage : "Car Sartre a d'autres femmes. Comme chacun sait, toute sa vie il a préféré la compagnie des femmes. Il disait toujours s'ennuyer profondément avec les hommes, que cette moitié de l'humanité existait à peine pour lui et qu'il aimait mieux parler de bagatelles avec une femme que de philosophie avec Aron." Bien qu'il ait eu pour habitude de décrire à Simone de Beauvoir ses rencontres amoureuses avec chacune de ses maîtresses, je ne pense pas, à l'instar de Bernard-Henri Lévy, que ce soit là son seul but. La compagnie des femmes est toujours réparatrice. Plus encore s'agissant d'un homme qui comme lui se trouvait au cœur d'une querelle intellectuelle et morale contre sa société. Plus encore pour un penseur qui devait lui-même incarner la liberté de conscience absolue. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dès qu'il s'agit de son rapport avec le communisme, les sourires se durcissent et les anecdotes perdent leur éclat. C'est là l'un des sujets dont personne ne veut parler ou dont, au contraire, presque personne ne veut sortir. Commençons par sa Critique de la raison dialectique. De façon générale, on pourrait la décrire comme une tentative de réconciliation entre le marxisme et l'existentialisme. L'objection la plus commune à ce mariage est la suivante : comment envisager que des hommes libres se soumettent à la volonté de l'Histoire ? Quel sens y a-t-il à s'être exilé de l'en-soi pour tomber entre les mains d'un nouveau Dieu ? Comment justifier l'assassinat ou l'emprisonnement d'une bonne partie de la société au nom de son propre bien ? Pour ma part, je trouve sordide (faute d'autre mot) le fait que l'auteur de Morts sans sépulture -dont j'ai cité l'un des paragraphes au début de cet article- ait pu s'exprimer a posteriori en ces termes : "Un régime révolutionnaire doit se débarrasser d'un certain nombre d'individus constituant une menace, et je ne vois pas de moyen autre que la mort. On peut toujours s'évader d'une prison. Les révolutionnaires de 1973 n'ont sans doute pas assez tué." Sartre est d'accord avec le fait que l'histoire s'inscrit dans un mouvement, mais que c'est l'action des hommes au travers d'un comportement dialectique qui donne un sens à ce mouvement. Il ne s'agit pas là de la dialectique hégélienne, où le choc des passions contraires a un effet émancipateur, mais d'un choc de contraires qui, plus qu'elle n'entraîne une synthèse, engendre un mouvement désordonné. Par conséquent, la dialectique ne se change pas en progrès, et ne possède pas non plus de direction propre. Lévy nous propose une lecture littéraire de la dialectique sartrienne : "C'est une dialectique sans dénouement, sans résolution. C'est une dialectique sans accord ni synthèse, irrémédiable. C'est un moteur qui, littéralement, tourne et abolit la linéarité, donc le providentialisme, de toutes les autres dialectiques." Concilier l'idée d'un homme libre avec celle d'un homme aliéné, chosifié, qui doit se libérer, est impossible si ce n'est à travers un discours qui, en somme, ne fera qu'accentuer la contradiction. En effet, les philosophes n'ont pas l'habitude de faire machine arrière une fois qu'ils osent exposer leurs idées. Ils se font un devoir de persister dans leurs premières hypothèses, et ce même au risque de construire sur un terrain peu stable. Ils préfèrent se justifier plutôt que se rétracter. Quelle déception pour eux que d'avoir à recommencer. Et voilà Sartre portant sur ses épaules la charge de son existentialisme de jeunesse, alors qu'il parcourt les terres du déterminisme historique. Mais il n'en va pas toujours ainsi : au cours de l'une de ses envolées lyriques, il a affirmé que L'Etre et le Néant était un livre dénué d'intérêt. Il n'a pas non plus continué à développer sa Critique de la raison dialectique, dans laquelle il devait démontrer que l'histoire possède une vérité ou une intelligibilité. Les idées comme les mots dans lesquels elles s'incarnent se débattent dans l'ambiguïté. Parfois elles nous libèrent, mais parfois aussi elles se transforment en la plus hostile des prisons. Et il y a aussi la vie. L'homme qui pense n'est jamais le même que celui qui vit. Je cite un paragraphe assez curieux de Lévy au sujet d'Althusser : "Qui eût cru qu'un sage, un bloc vivant de théorie, un anti-sujet comme lui, que nous croyions capable de foudroyer quiconque oserait céder en sa présence à des émotions vulgaires ; qui eût cru qu'alors même qu'il se demandait dans quelles conditions philosophiques et politiques le marxisme-léninisme entrerait dans la voie sûre d'une science, cet homme qui méprisait le psychologisme et, croyions-nous, l'amour et ses dévotions, cet homme-là pouvait écrire à une femme: Mon bel amour d'ambre sombre, mon bel amour de sombre sable ?" Je me pose la question : qui, hormis un saint, est capable d'établir une quelconque cohérence entre ses paroles et ses actes ? On accuse Sartre d'avoir abandonné ses principes pour se joindre au communisme. On accuse Heidegger de s'être rallié au rêve hitlérien. Bernard-Henri Lévy consacre une grande partie de son livre à démontrer que le rêve d'une hégémonie fasciste n'a pas été précisément le résultat d'un concours de circonstances, mais qu'au contraire il reflétait la nature même de la pensée de Heidegger. Infatigable, Lévy va jusqu'à exhumer, à grands coups de pelle, des passages de ses livres, de ses conférences ; il interprète avec parti pris - mais peut-il en être autrement ? -, érige un tribunal, condamne, se demande : "Est-ce le philosophe ou bien le nazi qui définit le peuple allemand comme le peuple métaphysique par excellence ?" Je me risquerais à dire que si Lévy accuse aussi durement Heidegger, c'est pour disculper Sartre. Les accusations faites à l'un et l'autre philosophes me paraissent insensées. D'abord parce que je crois qu'un philosophe doit écrire ou penser dans la liberté la plus totale. Chez des hommes tels que Céline ou Sartre ou Heidegger, ce courant chaotique que l'on nomme pensée trouve un moyen de se manifester. Un homme n'est jamais intègre. Il ment s'il l'est ou s'il prétend l'être. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pour conclure ces quelques remarques sur Le siècle de Sartre, j'ajouterais qu'il s'agit d'un livre honnête. Il place Sartre parmi nous. Il nous rend un peu de cette humanité perdue dans la technicité philosophique et dans le renoncement - compréhensible - de l'individu. Tous les philosophes ou écrivains qui sont entrés en contact avec Sartre ou l'ont influencé se donnent rendez-vous dans les pages de ce livre. De Bergson à Foucault, de Gide à Camus. On y trouve même des analogies surprenantes ou un peu tirées par les cheveux, comme celle qui attribue à Joyce des influences chez le philosophe français. Quelques allusions nécessaires à Schopenhauer et à Habermas nous ont manqué, mais comme le dit Lévy lui-même à propos de Sartre, on ne peut lui reprocher ce qu'il n'a pas écrit. Par moments, on a l'impression de lire le roman d'un homme qui n'a pas su faire la différence entre la pensée et la vie, écrit par un autre homme qui ne fait pas la distinction entre la vie et la passion. Nous avons à faire à de la littérature qui traite de philosophie, un commentaire mené avec la maestria d'un hétérodoxe. Parfois son style se corrompt sous l'effet du délire de sa propre voix. C'est une écriture qui se veut artistique avant d'être précise. Le siècle de Sartre manifeste également une certaine nostalgie envers les grands philosophes, ceux qui ont pris sur eux la lourde responsabilité de tout penser. Aujourd'hui, dans un monde saturé de professeurs spécialisés qui ne s'aventurent pas en-dehors des chemins battus, sois de nouveau le bienvenu, Sartre. &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-106940047854904939?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/106940047854904939/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=106940047854904939' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/106940047854904939'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/106940047854904939'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/11/tandis-quelle-attend-la-mort-menottes.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-106863138256016667</id><published>2003-11-12T04:03:00.000-06:00</published><updated>2003-11-12T04:07:31.780-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>I was a child back then and children generally aren't too judgmental; although most of them don't really know why they are sitting at those wooden desks, saddled with a bag full of notebooks and pencils, listening to a person who is neither their father nor their mother; although they don't know why they have to go to school and learn, they do it without resentment, without recriminating anyone for anything. Once in a while there would be some sentimental weeping or cries of anguish, but most of the time we would listen silently to that man with the matted hair and the badly-knotted tie who would speak to us tenderly while walking between the desks from which we children followed him with our surprised gazes since in the end we still hadn't become used to that kind of routine, and even though we had been taking classes in that neighborhood school for several years, we still hadn't figured out how to rebel against those prison wardens who wrote on the blackboard. Basically we were real idiots because now, looking back on it, I can't believe we weren't capable of refusing to do the things he made us do, especially that day he got the notion that, in order to honor our mothers, we should each one of us get a hank of yarn and knit a little woolen cap with which to cover our old ladies' craniums. I knew I couldn't count on my father's approval because he wouldn't be able to bear watching his son knitting without being sure I was turning into a goddam faggot. So, as always, I sought out the support of my mother, who was quite pleased about the whole thing. She bought three hanks of mustard-colored yarn, some plastic implements that would work as knitting needles, and a spool of white thread. &lt;br /&gt;     I gave up those afternoons I normally spent kicking a ball against an eroded wall in an alley a few meters from my house, those afternoons when sitting on that same ball I would count the passing cars while trying to convince myself that there was some kind of justice to the prohibition to go to the park and play with the other children. Instead, I locked myself in my bedroom knitting the old lady's cap. I'm not complaining, but I would have liked to have done it openly. After all, it was nothing but a teacher's pretentious whim. And wasn't it my own father who had sent me to that school in the first place? I still remember him, with his fists clutched, saying that he was going to kill the son-of-a-bitch teacher who was perverting his child, making him knit like a little girl. "Is that why I drive a trolley bus ten hours a day?" My mother defended me, although not exactly as I would have liked her to--energetically, reasonably, making him realize that in fact it was no big deal. She defended me timidly because my mother, too, was scared of the bulky arms and the evil gaze of that man who would threaten us at the top of his voice, the man who would touch us just to make us realize he could kill us if he wanted to. The mistake had been to trust my brother, asking him not to tell my father about the knitting under any circumstance, my father who had just been named as the candidate for a position in the public transportation union. It was a terrible mistake because my brother, who was more terrified than my mother and me together, thought it would be better to be on the side of the strongest, even if it meant betraying us. And he did it, he told on us the same day that big man covered the house with dozens of fliers with his name on them, the smallest name after those of the Secretary General and the Treasurer. He hung the fliers on both sides of all the doors in the house, on the walls, the refrigerator, and the windows, so that anyone who passed by our house could see that our family was making progress; that my father was not going to stay a bus driver for the rest of his life; that it was time people began treating us, the Fadanellis, with respect. &lt;br /&gt;     I don't know how it occurred to me to say it, it came of itself, as if my mouth were someone else's. "Give me a fucking break, will you?" I said to him. We couldn't believe it, not I, nor my father, nor my mother, nor my brother, who was spying from the bedroom door. "Give me a fucking break, will you?" And I was so surprised that it didn't hurt when he slapped me, nor when he kicked me in the ass, nor when he dragged me to the floor by my hair. It hurt him more that his party had lost the elections because it meant he would go on being a driver, a goddam driver with a son who knitted little wool caps. And while his family took down all the fliers, the ones we had plastered the entire house with a week earlier, he stood looking out the window with his jaw clamped in anger, his fists clutched. Who knows what he was thinking about? As for me, I was thinking about what I was going to tell the teacher when he asked me about my knitting: "Give me a fucking break, will you?" I would tell him the same way I had told my father. &lt;br /&gt;     That night, I heard someone sobbing in my parents' bedroom. I got up and put my ear to the door. My brother was behind me and was also listening to his sobs, to my mother's voice cheering him up, telling him that God knew what he was doing, that it was wrong to curse. Crying like a pussy, I thought, my father is crying like a pussy. My brother stood there, his eyes wide open, trembling with fear because he had never heard him cry; I was satisfied because it was the best that could have happened to me at that moment--my mother was right, God knew perfectly well what he was doing. Although it was dark I knew my brother was looking at me, I could feel his eyes, wet with tears. I spat on the floor twice, once for him and once for his father who was crying like a pussy. &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-106863138256016667?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/106863138256016667/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=106863138256016667' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/106863138256016667'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/106863138256016667'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/11/i-was-child-back-then-and-children.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-105939948340744765</id><published>2003-07-28T08:38:00.000-05:00</published><updated>2003-07-28T08:38:03.393-05:00</updated><title type='text'>Vidas cruzadas (extracto)</title><content type='html'>1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- ...Me dijo que para tener buena memoria necesito comer verduras.&lt;br /&gt;-- Y cómo no va a tener razón. Los niños deben de alimentarse con verduras porque se están formando. Los grandes, comamos lo que comamos, vamos perdiendo la memoria. Yo por más que me quiero acordar de la cara de mis hermanos, no puedo. Hace tanto tiempo que no los veo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- A mí me gusta mucho la carne --el niño se metió a la boca un trozo de milanesa recalentada.&lt;br /&gt;-- Eso es lo que menos falta en esta casa. A don Fernando siempre le ha gustado la carne. Casi nunca come verduras. Eso sí, me las pide siempre para que adornen los platos.&lt;br /&gt;-- Y va a ser presidente, ¿verdad, mamá?&lt;br /&gt;-- Sí, pero no lo andes repitiendo, hijo --Francisca le había servido a don Fernando durante quince años con un esmero casi religioso, primero como cocinera, después como jefa de la servidumbre.&lt;br /&gt;-- ¿Por qué?&lt;br /&gt;-- No te vayan a secuestrar creyendo que eres su hijo.&lt;br /&gt;"Doña Francisca es más fiel que mi mujer", solía decir el patrón cuando se le pasaban los tragos. A ella no le incomodaban sus bromas. Era el patrón: el próximo presidente de México.&lt;br /&gt;-- Pero ni siquiera nos parecemos. Él es güero.&lt;br /&gt;-- ¿Y tú crees que eso le importa a la gente? Ya inventarán algo para justificar sus chismes.&lt;br /&gt;La cocina no era tan amplia como en la casa de Zacatecas, ni tampoco guardaba ese agradable olor a laurel ni a ollas de barro al que Francisca se hallaba tan acostumbrada. Pero no había solución: el candidato necesitaba vivir en la ciudad de México.&lt;br /&gt;-- La maestra es rara. No es como las otras que he tenido --dijo el niño mientras untaba con mayonesa un pan de centeno.&lt;br /&gt;-- Tienes que acostumbrarte a todo, hijo. Si don Fernando se va al purgatorio nos vamos nosotros con él.&lt;br /&gt;Francisca habría preferido que su único hijo permaneciera en Zacatecas. Allá el aire, además de limpio, se llevaba al carajo todos los papeles. "En esta ciudad el viento es cosa rara".&lt;br /&gt;-- A mí me gusta más aquí que en Zacatecas.&lt;br /&gt;-- No sabes ni lo que dices --dijo la sirvienta con aire resignado. Cuánto rencor alimentaba hacia esa ciudad que la había dejado viuda siendo ella tan joven. Diez años atrás, cumpliendo un encargo de don Fernando, el marido de Francisca se trasladó al Distrito Federal. Un mes después, cuando Francisca se hizo a la idea de que su marido la había abandonado, encontraron su cuerpo en uno de los canales de Chalco. Tenía dos tiros en la cabeza.&lt;br /&gt;Don Fernando entró a la cocina para ordenar su desayuno. Decidía cuáles serían sus alimentos siempre hasta el último minuto. Esta vez sólo tomaría un jugo. Nada de los acostumbrados huevos con jamón acompañados con gruesas rodajas de jitomate. Acarició la cabeza del niño al que había prometido hacer profesionista. Luego dijo:&lt;br /&gt;-- Francisca, he notado que no te gusta Marcelo.&lt;br /&gt;-- Pues ésa es la mera verdad, para qué me hago tonta.&lt;br /&gt;-- Sólo tendremos que soportarlo unas semanas más. Debes tener paciencia. Si no es para toda la vida.&lt;br /&gt;-- No se preocupe, he aguantado cosas peores.&lt;br /&gt;-- Mi asesor de imagen, mira nada más. A quien debes reclamarle es a Eligio. Quién sabe de dónde jodidos lo fue a sacar.&lt;br /&gt;-- Como usted diga, don Fernando, pero ya sabe que no me gustan los maricones. Ya mujeres habemos muchas pa todavía...&lt;br /&gt;-- En mi escuela hay uno que es maricón --intervino el niño. La loción del candidato impregnaba el aire de la cocina imponiéndose por momentos al olor de la milanesa recién calentada.&lt;br /&gt;-- Atiéndelo bien, Francisca, te lo ruego.&lt;br /&gt;Marcelo estaba sentado en un sillón de la sala con una rosquilla de chocolate entre los dedos. Nada mejor para celebrar sus cuarenta años de edad que su cliente más importante fuera elegido presidente de la República. Entonces ningún rincón de Los Pinos se salvaría de una "manita de gato". El nombramiento de asesor de imagen del candidato a la presidencia había acrecentado su fama, pero sobre todo su cartera: "El dinero no da la clase, pero sin dinero tener clase no es suficiente", acostumbraba recitar a la menor oportunidad.&lt;br /&gt;En el transcurso de unos meses su talento había realizado un milagro en la persona de Fernando Alcántara. Vamos, hasta le había atenuado la joroba producto de tantos años de mal sentarse.&lt;br /&gt;-- Marcelo, me gustaría suspender la sesión de hoy. Hable usted con Rocío para hacer una nueva cita.&lt;br /&gt;-- Estamos a quince días del debate, don Fernando --lo dijo de una manera humilde. No deseaba que su frase fuera tomada como el majadero reproche de un subalterno. Después de todo el único indispensable en el equipo de campaña era el propio candidato.&lt;br /&gt;-- Entonces haremos sesiones dobles. Usted sabe que no estoy muy contento con estos métodos. Lo convierten a uno en payaso de circo.&lt;br /&gt;-- Votos, don Fernando, no lo olvide.&lt;br /&gt;-- Votos, pero a un precio muy alto. ¿Acaso el maquillaje te hace más inteligente? A veces me dan ganas de mandarlo a usted a la jodida.&lt;br /&gt;-- Nuestra época nos exige cambios radicales --Marcelo mantenía la rosquilla junto a su boca como si se tratara de un micrófono.&lt;br /&gt;-- Voy a gobernar, no a cantar, Marcelo.&lt;br /&gt;-- Hoy se encuentra usted muy bromista. Ojalá permanezca con ese humor hasta el día del debate. Uno desearía estar en el mejor estado de ánimo cuando va a enfrentarse a un acontecimiento importante.&lt;br /&gt;-- Eso se remedia fingiendo.&lt;br /&gt;-- Por más que uno sea capaz de fingir, jamás podrá superar el impacto de un sentimiento verdadero --dijo Marcelo, con humildad. De ninguna manera estaba dispuesto a enfrentarse a don Fernando.&lt;br /&gt;-- ¿Conoce usted a alguien que finja más que Manuelito?&lt;br /&gt;-- Manuelito es un fuera de serie. Usted sabe cuánto lo estimo, don Fernando.&lt;br /&gt;-- Es un pinche hipócrita.&lt;br /&gt;-- La gente lo quiere, pregúnteselo a cualquier en la calle. Hay que ver el alboroto que se arma cuando llega a algún restaurante.&lt;br /&gt;-- Sí, hombre. Ya lo sé. Manuelito y yo cursamos juntos la preparatoria. Hasta compartimos alguna vez la misma novia.&lt;br /&gt;-- No puede ser.&lt;br /&gt;-- Tenemos casi treinta años de ser amigos y debo reconocer que no conozco a nadie con esa capacidad de alterar sus sentimientos. Lo cual no le quita lo cabrón.&lt;br /&gt;-- Si me permite, don Fernando, cabrones somos todos. Sólo hay que esperar una ocasión para demostrarlo --Marcelo se metió media rosquilla a la boca. No le intimidaba ser el único a quien el candidato le hablaba de usted. Incluso le convenía mantener esa respetuosa distancia con el fin de llevar a cabo su misión del mejor modo posible.&lt;br /&gt;-- Espero que esté contento con sus honorarios.&lt;br /&gt;-- Sí, es usted muy generoso --respondió Marcelo.&lt;br /&gt;-- Buenos días, entonces.&lt;br /&gt;Marcelo se incorporó del sofá haciendo gala de una agilidad felina: Atravesó la sala a paso firme e hizo una sutil reverencia con la cabeza en señal de despedida. Pasó junto a los dos hombres que resguardaban la puerta. El más alto sonrió socarrón como siempre que veía a Marcelo. "Pinches gatos, nunca saldrán de cuidapuertas", pensó Marcelo. Uno de los choferes del candidato llevó su auto hasta su casa en las calles de Monte Everest. Jamás se le había ocurrido pensar que su cliente vivía en una calle bautizada con el nombre de la montaña más alta del mundo. "Buena señal", se dijo a sí mismo antes de abordar el auto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manuelito Rocha conducía su camioneta Suburban sobre una avenida Coyoacán despejada y tranquila. Los semáforos en verde lo hacían ponerse de magnífico humor: luz verde, siempre luz verde para Manuelito Rocha. ¿Quién habría podido vaticinarle que a los cincuenta años estaría convertido en un símbolo nacional? "Manuelito, ojalá todos los hombres fueran como usted". "Su programa hace que olvide de mis problemas". "Es usted un santo". "Si mi Tere se encontrara a un hombre con su inteligencia". Estaba más que acostumbrado a las excesivas muestras de afecto que le ofrecía su público. Las recibía con premeditada humildad mostrando a sus fieles una pavloviana sonrisa de dientes amarfilados. Detuvo la Suburban frente a una casa en la calle de López Cotilla. La calle casi desierta, once de la mañana, un peatón llevando el periódico bajo el brazo, una anciana esperando a que su perro terminara de orinar sobre el tocón de un árbol muerto. "En México sólo el Papa es más famoso que yo", se le ocurría pensar a Manuelito. No obstante, a diferencia de Fernando Alcántara, su amigo, antiguo compañero de escuela, protector inclusive, jamás sería incluido en los libros de historia. ¿Qué libro de texto dentro de cincuenta años recordaría al más famoso de todos los animadores de la televisión mexicana? ¿Acaso sus ocurrencias tenían derecho a la posteridad? Descendió de su vehículo cuando las puertas de la casa se abrieron automáticamente, primero el rectángulo metálico de apariencia infranqueable, después el portón de madera. Lo recibió un hombre de baja estatura, un pequeño Francisco I. Madero de cabellos mal administrados y mirada torva.&lt;br /&gt;-- Manuelito, pensé que jamás llegarías.&lt;br /&gt;-- Perdona mi retraso, hermano. Ayer tuve una noche larga... mmm.&lt;br /&gt;-- Así no vas a llegar a viejo --sentenció Arturo Benítez, la Pulga, como sus amigos solían llamarle.&lt;br /&gt;-- Magnífico, ¿quién quiere llegar a viejo, mi hermano? Estoy dedicándome de lleno a preparar mi primer infarto --dijo soltando una risa que no obstante sonar poco sincera despertaban siempre simpatías.&lt;br /&gt;Pasaron a un recibidor decorado con grandes espejos de marquesinas broncíneas, alfombrado, tapizado en todas sus paredes. &lt;br /&gt;-- Sólo estaré unos minutos, tengo que revisar personalmente el cuerpo de una de mis edecanes --anunció Manuelito.&lt;br /&gt;-- Quién fuera tú. Sé que eres un hombre muy ocupado, pero me gustaría hablar un momento contigo. No vas a despreciarme, ¿verdad? Menos por una pinche edecán. &lt;br /&gt;-- No, mi hermano, soy yo el que ha venido a tu casa. &lt;br /&gt;-- ¿Quieres un brandy o eres como los mamones que dicen que es una bebida para tomarse cuando no hay sol? &lt;br /&gt;-- Por favor, el Cardenal de Mendoza me ha hecho católico. &lt;br /&gt;-- Ya que eres católico tengo un recado de Dios para ti. &lt;br /&gt;-- ¿De qué se trata? &lt;br /&gt;-- Negocios, burdos negocios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Fernando Alcántara escuchó de boca de su secretaria las actividades que el encargado de la campaña había preparado para él. Eligio Buenrostro le cargaba la mano concertándole citas con empresarios de baja reputación e intelectuales incómodos. De hecho, había sostenido ya varias discusiones al respecto con él. &lt;br /&gt;-- No quiero relaciones con narcotraficantes menores. Por mucho dinero que aporten a mi campaña, tarde o temprano te ensucian con su mierda. En ese medio uno debe saber tratar sólo con los más importantes. Tú sabes exactamente a lo que me refiero, Eligio.&lt;br /&gt;-- Por supuesto, señor. Estoy intentando hacer una lista muy depurada. Sólo los grandes.&lt;br /&gt;-- A lo intelectuales tampoco tengo que convencerlos. El pueblo no los escucha. Además siempre hacen preguntas comprometedoras. &lt;br /&gt;-- Son las élites, señor. Su poder es extraño, yo creo que debemos estar bien con ellos.&lt;br /&gt;-- Cancela la cita con el líder de la CTR. Lo van a tirar en un par de meses, me lo dijo mi compadre.&lt;br /&gt;-- Llama todos los días. &lt;br /&gt;-- Que chingue a su madre. &lt;br /&gt;-- Bien, señor --dijo un Eligio aparentemente tímido, piel color de leche, pulcro en su vestimenta.&lt;br /&gt;-- Quedé de tomarme un café con Manuelito. Búscame por favor un espacio en la agenda.&lt;br /&gt;-- Don Fernando, si usted me lo permite, creo que su amigo --pronunció la palabra amigo con cierto desprecio-- está pidiendo demasiados favores. No anda en buenos pasos. Me han llegado rumores de buenas fuentes. &lt;br /&gt;-- Nadie en este país anda en buenos pasos, Eligio. Ni tú mismo. &lt;br /&gt;-- Todos conocen la amistad que hay entre ustedes. No sería justo que...&lt;br /&gt;-- Yo me encargo de eso. &lt;br /&gt;-- Estoy preocupado por el debate. Sé que Saldaña nos va a tratar de pegar hasta con la cubeta. Tiene información sobre el financiamiento del aeropuerto de Zacatecas. &lt;br /&gt;-- No tiene más información que yo, te lo aseguro. &lt;br /&gt;Eligio rió satisfecho al escuchar las palabras del señor candidato. Tal parecía que nada era capaz de intimidarlo. Sin embargo, el debate sería definitivo. Pensó en Marcelo, ¿estaría realizando un trabajo adecuado? Se imaginó al general Francisco Villa, su personaje histórico favorito, discutiendo con su asesor de imagen. Rió nuevamente, esta vez en silencio, un pensamiento nada más.&lt;br /&gt;A un costado de la oficina del licenciado Alcántara, dentro de su propia casa, se había improvisado una sala de prensa. Cinco mujeres uniformadas con un conjunto --falda y saco-- de casimir azul marino, recibían los mensajes que los ciudadanos enviaban al candidato. Eran apenas las nueve de una mañana soleada. El movimiento de manos recorriendo los teclados de las computadoras originaba un caótico concierto que, no obstante, a Rocío le parecía adormecedor. Estaba tan cansada. Las noches de los días más recientes había mantenido agotadoras discusiones con su marido acerca de la conveniencia de seguir viviendo juntos. Él, además de ser simpatizante del partido opositor, se sentía desplazado en su matrimonio. Don Fernando no respetaba el horario ni tampoco la intimidad de su secretaria. La llamaba a cualquier hora de la madrugada para consultarle acerca del asunto más baladí. En definitiva, a opinión de sus esposo, lo más conveniente era que, de una buena vez, se fuera a dormir con el candidato.&lt;br /&gt;-- Eso hará más fácil el trabajo de todos.&lt;br /&gt;-- En unas semanas volveremos a la normalidad, tranquilízate --Rocío mentía. No sería difícil saber qué pasaría con su vida una vez que don Fernando fuera elegido presidente.&lt;br /&gt;-- ¿Y para qué tanto esfuerzo, Rocío? Saldaña les va a partir la madre, no se hagan ilusiones. Si cometen un fraude el pueblo se les levanta. Si juegan limpio van a perder.&lt;br /&gt;-- ¿Y si trabajara para Saldaña también me pedirías que me acostara con él?&lt;br /&gt;-- Al menos sería para bien del país.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-105939948340744765?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/105939948340744765/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=105939948340744765' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/105939948340744765'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/105939948340744765'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/07/vidas-cruzadas-extracto.html' title='Vidas cruzadas (extracto)'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-105851625699731679</id><published>2003-07-18T03:17:00.000-05:00</published><updated>2003-07-18T03:17:36.973-05:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Toda vez que he regresado de un viaje evito narrar a nadie los acontecimientos o vicisitudes que me sorprendieron durante la travesía. Desde el momento en que uno pone en palabras su experiencia algo se pierde para siempre. Si se desea que cualquier simple acontecimiento se transforme en una aventura sólo es necesario contarlo, escribió Sartre en La náusea; entonces el acto más anodino, sea éste dar de comer a las palomas o hablar con un desconocido en la plaza, adquiere un peso inédito, histórico. Hace tan sólo dos días le he preguntado a un billetero acerca de los trenes que se detenían en Coimbra. El empleado de la estación me ha respondido: “Todos los trenes se detienen en Coimbra, incluso el que va a Coimbra.” Su humor no me sorprendió pues una ironía de ese talante es necesaria para sobrevivir una vez que se ha respondido a la misma pregunta cientos, millones de veces. Por otra parte, no comprendo mi afán por preguntar naderías incluso en un idioma que desconozco. Después de todo las señalizaciones son muy claras y los horarios se cumplen con puntualidad. Me imagino que mi obsesión interrogativa se debe a que cultivo una desconfianza ancestral hacia mi entendimiento y siempre creo estar equivocado. Un ejemplo que se me ocurre ahora es que cuando cursaba el segundo año de primaria mi padre me inscribió en una escuela distinta a aquella donde había cursado el primer año escolar. Apenas en la primera clase el profesor impuso a los alumnos de nuevo ingreso un breve examen para cerciorarse de nuestros conocimientos matemáticos: sumas, multiplicaciones, divisiones y restas. Debido a que mi madre no sólo me había enseñado a leer sino a realizar cuentas sencillas desde los cinco años, fui el primer alumno en terminar el examen, hecho que ya en sí me causó gran desconfianza. En lugar de entregar la hoja con mis respuestas dejando que el resto de los alumnos se concentrara en su pupitre, decidí husmear en la hoja de mi compañero de banca. Mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí que sus resultados eran radicalmente opuestos a los míos; de inmediato me dispuse a copiarlos borrando con una goma bicolor mis propias cuentas. Sobra decir que obtuve cero de calificación y el profesor me colocó en la fila de los estúpidos a cuyos miembros dedicaba mayor atención con el fin de integrarlos a la clase. Eso sucedió hace ya tantos años aunque desde entonces las cosas no han cambiado mucho para mí y siempre creo abordar el tren equivocado, ordenar el platillo equivocado y recorrer las calles incorrectas. Así lo haré sin duda hasta el día de mi muerte. Y cuando alguien me pregunta qué hice durante mi viaje, en el acto respondo: pasear y equivocarme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es natural que cuando llego a una ciudad por primera vez comience a caminar sin rumbo durante horas. Es ésa la única manera que conozco para distraerme y, por lo tanto, para pensar. Casi todo lo que ha valido la pena vivir lo he encontrado caminando, paseando, aunque no sé si tendré la misma fortuna que el escritor suizo Robert Walser quien encontró la muerte en uno de sus acostumbrados paseos sobre la nieve. Walser había anticipado su muerte cuando en Los hermanos Tanner hace morir a un joven artista mientras éste caminaba sobre la nieve. Debido a que en México no hay nieve, en caso de morir de manera repentina, seguramente caeré de bruces en el cemento y me destrozaré el rostro. En fin, creo que después de un viaje lo mejor es callarse y tratar de olvidarlo todo. De esa manera somos generosos con los otros ahorrándoles detalles o narraciones subjetivas e inútiles. Además no sé qué puede ser interesante de una ciudad. Las ciudades no están hechas para perderse, como quería Walter Benjamin; por el contrario, nadie puede perderse en una ciudad pues precisamente su esencia radica en ser punto de encuentro, lugar de reunión entre desconocidos. Ahora que he llegado a Oporto he tardado media hora en encontrar una habitación e instalarme: todo parece estar tan a la mano a pesar de ser una ciudad de calles incorrectas. Lo que cuesta es adaptarse a ciertos detalles agotadores, como aprender el nombre de las calles o aprender a nombrar las verduras. Sólo existe una cosa que me anima a seguir: todo está descubierto y uno sólo debe tomar algún camino.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-105851625699731679?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/105851625699731679/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=105851625699731679' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/105851625699731679'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/105851625699731679'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/07/toda-vez-que-he-regresado-de-un-viaje.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-105728395194889222</id><published>2003-07-03T20:59:00.000-05:00</published><updated>2003-07-03T20:59:11.743-05:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Tarde o temprano uno se arrepiente de las decisiones que se toman a los 20 años. Tiempo, décadas más tarde nos encontramos prisioneros de decisiones tomadas por un jovencito que si bien respondía a nuestro propio nombre apenas si podemos reconocer en la distancia. Todos los disparates posibles se practican a edad temprana. Yo deseaba estudiar filosofía porque desde joven tenía el presentimiento de que allí encontraría respuestas a preguntas que me intrigaban casi desde la cuna. Y si en lugar de filosofía cursé estudios de ingeniería civil fue porque jamás he sido un hombre de firmes convicciones, mucho menos en ese entonces, que me hallaba sometido a los designios de un padre autoritario. Siempre ha sido así: mis principios se tambalean apenas alguien los cuestiona. Como Groucho Marx puedo decir: éstos son mis principios, ¿le disgustan? No se preocupe: tengo otros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno se pasa la vida pensando en el futuro sin ser cabalmente consciente de que el futuro llegó hace unas semanas sin anunciarse ni pedir permiso. Todavía me sorprende que pueda yo hablar de mi pasado con tanta tranquilidad si apenas unos años atrás era yo mismo ese pasado. A los 18 tuve una novia a la que amaba como sólo puede hacerlo un estúpido. Si ella me hubiera sugerido matar, lo habría hecho sin preguntar razones. Desde entonces mantengo una seria, constante desconfianza frente al amor. Fue en compañía de esta primera novia que comencé a comprar libros. Tomados de la mano recorríamos las librerías en busca de títulos sugestivos o de autores que nuestra desabrida cultura fuera capaz de reconocer. Así nos hicimos de una pequeña biblioteca de 500 volúmenes donde sobresalían Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Jorge Ibargüengoitia, Milan Kundera y Czeslaw Milosz. Cuando después de pocos años sobrevino la época del desamor, de los arrepentimientos, del cansancio, nos vimos empujados a tomar decisiones con respecto a nuestro patrimonio. Lo más noble que puede hacer un hombre inteligente es renunciar a todo lo que tiene. Nada te hace más ordinario que reclamar en voz alta un pedazo de tierra, una propiedad. Sin embargo, como dije anXXtes, yo era un estúpido y una tarde, que hoy recuerdo apenas en sus detalles, nos reunimos la novia y yo para discutir el futuro de nuestros bienes. ¿Cómo pueden ser las mujeres tan sensatas cuando ni siquiera han cumplido 20 años? Esta jovencita, mi desgraciado primer amor, me comunicó aquella tarde con un aplomo insólito que podía quedarme con los libros porque después de todo yo iba a ser escritor. Me dijo que aunque ella amaba también los libros podría vivir sin ellos. Yo, en cambio, como una rata codiciosa, guardé silencio, acepté su renuncia sin concederle nada. Con una intuición primitiva de tan perfecta, mi novia anticipó que el joven largirucho sería escritor y necesitaría los libros, pues en su casa no había más que enciclopedias compradas en abonos, libros de Luis Spota y noveletas Estefanía que el padre compraba religiosamente cada semana. No sé si ella está arrepentida de su lejana renuncia, pero yo guardo infelices remordimientos por haber aceptado los libros con tanto cinismo, con una actitud tan canalla, digamos tan eficiente: ¿un futuro escritor? Más bien un jodido cuentachiles sin ningún asomo de clase. Y, sin embargo, tarde o temprano se aprenden algunas cosas: ahora vivo en compañía de una mujer con quien jamás me casaré (no cometeremos el error de invitar un abogado a casa). Tenemos un auto, dos computadoras, decenas de cuadros y dibujos obsequio de nuestros amigos artistas, cerca de 5 mil libros y cientos de fotografías donde estoy borracho sonriendo frente a la cámara como un psicópata. No es mucho, pero cuando nuestra relación termine ella se quedará con todo. No volveré a pelear lo que sólo me pertenece a medias. Si se tuviera que escribir una historia universal de la infamia, menos sofisticada pero más real que la escrita por Jorge Luis Borges, tendría que incluirse en ella a una porción considerable de los juicios legales que las parejas de antiguos enamorados llevan a cabo en los juzgados de todas las ciudades del mundo: una prueba no sólo de la relatividad del amor, sino de nuestra considerable vileza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-105728395194889222?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/105728395194889222/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=105728395194889222' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/105728395194889222'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/105728395194889222'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/07/tarde-o-temprano-uno-se-arrepiente-de.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-93337707</id><published>2003-04-27T07:01:00.000-05:00</published><updated>2003-04-27T07:05:18.000-05:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Entre la mítica calma de la pequeña ciudad renacentista y el delirio propio de las aglomeraciones urbanas contemporáneas, se tiende un puente cuyos cimientos han sido carcomidos por el paso del tiempo: las grandes metrópolis no son ya la conclusión o el siguiente paso evolutivo de aquéllas, sino que bien miradas, no son sino su negación. Quiero decir que, por ejemplo, la ciudad de México no es en absoluto la continuación de la ciudad colonial ni tampoco del México de principios de siglo. Se ha registrado un cambio que parece poner en entredicho la posibilidad de la convivencia civil, un cambio de dimensiones inverosímiles y consecuencias cada vez más claras. &lt;br /&gt;Hace casi diez años, en una visita a Florencia, me tocó ser testigo de algo que difícilmente podría haber sucedido en Milán o en alguna otra ciudad de mayor envergadura. Un hombre, a quien la policía era incapaz de identificar, esperaba la noche para secuestrar mujeres y descuartizarlas de modo tan minucioso y tan docto que la principal hipótesis acerca de su identidad suponía se trataba de un médico. A partir de estos hechos y en espera de que la policía diera cuenta del criminal, los habitantes de la pequeña ciudad toscana decidieron dejar de salir durante las noches. Apenas se ocultaba el sol, el movimiento cotidiano que envolvía a la ciudad desaparecía y sólo algunos peatones ocasionales o temerarios continuaban empeñados en llevar a cabo una vida normal.&lt;br /&gt;Qué diferente habría sido la actitud de los habitantes de Nueva York o de Chicago, para quienes un acontecimiento semejante no rebasaría el estado de una información periodística. Los florentinos, en cambio, actuaron como si la ciudad fuera un pueblo y se encerraron en sus casas. La Florencia de los años ochenta se diferenciaba muy poco del Londres sombrío del siglo pasado, en el que Edgar Allan Poe narraba los crímenes sucedidos a la sombra de una ciudad sin luz. En ambos casos, la ciudad conservaba algo de pueblerina y la noticia de un asesinato modificaba la rutina de sus habitantes. Fue la invención de la luz eléctrica y el despliegue del alumbrado público la causa de que las noches de la ciudad se volvieran menos inhóspitas, las multitudes, los flˆneurs, los aparadores luminosos, los grandes almacenes comerciales, alteraron el flemático ritmo de las ciudades, implantando en ellas el nervioso entusiasmo de la novedad: los provincianos, los recién llegados del pueblo solían admirarse ante el espectáculo de esa fingida tranquilidad con la que los ciudadanos caminaban rozándose los hombros, empujándose unos a otros mientras paseaban por las angostas calles que hacía muy pocos años se hallaban oscuras y desiertas. Sin embargo, y a pesar de encontrarse poseída por un ritmo más acelerado, la ciudad continuó encarnando aquello que Walter Benjamin llamó ``el asilo de los desterrados'', continuó dando albergue a los inmigrantes, quienes a fuerza de convivir se volvieron cosmopolitas, ciudadanos, participantes de un orden y una ética, de un orden civil capaz de evitar que los hábitos huraños de los recién llegados dieran lugar a un caos o a una guerra de costumbres. &lt;br /&gt;Y es que el lenguaje de la ciudad resulta artificial por antonomasia; el ser parte de ésta obliga a los habitantes a la relación hipócrita como estrategia de supervivencia, es decir, dos extraños conviven porque ahora son ciudadanos: la conciencia civil es el requisito elemental para que los habitantes de una comunidad sean considerados ciudadanos.&lt;br /&gt;El París del siglo XIII, la Florencia del Renacimiento, el Londres de Edgar Allan Poe y la inmensa mayoría de las ciudades contemporáneas tienen en común que debajo de la fachada de sus iglesias o de sus rascacielos, de sus calles empedradas o de las avenidas saturadas de autos, del ir y venir de su gente, existe un entramado ético que les da cohesión, una gravedad moral que disuade a sus habitantes de matarse en las calles. La ciudad de México no es, por lo tanto, una ciudad; dejó de serlo al experimentar una metamorfosis que todavía no concluye: la violencia sin control, la proliferación de armas de fuego, la corrupción en todos los niveles de las instituciones cuya tarea es la seguridad pública, la desconfianza endémica entre sus habitantes, los cuerpos policiacos privados, la impunidad, son efectos de la desaparición del orden civil. En las calles, los peatones caminan temerosos, desconfiados, tienen miedo, saben que no existe nadie capaz de protegerlos y que la calle no es ya un lugar seguro. A diferencia de los hombres de antaño, han terminado por acostumbrarse a las multitudes y a la novedad tecnológica, no son ésas las sorpresas que se imponen al ciudadano hoy en día; el desconcierto proviene de una fisura histórica a partir de la cual el habitante de la ciudad de México se encuentra en un estado de guerra permanente: la calle es un territorio cuya propiedad ha dejado de ser comunal, no es ya el espacio público, no la plaza donde la comunidad se congrega sino el territorio que se ofrece a quien es capaz de apropiárselo. Los medios de comunicación reparten un guión a cada familia y difunden el show de la tragedia al interior de los hogares; el camino de la casa a la empresa tiene ya muy poco que ver con la tradicional idea de recorrer la ciudad y sí mucho con la de sortear las adversidades que impone la inseguridad de un territorio.&lt;br /&gt;En un ensayo, según yo brillante (El artista y la ciudad), el filósofo español Eugenio Trías desarrolla la noción platónica del artista como creador de la ciudad, ambición idealista que durante el Renacimiento se convirtió en realidad: la ciudad fue la obra del artista y la síntesis entre la producción y el deseo; trabajo y creación se unieron en el espacio de la ciudad toscana para que el hombre de aquella época realizara en ella el proyecto de una moral y una estética. Nada tan opuesto al territorio metropolitano en el que hoy sobrevivimos: la obra de los arquitectos coloniales Lorenzo Rodríguez y Francisco Guerrero y Torres, la sobriedad clasicista de Manuel Tolsá, el ímpetu moderno y creativo del arquitecto Juan Segura, la sagacidad monumental de Obregón Santacilia y el esfuerzo de los arquitectos contemporáneos han sido insuficientes para soportar, para referirnos sólo a la arquitectura, la destrucción del lenguaje civil. En la llamada ciudad de México no ha sido el artista el único excluido, sino también, y en ello reside su virtual suicidio, el ciudadano. ¿En qué y en cuánto se ha modificado el ser de la estética? ¿Podríamos continuar simulando el papel del artista en un espacio de características semejantes? Yo, en lo particular, creo que la tradición no es suficiente para sostener la estructura jerárquica del arte y que el espíritu que la anima está disminuido. Pienso también que la circunstancia nos empuja a encarar la literatura y el arte de un modo distinto, ¿cómo y en qué la estética se modifica? Ojalá no tardemos cien años más en descubrirlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-93337707?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/93337707/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=93337707' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/93337707'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/93337707'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/04/entre-la-mtica-calma-de-la-pequea.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-93290426</id><published>2003-04-26T05:51:00.000-05:00</published><updated>2003-04-26T05:51:38.816-05:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Eran tan negros como un teléfono, y sin embargo en la clínica los contrataban así porque, entre más negros, resultaban mucho más limpios: sólo los más negros podían llevar una bata tan inmaculada como la nieve. Esto lo leí el día que caí en cama por exceso de efedrina e incienso. El libro se llama Uno voló sobre el nido del cuco y cualquiera lo conoce. Cuando leí esta frase comprendí algunas cosas: una de ellas es que entre más pendejo es un escrito, —puede leerse "entre más negro"—, más cuidadoso y limpio es con su escritura: las comas van donde deben ir, los personajes brillan como una bacinica, todo es tan cuidadosamente pulcro que te dan ganas de vomitar en el piso: un poco de mugre no le hace mal a nadie, hasta es necesaria. Me estoy acostumbrando a comenzar todo lo que escribo hablando mal de los escritores, pero uno tiene que odiar a sus similares, ¿no es eso? Cuando estás enfermo, como lo estoy yo ahora, te sientes superior a los demás, ningún millonario o famoso está a la altura de un cáncer o una leucemia…, y sin embargo no era esto lo que quería decir, más bien quería hablar de la X, una chava de la que estuve enamorado dos días y cuya filosofía en la cama consistía en "a mí no me gusta dar sino que me den", y esto aunque suene vulgar no lo es: la X es una princesa de dieciséis años que trabaja como cajera de un Seven Eleven y que sueña con ir a trabajar de campesina a Nueva Zelanda; es muy guapa y su piel es tan lisa y candente como la arena del desierto. Sólo espera que un día la caja del Seven Eleven se encuentre lo suficientemente retacada para vaciarla, irse al aeropuerto y cumplir el sueño de su vida. Dije "enamorado dos días", porque durante ese tiempo se me paraba nada más pensar en ella y no la hubiera cambiado ni por la hermana que nunca tuve. X era muy cariñosa, le gustaba hablar mucho y siempre te estaba contando de las nuevas ofertas del Seven Eleven y de los tatuajes que se pensaba hacer antes de irse a Nueva Zelanda. Pero tenía un defecto: era más, pero mucho más vanidosa que yo, yc uando no lograba captar absolutamente toda mi atención —como aquella vez que intentó convencerme que era mejor el yogurt Danone que el Alpura—, se vengaba de mí orinándome mi cosita. Quero decir que cuando estábamos cogiendo y cuando yo menos lo esperaba, la X se orinaba encima de mí Y además me decía: "es que cuando no me hacen caso me pongo muy suceptible". La última vez que me lo hizo la amenacé con contarlo en el periódico. Se burló de mí y dijo que le importaba un carajo que un montón de intelectuales pendejos se enteraran de que se había orinado: "peor para ti, ya nadie te va a respetar", me decía. Entonces la amenacé con ir al Seven Eleven a denunciar sus planes; amenaza que tampoco surtió efecto porque dijo que bastaba con mostrarles alguno de mis artículos para que supieran con qué clase de imbécil estaban tratando. Por fortuna la X ya no me importa, no quiero saber nada de ella, y cuando tengo necesidad de salir a media noche a comprar una botella, busco un oxo o un Super Siete.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-93290426?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/93290426/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=93290426' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/93290426'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/93290426'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/04/eran-tan-negros-como-un-telfono-y-sin.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-93039296</id><published>2003-04-22T06:09:00.000-05:00</published><updated>2003-04-22T06:09:55.980-05:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>En ningún lugar he sentido, como en Tijuana, la fuerza que impone un territorio a sus habitantes. La ciudad tiene la vocación de pertenecerle a todos y se respira en ella un orgullo extraño, acaso el de ser un gigantesco hotel sin puertas. El nunca haber sido imaginada como una ciudad real sino como parte de una estrategia, no como fin sino como un medio, la despoja de esa aura de "ser para siempre" que poseen la mayoría de las ciudades. Se tiene la sensación de que en cualquier momento todos se irán y emigrarán hacia mitad del desierto o hacia otra frontera, incluso la zona del Río que supone ser el asiento de la modernidad, tiene esa apariencia de escenografía, de montaje efímero, de ser una locación donde se rodarán infinidad de películas y simulacros, pero donde nada sucederá realmente porque todos son actores, no por vocación o elección sino por contagio, por saberse en medio de un territorio ausente de historia y de futuro, un territorio en el que todo es movimiento, flujo continuo. Ciudad prótesis, inventada, Tijuana es una ciudad donde todo lo real se anula por exceso de exhibición, todo está allí, a la mano, a cualquier precio y a cualquier hora: no hay más que recorrer durante la noche las calles de la Zona Norte para darse cuenta que el placer es una enfermedad endémica: La Estrella, El Chicago Club, La Ballena, son algunos de los antros que conforman esa geografía despiadada en la que todo parece a punto de caer, puntos álgidos de una decadencia sin historia: anatomía del heróimano. Por otra parte, los ríos de personas que cruzan la frontera todos los días han terminado por dotar a la ciudad de esa impaciencia que es congénita a la naturaleza del emigrante, una impaciencia que contagia y nutre todos los pasos. Tijuana es como un espejismo, está allí sólo para el que quiere y puede verla.Para la mayoría, sin embargo, es transparente, no existe: nuestra mirada, desde este lado de la frontera, la atraviesa para posarse en California, en la tierra prometida, en el paraíso glamuroso de los dólares; la mirada de los californianos, en cambio, se detiene allí para construir una imagen falsa y lúdica de México; para nosotros, los mexicanos, es transparente, para ellos es un mito: dos modos distintos de negarle la realidad, de escamotearle su propia existencia. Hasta la cerca de acero, el Bordo que corre a lo largo de la frontera, parece ser un artefacto más propio de la ciencia ficción que un instrumento de división territorial. Los reflectores que iluminan la frontera, los helicópteros aleteando en busca de los tránsfugas mexicanos que huyen de su tierra y de su precaria economía, la tensión propia de una línea que une divididos territorios tan dispares, configuran el escenario para una cacería tipo nintendo, obvia y violenta, cínica y espectacular: la frontera supone más bien el repertorio de imágenes para una realidad virtual que un conflicto de orden racial o económico. Hay que estar allí para ver.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-93039296?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/93039296/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=93039296' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/93039296'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/93039296'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/04/en-ningn-lugar-he-sentido-como-en.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-92963138</id><published>2003-04-20T22:53:00.000-05:00</published><updated>2003-04-20T23:54:51.000-05:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Voy a decirles por qué nunca asisto a una mesa redonda. Lo primero es que los organizadores invitan regularmente a más de tres personas: ¡He llegado a ver hasta nueve bastardos en una sola mesa! De modo que la sesión llega a durar más de dos horas. Lo segundo es que los ponentes son tan ingenuos que llevan consigo más de dos cuartillas: ¡Hay cretinos que se tiran leyendo hasta veinte hojas cuando a nadie le importa un comino su opinión! En las presentaciones de libros he llegado escuchar eruditos tratados filológicos acerca de una novela que no vale ni el papel en el que está impresa: y uno que no es público tiene que soportar las peroratas de los compañeros de mesa mientras espera su turno al micrófono. En general el público que se presenta a estos actos es realmente acarreado: primos, queridas y uno que otro despistado. No son los políticos los que tienen el monopolio de los acarreados sino ¡los intelectuales! Insufribles son aquellos que quieren desacralizar el acto y restarle solemnidad: ¿Quién les dijo que su obligación es divertir al público? Incluso miden el éxito de su participación con las risas que despiertan en los amodorrados que tienen sentados enfrente. Al final del martirio, el moderador o lo que fuere pide la participación del público que responde a la invitación con un contundente silencio, de manera que es el mismo moderador quien hace alguna pregunta a los participantes. ¿Y quién creen que toma la responsabilidad de responder? El que leyó veinte hojas y ahora encuentra la oportunidad de oro para lanzarnos a la jeta sus apostillas. ¡Mil veces carajo! Y luego me preguntan por qué no quiero participar en una mesa redonda. La última a la que me invitaron fue una que se llamaba Nuevas tendencias estéticas. Acepté porque estaba de buen humor y me aseguraron que sólo seríamos tres en la mesa. A la semana me llaman para avisarme que aumentaba a cuatro el número de ponentes, ya que se nos unía un letrista de rock. O sea que además del tumulto habría también analfabetas. Yo que tanta envidia profeso a los rock stars tendría además que soportarlos escuchando estoicamente sus frivolidades. Por supuesto que renuncié a participar. Me imagino que jamás volverán a invitarme: no saben en realidad cuánto se los agradezco. Lo único a lo que todavía soy incapaz de negarme es a que los amigos me pidan presentar su libro. Como de alguna manera se trata de una celebración no tengo inconveniente en aceptar. Juro que siempre he sido breve y jamás hablo mal del libro: si no soy un patán. Para terminar este comentario diré que las mesas redondas deben seguir existiendo para que muchos escritores no mueran de soledad: hay muchas maneras de ejercer la filantropía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-92963138?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/92963138/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=92963138' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/92963138'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/92963138'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/04/voy-decirles-por-qu-nunca-asisto-una.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-91639219</id><published>2003-03-30T00:43:00.000-06:00</published><updated>2003-03-30T00:43:59.013-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Estaba en un hotel en Xalapa, pasando unas vacaciones con Yolanda, mi novia. De pronto me veo al espejo y me doy cuenta que esa noche, tal como dice el personaje Benito Torrentera había sido la indicada para pasarme la cuenta. Me deprimí totalmente y en el autobús Xalapa-México, saqué una libreta de apuntes y empecé a escribir una especie de lamento autobiográfico pero muy literario, ese fue precisamente el origen del libro. Después retomé la libreta y le aumenté más páginas. Además el estilo de la novela es digresivo, es decir, irse por las ramas porque para Torrentera este es el sentido fundamental de la filosofía.&lt;br /&gt;—¿Cómo fue tu relación con Benito Torrentera?&lt;br /&gt;—Fue muy compleja, sobre todo una vez terminada la novela. Hay mucho de mí en este personaje. Coincidimos en muchas apreciaciones y juicios morales, incluso en opiniones lapidarias. No me podía quitar la voz de Benito Torrentera. Incluso en mis artículos y ensayos, era Torrentera quien se apoderaba del tono. Tuve una columna en Sábado del unomásuno y puedo decir que Torrentera era quien escribía esa columna. Cuando digo Torrentera es porque un tono medio burlón-dilentante-reflexivo, casi un lamento se apoderaba de mí.&lt;br /&gt;—El libro en primer término deja ver tu pasión por la filosofía, aunque también se aprecia cierta decepción por esta disciplina...&lt;br /&gt;—Platón dice que hacer filosofía es practicar el estar muerto, y para Torrentera la filosofía está ligada a la muerte y a la angustia del fin. Él es un moralista y un personaje antiaristotélico, porque mientras Aristóteles decía que la finalidad del bien es decir, la moral, es la felicidad misma que se construye día a día, Torrentera piensa que la felicidad es siempre accidental y el azar es el que te propone momentos felices. Además la felicidad está ligada al placer. Mientras Aristóteles decía que aquel que funda su felicidad solamente en el placer es como una bestia, Torrentera piensa que no, que por más sofisticados que sean nuestros argumentos siempre la animalidad y la pasión tirarán nuestras perspectivas. Para él, la explicación viene a-posteriori. La razón como la ciencia siempre llegan tarde a todos lados. Finalmente yo soy un lector distraído de filosofía, vagabundeo por los libros, para mí la filosofía no es una profesión simplemente me acerco a ella porque me gusta la literatura y los ensayos.&lt;br /&gt;—¿En este sentido, de qué manera cuidaste que la novela no resultara demasiado académica?&lt;br /&gt;—Esta era una preocupación durante la escritura. No quería llegar a la pedantería. Tú puedes citar autores e incluso interpretar postulados siempre y cuando no te excedas de los límites marcados por la literatura. Yo estoy convencido que no hay nada importante en la filosofía que no se pueda decir con sencillez.&lt;br /&gt;—Hablas de la coincidencia entre Torrentera y tú, en este sentido el personaje apunta dentro del libro “hay que leer menos y vivir más” ¿Cuándo haces el balance que te lleva a escribir el libro, qué resultado obtienes a este respecto?&lt;br /&gt;—Yo tengo una imagen romántica del escritor. Para mí ni la literatura ni la filosofía evolucionan. Progreso es una palabra que abomino en ambos campos. La frase que mencionas es una premisa personal para hacer literatura. Hay que conocer el mundo, hay que ser un empírico. Una vez que tus sentidos han sido afectados por la experiencia cotidiana del vivir entonces podrás escribir. Como decía Dostoyevski, toda obra que no haya pasado por la naturaleza humana valdrá poca cosa. Aunque suene ingenuo, para mí la literatura y la vida están íntimamente relacionadas.&lt;br /&gt;—Escribir a partir de lo vivido...&lt;br /&gt;—Sí pero sin ser autobiográfico. La literatura como consecuencia de la afección de tus sentidos por la naturaleza. Como la frase de Ortega y Gasset: “El hombre es el hombre más sus circunstancias”.&lt;br /&gt;—Por otro lado, la visión pesimista o desencantada de Torrentera parece ser una constante en los autores de tu generación.&lt;br /&gt;—Precisamente porque Torrentera es humanista demuestra a través de sus actos y argumentos ese desencanto por la utopía. Todos los sistemas de pensamiento abocados para hacer más libre la humanidad han fracasado por completo. Algunos escritores de mi generación somos individualistas y pesimistas. Por lo tanto un hedonismo implícito marca nuestros actos. Es decir, haces uso de los placeres a la mano y te olvidas de los placeres grandilocuentes, universales y sociales. Una época como la que nos ha tocado vivir es una época en la que casi ningún humanista se sentiría a gusto. Está marcada por la desigualdad y un mercado poco razonable. Entonces lo que he decidido hacer junto con algunos colegas es apartarme de la polis, del bien social. Ahora la imagen del intelectual está desprestigiada, los políticos antes tenían como asesores a intelectuales ahora tiene a su alrededor asesores de imagen. También creo que la literatura es un oficio en decadencia. Los escritores cada vez somos menos apreciados. La educación sentimental ya no pasa por los libros, es la televisión la que marca las directrices, a esto hay que añadir que hay una venta indiscriminada de libros y muy pocos lectores. ¿No te parece que tengo suficientes motivos para mantenerme aparte?&lt;br /&gt;—Quizá, pero de entrada no creo que la literatura esté en decadencia...&lt;br /&gt;—Bejamin decía que la modernidad y su arte de vanguardia están en expansión pero ya no son creativos. Desde luego el edificio de la literatura seguirá poniendo pequeños ladrillos, el negocio seguirá. Sin embargo creo que el escritor está cada vez más sujeto a estrategias de mercado que no puede dominar. Los grandes monopolios editoriales deciden el futuro de un escritor. Vivimos en una época de gran confusión. Eso te lleva a pensar que el éxito en cuestiones literarias es un mal entendido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-91639219?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/91639219/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=91639219' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/91639219'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/91639219'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/03/estaba-en-un-hotel-en-xalapa-pasando.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-88518081</id><published>2003-02-04T00:29:00.000-06:00</published><updated>2003-02-04T00:29:11.116-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Se dedicó durante esa noche a escribir en una hoja el nombre de todas las mujeres que había besado en su vida. Después de haber agotado su memoria acompañó cada nombre con un pequeño número trazado en crayón rojo. El número uno correspondía a la mujer más hermosa, mientras que el número mayor señalaba a la menos agraciada. Los números intermedios estaban --como es sencillo imaginarse-- destinados a las bellezas mediocres. Además del número hubo que señalar con un asterisco en tinta verde los casos en que la mujer había estado con él en la cama. Cuando terminó su labor suspiró profundamente antes de exclamar complacido: "¡Soy Tomás Fitzgerald y todas ustedes son unas putas!".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomás Fitzgerald vivía solo en un lujoso departamento obsequio de sus padres. A sus treinta años había probado casi todas las drogas prohibidas a excepción del opio. Era escuálido como una caña de azúcar aunque tenía unos brazos poderosos, consecuencia de los numerosos ejercicios que realizaba todos los días en cuanto sus ojos anunciaban que el sueño había terminado. En su recámara colgaba un costal sobre el que Tomás descargaba sus puños para mantenerse en buenas condiciones marciales. Alguna vez sumido en un extraño estado semiconsciente descargó en el saco más de veinte puñaladas mientras cantaba una canción ranchera. Las noches frías ejercían en su ánimo cambios considerables. Bebía vino tinto en vez de ron blanco, acaso para cerciorarse de que su paladar era capaz aún de hacer diferencias. Amaba combinar el color rosado de un comprimido con el caldo oscuro de un oporto, o el azul pastel de un antidepresivo con el líquido argentino de un vodka helado. Tomás Fitzgerald habría sido un excelente pintor de no haberse decepcionado tan temprano de sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En época navideña sus padres le enviaban una considerable cantidad de dinero, además de cajas repletas de viandas importadas. Era un buen administrador: no compraba ropa ni tampoco gastaba demasiado en alimentos. De vez en cuando compraba una sandía o un melón de buen tamaño para acompañar el contenido de sus latas. La mayor parte de su dinero estaba destinado a cubrir servicios indispensables como televisión por cable, cocaína, heroína, teléfono, ron, ketamina, gas, luz e incienso líquido. Tomás Fitzgerald no odiaba a nadie, ni a sus padres ni a ninguna de las mujeres que habían aceptado besarlo. Como era un hombre apuesto tampoco se irritaba cuando otros hombres --casi siempre menos apuestos que él-- le hacían algún tipo de recriminación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Tomás nunca se le hubiera ocurrido celebrar Navidad de no haber descendido la temperatura casi hasta los cinco grados. Recordaba que cuando era niño sus padres acostumbraban cenar en restaurantes donde a las once de la noche se brindaba con extraños por el nacimiento de Cristo. Aunque su casa estaba desordenada, el comedor podía recibir a cinco personas e incluso a más. La idea de cenar con mujeres lo estimuló tanto que no pudo resistir la tentación de elevarse todavía más alto. Se preparó una generosa línea triturando los grumos con una navaja suiza legítima. Entonces tomó el teléfono para marcar el único número que conocía de memoria. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- Tomás, ¿cómo se te ocurre? Me acaban de correr del trabajo. ¿Sabes con cuánto me indemnizaron los cerdos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- Ven a vivir conmigo. Te acariciaré las tetas en las mañanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- No puedo creerlo. Si Tomás Fitzgerald quiere hacer una cena de Navidad es que definitivamente Dios no existe. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- ¿Sabes que he conocido cinco mujeres más guapas que tú? Tengo en mis manos una lista donde tú ocupas el sitio número seis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- ¿De qué carajos estás hablando? ¿Qué deseas que lleve a tu fiesta navideña, Tomás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- Nada, estás desempleada. Sólo beberemos. Si alguien quiere comer abriré algunas latas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- ¿Tienes jeringas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- Of course, lady. What kind of crap do you think I am?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- La voz de Berenice cimbró durante unos minutos los oídos de Tomás Fitzgerald. Ella había sido su compañera durante cuatro meses antes de internarse en una clínica especialista en curar adicciones extremas. Tomás amaba sus cabellos rubios tanto como sus senos breves, ondulados. Berenice era hija de un político encumbrado cuyos discursos se habían vuelto célebres a causa de estar adornados con sentidas parábolas religiosas. Desde niña, Berenice escuchaba a su padre ensayar durante las mañanas sus discursos frente a un espejo que lo contenía de cuerpo entero. Ella habría sido una pianista decorosa de no haber sido porque desde los cuatro años había sido obligada a tomar clases de piano con una maestra particular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomás revisó su agenda para encontrarse con la amarga noticia de que entre los nombres registrados muchos habían emigrado de su memoria: ¿Quién carajos era Fernanda Sologuren? Además faltaban todas las páginas correspondientes a las primeras cuatro letras del abecedario. Y sin embargo, contra su desmemoria, logró reunir suficientes referencias ya que a sus agendados sumó los nombres incluidos en la lista de las mujeres que había besado en su vida. Así fue como Tomás Fitzgerald confeccionó una honrosa lista de invitados a su cena de Navidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarde del veintitrés de diciembre, Tomás se dedicó a llamar vía teléfono a sus amigos. Muchos números habían sido modificados e incluso varios amigos habían muerto o no vivían más en este país. También se encontró con voces que aseguraban no recordarlo. "Jamás he tenido un amigo con un nombre tan mamón", le espetó antes de cortar la comunicación una mujer de modales histéricos. Tomás se bebió una botella entera de un tinto español, se polveó la nariz e impasible continuó con su tarea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- No entiendo por qué quieres hacer tú una cena navideña --le respondió Ramiro, un joven guitarrista que acababa de grabar su primer disco en una compañía independiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- En estas épocas es mejor pasar inadvertido. Si no celebro Navidad mis vecinos comenzarán a sospechar. Si no me ven entrar con un pavo gordo a casa son capaces de llamar a la policía --dijo Tomás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- No cuentes conmigo, Fitzgerald. Mi madre tiene cáncer y quiere que sus hijos cenemos esa noche con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- No te preocupes, hombre. ¿Cómo vas con tu nuevo disco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- En verdad lo siento, Fitzgerald. ¿Por qué no invitas a nuestros amigos judíos? Ellos tienen libre esa noche. Estoy seguro de que desean ponerse tan borrachos como los católicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-- Es una buena idea, Ramiro. Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche de Navidad Tomás Fitzgerald esperaba siete invitados aunque el timbre de su puerta fue requerido sólo en dos ocasiones. La primera vez por un Santa Clos ebrio que vendía caramelos en forma de estrellas. La segunda ocasión que el timbre chilló fue para anunciar que Berenice estaba detrás de la puerta. Tomás no se sintió en absoluto decepcionado a causa de las ausencias. Por el contrario, abrió varias botellas de champaña e intentó cocinar el contenido de unas latas francesas cuyas etiquetas le resultaban extravagantes: "foie maigre de canard" y "terrine de chevreuil". El cabello rubio de Berenice había crecido de manera ingobernable. Sus ojos eran melancólicos, dulces como las doradas hojas de un árbol a punto de caer. Esa noche conversaron hasta el amanecer acerca de las cosas más simples. Berenice reía como una niña mientras Tomás le acariciaba los senos. A las seis de la mañana escucharon gritos en la calle. Estaban desnudos sobre la cama. Se abrazaron como lo hacían antes de que Berenice fuera internada en la clínica por órdenes de su padre. Los gritos en la calle continuaban. La cena de Navidad había terminado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-88518081?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/88518081/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=88518081' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/88518081'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/88518081'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/02/se-dedic-durante-esa-noche-escribir-en.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-88309211</id><published>2003-01-30T22:48:00.000-06:00</published><updated>2003-01-30T22:48:46.333-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Mientras espera la muerte, las manos esposadas, Lucie se dirige a los restantes prisioneros para hacerlos callar: "¿Necesitan todas esas palabras para darse coraje? He visto morir a los animales y desearía morir como ellos: ¡En silencio!" Lucie tiene la necesidad de reconciliarse consigo misma antes de ser vejada, aniquilada por la mano de sus verdugos. ¿Qué tranquilidad son capaces de ofrecernos las palabras cuando éstas encarnan precisamente lo contrario, la ansiedad, la necesidad de ocultar el no ser? Pero no es Lucie, en realidad, quien suplica silencio, sino el escritor que se vale de ella para abjurar de su oficio. Es Jean-Paul Sartre que, fiel a su costumbre, utiliza sus obras -en este caso Muertos sin sepultura- para hacernos sentir su presencia. El Sartre que no puede controlar sus opiniones ni tampoco su desbocada escritura. Nadie tan adecuado como este escritor, agobiado por su extremo amor a las palabras, para invocar el silencio, para erosionar la conciencia hasta hacerla desaparecer. A final de cuentas sólo aquel que ha construido su mundo de palabras tiene derecho a desear su anulación. Sartre creía en el poder de la literatura como casi ningún otro filósofo. No creo que se preocupara tanto por la verdad de sus razonamientos: "No suelo pensar para escribir... La inspiración no es una idea que nace repentinamente en la conciencia y se desarrolla. Está en la punta de la pluma." Que la vida se uniera al pensamiento en el seno mismo de la literatura. Que la escritura nos permitiera descubrir la humanidad en las ideas. Es ése el objetivo de un escritor para el que la literatura no es un oficio común sino uno trascendente, una actividad cuyo poder habrá de permitirnos alterar el orden del mundo. ¿Puede acaso la literatura comprometerse con una ideología? Encuentro fatal cuya inevitable consecuencia es el envejecimiento de las ideas, el cansancio de las palabras excedidas de sentido, puestas contra la pared por un sujeto histórico que se resiste a desaparecer, es decir, a callar. No es extraño que la generación posterior a Sartre lo metiera a un catafalco y lo inhumara junto con su escándalo humanista, sus contradicciones, su pasión política, su exasperante idealización de la libertad, su insistencia en el poder negador de la conciencia. No es extraño, por ejemplo, que hastiado del humanismo que Sartre representaba, Foucault confine al hombre a un papel secundario en la historia del saber. Finalmente la corriente moralista francesa tan preocupada por el hombre hace crisis en Sartre. Después viene el arrepentimiento, la necesidad de olvidar el rostro de una filosofía comprometida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo ha debido pasar para que volvamos a leer a Sartre con tranquilidad. Tenemos la ventaja de que no está allí haciendo declaraciones comprometedoras en los periódicos, desdiciéndose, arrepentido de haber escrito tanto. No puede responder y eso más que una ventaja es un alivio. "Mi impostura también es mi carácter, te libras de la neurosis, pero no te curas de ti mismo", escribió en Las palabras. Ahora que finalmente se ha curado de sí mismo, ahora que nosotros también nos hemos curado de su influyente presencia, aparece un libro que vuelve a colocarlo en la cabecera de la mesa. Lo primero que uno piensa es que se debe a la desmesurada manía que nuestros contemporáneos muestran por desenterrar a los muertos. ¿Qué sucede con Bergson? ¿Qué esperan para quitarle el polvo y comenzar a lucrar con su resurrección? No, mejor que sea Vladimir Yankelevitch a quien podemos considerar públicamente un pensador poco apreciado. Esta impresión se desvanece cuando es otro filósofo, Bernard-Henri Lévy, el que comienza la exhumación. La experiencia nos dice que ningún pensador actúa sin antes haberle dado mil vueltas al asunto. ¿Pero por qué un libro de seicientas páginas? ¿Por qué la abusiva cita de tantos escritores y filósofos? Un francés le dedica un voluminoso libro a otro francés que se creía enteramente olvidado. Además se trata de un título algo rimbombante: El siglo de Sartre. De entrada es sospechoso de narcisismo nacionalista. El mismo autor se pregunta: "¿A qué se debe que sea Sartre y no otro el que recoja la antorcha de Gide y a partir de entonces domine la época?" Sin embargo, la justificada sospecha que después de estas consideraciones precede a la lectura, se desvanece en cuanto uno se sumerge en el espíritu de la argumentación. No se suceden muchas páginas antes de que encontremos la pasión común entre ambos pensadores: las palabras. Bernard Henri Lévy cree tanto como Sartre en el poder corruptor de las palabras. A quienes no somos franceses nos parece singular la propensión que tienen éstos a dotar el pensamiento de efectos literarios, a considerar no sólo que nuestros conceptos están construidos de palabras, sino que estas palabras embellecen las ideas para volverlas seductoras. Como si convencer fuera ante todo seducir, pero sobre todo seducir con palabras. La figura de Sartre aparece entonces rodeada, sitiada por el estilo de un filósofo que no cesa de hacerse corpóreo a través de lo literario. No se trata de un taxonomista abúlico sino de un actor que así como desenfunda la espada teatralmente rompe en llanto o grita panegíricos a los cuatro vientos. Esta versatilidad nos propone en consecuencia a un Sartre como el fascinante personaje de una novela cuya trama es la historia de un siglo. ¿No es ésta la manera más sensata de abordar a un pensador que vivió como el más contradictorio personaje de sus propias obras? A un hombre que escribió tan generosamente es imposible reducirlo a la unidad. No existe un solo Sartre y es ésta una de las lecciones del libro. Ha sido tan sencillo aunque tan injusto reducir a este hombre a la prisión de una sola imagen. Que él mismo haya contribuido con tanto entusiasmo a insistir en sus opiniones sobre todos los temas provocó que, dependiendo la casa, se le considerara una plaga o un santo. En el libro de Lévy nos encontramos un mito construido a partir de argumentos, testimonios, rumores, habladurías e injurias inclusive. Un mito que se produce uniendo azarosamente a todos los Sartres que tenemos en la mente. Este ejercicio te lleva finalmente a una confrontación. Tarde o temprano estarás en desacuerdo, tarde o temprano coincidirás con sus ideas por más encono filosófico o histórico que hayas alimentado acerca de su figura. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera impresión que me dio La náusea -probablemente el libro más famoso de Sartre- fue la de que no estaba yo precisamente frente a una novela. ¿Cómo describir el sentimiento que aborda a un joven cuando cree que se le están diciendo cosas importantes, cuestiones vitales, asuntos que serán de gran importancia en su vida futura? El filósofo murmura las sentencias áridas que el escritor recoge para hacerlas vivir en el lenguaje. Sartre le escribe a Simone de Beauvoir: "No procuro proteger mi vida a posteriori con una filosofía, lo cual sería indecente, ni acomodar mi vida a mi filosofía, lo cual sería pedante, sino que de verdad vida y filosofía sean lo mismo." Esa es una de las razones por las que a Sartre le preocuparon poca cosa los problemas lingüísticos. Debió de parecerle una majadería técnica incomparable el que hombres tan brillantes dedicaran su tiempo a la bisutería mecánica del lenguaje. Las palabras se conocen cuando se habita entre ellas, no diseccionándolas, ordenándolas, metiéndolas en frascos.. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie puede negar lo incómoda que puede tornarse la relación entre filosoía y literatura. En el colmo de la paranoia algunos pensadores -pienso en Iris Murdoch-le han negado a Nietzsche el estatuto de filósofo. Es mejor no detenerse en este tema a riesgo de quedarse allí para siempre. Sólo una frase de Lévy al respecto: "...no parece exagerado afirmar que Sartre, en principio, es el menos dispuesto de los filósofos contemporáneos a permitir que la lengua -y por consiguiente la literatura- no sólo gobierne sino también corrompa la labor del pensamiento." Algo más: Simone de Beauvoir le escribe a su compañero para decirle: "Cuando lo conocí usted me dijo que deseaba ser Spinoza y Stendhal a la vez." Esta ambición le vale recriminaciones de ambos bandos. Los escritores encuentran sus obras literarias demasiado preocupadas por asuntos de índole filosófica. Los filósofos académicos se resisten a que un escritor famoso se entrometa en sus campos. Ellos prefieren a Merleau-Ponty y no están dispuestos a que la haraganería literaria tergiverse o corrompa su oficio. Estas críticas no lo detienen. ¿Cómo van a detenerlo cuando su deseo es sacar precisamente la filosofía de los cubículos universitarios? La calle es el lugar apropiado para fecundar al pensamiento. No las aulas sino los callejones. Ésta es una de las causas por las que sus relaciones con los filósofos son ríspidas. Heidegger mismo procura tomar distancia de la doctrina que Sartre insiste en llamar existencialismo. Además de considerarlo un filósofo menor, el alemán prefiere, en todo caso, denominarse esencialista (recordemos la célebre sentencia de Heidegger en la que afirmaba que los franceses sólo piensan cuando lo hacen en alemán). En realidad la preocupación fundamental de Sartre no es el ser sino lo que se encuentra a sus alrededores: los objetos cuya existencia es anterior a nuestra conciencia, objetos, cosas que existen sin necesidad de que una conciencia les proporcione realidad. Si bien, siguiendo a Husserl, Sartre está de acuerdo en que la conciencia es siempre conciencia de algo, cree contra Husserl que no existe nada parecido a un ego trascendental capaz de constituirse como ser universal que percibe. Escribe Sartre en El ser y la nada: "El ser fenoménico manifiesta él mismo tanto su esencia como su existencia." Y Bernard-Henri Lévy dice al respecto de las cosas: "Su existencia no es sólo independiente, sino también anterior a la conciencia, que toma nota de ello." Es ésa precisamente la sensacion que se tiene después de haber leído La náusea: las cosas existen a la par de los hombres. No ha sido una voluntad divina o una supraconciencia humana la que ha condicionado su existencia. Están allí, han sido lanzadas al mundo como los hombres. El ateísmo de Sartre es definitivo. Escribe Lévy: "Me gusta ese ateísmo de Sartre. Me gusta esa gloria que es una de las caras de su ateísmo. Me gusta que ese papa del existencialismo rompa de una forma tan tajante con los principios de la sacristía." Y si Dios no existe entonces todo está permitido. Sartre lo sabe por lo que no duda en proclamar la libertad absoluta de nuestra conciencia. No necesitamos a Dios para decidir acerca de nuestros propios actos. De hecho la conciencia, el para sí, como decide llamarla Sartre, es la negación del ser que es en sí. El hombre crea sus propios valores sin el auxilio de un ser que se encuentre más allá de su conciencia. De allí el célebre renglón en La náusea: "Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad." De allí también que Henri Lévy, quien afortunadamente nos ahorra las minucias explicativas de su compatriota, afirme: "¿Las cosas, sin la conciencia, poseen una materialidad masiva, muda, informe? Es cierto. Pero de todas maneras poseen una materialidad, mientras que la conciencia, sin las cosas es un lugar vacío, una nada. Necesita las cosas para existir mientras que las cosas sólo se necesitan a sí mismas." &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Proponerse, aún sin hacerlo explícito, como el guía de una generación es riesgoso. Tarde o temprano comienzan a reprochar tus acciones, tus declaraciones, tus contradicciones -naturales en un pensamiento cuya característica esencial es la movilidad. A muchos lectores de Sartre les pareció extravagante que en una importante conferencia éste declarara que a final de cuentas el existencialismo era un humanismo. ¿Por qué después de haber expulsado al hombre del seno de Dios para hacerlo ocupar un modesto sitio entre las cosas, se pasaba tan descaradamente a los dominios de un humanismo ya rebasado? ¿A qué clase de entidad abstracta aludía un filósofo que había descrito tan bien en sus obras la absoluta orfandad del hombre? Los reproches son comprensibles, aunque no sé si del todo justificables. Si los religiosos más consecuentes son los ateos no veo por qué razón un pensador que ha dedicado tantas páginas a la libertad de la conciencia no va a ser un humanista. Además de todo se trata de un francés. ¿Qué no son los franceses, por antonomasia, los guardianes históricos de esa aburrida entidad que denominamos hombre? Además Sartre puede equivocarse, no sólo porque tiene de su parte a la literatura, sino porque parece importarle poco la opinión de su sociedad. Qué escritor tan odiado por sus contemporáneos. Nos hace saber Lévy: "Lo acusaron de ensuciar Francia y corromper a su juventud. Salía de los restaurantes cuando entraba él. Lo llamaron víbora lúbrica, hiena dactilográfica, chacal con bolígrafo, rata viscosa y cáncer rojo de la nación." Qué risa debieron causarle a Sartre estos insultos que nos hacen sonrojar si pensamos en la carga de admiración que suponen. Qué placer parecen causarle también a Bernard-Henry que transcribe con minuciosidad las injurias que tanto Malaparte como Céline lanzaron sobre la humanidad del existencialista. Después de todo no se escribe un libro de seicientas páginas sobre un hombre que no se admire profundamente. Y no se admira a una persona si no se desea su desaparición. Casi al finalizar el libro, el biógrafo filósofo escribe: "Vivimos la verdad como una aventura, no como una ecuación." ¿No encarna esta afirmación el perdón a un Sartre aventurero, generoso, cínico? Dos ejemplos de su cinismo: Cuando se imprime su libro La crítica de la razón dialéctica, dedicada a Simone de Beauvoir, le pide a Gallimard que en secreto imprima algunos ejemplares más dedicados a otra mujer. Segundo ejemplo: Al volver de su primer viaje a la Unión Soviética no tiene más que elogios para el régimen comunista. Veinte años después confiesa que sus declaraciones carecían de verdad: "Cuando alguien te invita no vas a ponerlo morado en cuanto vuelves a tu casa." En lo relativo a las mujeres su cinismo se vuelve gracia. Siempre prefirió estar acompañado de mujeres, hecho que desde mi punto de vista lo absuelve de otros pecados. Escribe Lévy casi al comienzo de su libro: "Porque Sartre tiene otras mujeres. Como es notorio, toda su vida prefirió la compañía de las mujeres. Siempre dijo que se aburría soberanamente con los hombres, que esa mitad de la humanidad apenas existía para él y que prefería hablar con una mujer de cualquier nimiedad que de filosofía con Aron." Aunque acostumbraba describirle a Simone de Beauvoir los encuentros amorosos que tenía con cada una de sus amantes no creo, como asegura Henry Lévy, que ése fuera su único objetivo. La compañía femenina siempre es restauradora. Más tratándose de un hombre que se encontraba en el centro de una batalla intelectual y moral contra su sociedad. Más para un pensador que debía encarnar en sí la libertad total de la conciencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a su relación con el comunismo, las sonrisas se endurecen y las anécdotas pierden brillo. Nos aproximamos a uno de los temas a los que nadie desea llegar o, por el contrario, del que casi nadie desea salir. Comencemos por su Crítica de la razón dialéctica. A grandes rasgos podríamos decir que es un intento de reconciliación entre el marxismo y el existencialismo. La objeción más común a este matrimonio es la siguiente: ¿Cómo es posible que un grupo de hombres libres se sometan a la voluntad de la Historia? ¿Qué sentido tiene haberse exiliado del en sí para caer en la manos de un nuevo Dios? ¿Cómo se puede justificar el asesinato o el cautiverio de una buena parte de la sociedad en nombre de su propio bien? En lo personal me parece digamos sórdido que el escritor de Muertos sin sepultura -uno de cuyos párrafos cité al principio de este escrito- pudiera expresarse posteriormente de la manera siguiente: "Un régimen revolucionario debe librarse de cierto número de individuos que lo amenazan y no veo otro medio que no sea la muerte. De una cárcel siempre se puede salir. Los revolucionarios de 1793 probablemente no mataron bastante." Sartre está de acuerdo en que la historia está insufada de movimiento, pero que es la acción humana a través de una conducta dialéctica la que imprime sentido a este movimiento. No se trata de la dialéctica hegeliana en donde el encuentro entre contrarios produce un efecto emancipador, sino de un encuentro entre contrarios que más que tener como consecuencia una síntesis se ensimisma en un movimiento desordenado. En consecuencia la dialéctica no deviene progreso ni posee una dirección determinada. Lévy nos propone una interpretación literaria de la dialéctica sartreana: "Es una dialéctica sin desenlace, sin resolución. Es una dialéctica sin avenencia ni síntesis, irremediable. Es un motor que, literalmente, gira y acaba con la linealidad, y por tanto el providencialismo, de todas las demás dialécticas." Conciliar la idea de un hombre libre con la de un hombre alienado, cosificado, que debe liberarse es imposible si no es a través de un discurso que en suma no hará sino acentuar la contradicción. Y es que los filósofos no suelen dar marcha atrás una vez que se han atrevido a comunicar sus ideas. Asumen como un deber el seguir sosteniendo sus primeras hipótesis aun a riesgo de contruir sobre un terreno endeble. Prefieren justificarse que retractarse. Sería tan decepcionante para ellos comenzar de nuevo. Allí está Sartre llevando en las espaldas su existencialismo juvenil mientras recorre los terrenos del determinismo histórico. Pero no siempre es así: en uno de sus arrebatos líricos afirmó que El ser y la nada era un libro sin valor. Tampoco continuó desarrollando su Crítica de la razón dialéctica donde habría de probar que la historia posee una verdad o una inteligibilidad. Las ideas como las palabras en que aquellas encarnan se debaten en la ambigüedad. A veces nos liberan, pero en ocasiones se convierten en la más inhospita de las cárceles. Y también está la vida. Jamás es el mismo hombre el que piensa que el que vive. Cito un curioso párrafo de Lévy a propósito de Althusser: "¿Quién habría pensado que un sabio, un bloque vivo de teoría, un antisujeto como él al que creíamos capaz de fulminar a cualquiera que en su presencia se dejara llevar por emociones vulgares? ¿Quién habría imaginado que cuando se preguntaba en qué condiciones filosóficas y políticas entraría el marxismo-leninismo en el camino seguro de una ciencia, este hombre que supuestamente despreciaba el psicologismo y, según creíamos, el amor y sus devociones, podía escribirle a una mujer: Mi bello amor de ámbar oscuro, mi bello amor de obscura arena." ¿Es que acaso -me pregunto yo- a excepción de los santos existe alguien capaz de encontrar coherencia entre sus actos y sus palabras? Se acusa a Sartre de haber abandonado sus principios para sumarse al comunismo. Se acusa a Heidegger de haberse sumado al sueño hitleriano. Bernard-Henri Lévy dedica un extenso espacio de su libro a probar que el sueño de una hegemonía rascista no fue precisamente el producto de una situación circunstancial, sino que representó la naturaleza misma del pensamiento de Heidegger. Incluso exhuma con pala incansable párrafos de sus libros, de sus conferencias, interpreta con prejuicio -¿existe otra manera?- , erige un tribunal, condena, se pregunta: "¿Es el filósofo, o el nazi quien define al pueblo alemán como el pueblo metafísico por excelencia?" Arriesgaría a decir que Lévy acusa tan duramente a Heidegger para exculpar a Sartre. Las acusaciones a ambos filósofos no me parecen sensatas. En primer lugar porque creo que un filósofo debe escribir o pensar con absoluta libertad. En hombres como Céline o Sartre o Heidegger esa caótica corriente llamada pensamiento encuentra un modo de manifestarse. Un hombre jamás es íntegro. Si lo es o dice serlo está mintiendo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Termino esta breve consideración acerca de El siglo de Sartre añadiendo que se trata de una obra honrada. Coloca a Sartre enmedio de nosotros. Nos devuelve un poco de esa humanidad extraviada en el tecnicismo filósofico y en la comprensible renuncia del sujeto. Todos los filósofos o escritores que se relacionaron con Sartre o lo influyeron se dan cita en las páginas del libro. De Bergson a Foucault, de Gide a Camus. Incluso nos encontramos con analogías extravagantes, como esa forzadísima que supone influencias de Joyce en el filósofo francés. Extrañamos algunas necesarias alusiones a Shopenhauer y a Habermas, pero como dice el mismo Lévy acerca de Sartre, no podemos reprocharle lo que no escribió. Por momentos se tiene la sensación de estar leyendo la novela acerca de un hombre que no supo diferenciar entre pensamiento y vida escrita por otro hombre que no distingue el pensamiento de la pasión. Es literatura a propósito de la filosofía. Es el comentario desplegado con la maestría de un heterodoxo. En ocasiones su estilo se corrompe con el delirio de su propia voz. Es una escritura que se desea arte antes que precisión. El siglo de Sartre acusa también una nostalgia por los grandes filósofos, por aquellos que decidieron echarse en la espalda la responsabilidad de pensarlo todo. Hoy, en este mundo saturado de profesores especializados que no se aventuran a dar un paso por sí mismos, bienvenido nuevamente, Sartre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-88309211?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/88309211/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=88309211' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/88309211'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/88309211'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/01/mientras-espera-la-muerte-las-manos.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4146948.post-88080688</id><published>2003-01-26T23:17:00.000-06:00</published><updated>2003-01-26T23:17:15.420-06:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Preferir el ser virtual -el lejano- al ser real -el projimo-, es confundir la presa con la sombra, preferir la figura, el clon, a un ser sustancial que pesa y al que literalmente se tiene en brazos, un ser de carne y hueso que no comete otro error que el de estar ahí, aquí y ahora, y no allá.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4146948-88080688?l=fadanelli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fadanelli.blogspot.com/feeds/88080688/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4146948&amp;postID=88080688' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/88080688'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4146948/posts/default/88080688'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fadanelli.blogspot.com/2003/01/preferir-el-ser-virtual-el-lejano-al.html' title=''/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07197176382935427734</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://2.bp.blogspot.com/_YUcx_oD9t6c/Spuk5KckPzI/AAAAAAAAAAM/_NG_jSP5GoE/s1600-R/eddbc0cba19595372a995289475c978f.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
